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PARADA DE BUEYES POR CORTESÍA DE BEGOÑA, MIMIAHUAPAM Y SANTA TERESA
Por: Sergio Martín del Campo. R. 
Fecha: 2018-04-29 03:48:39

Evidentemente no hay orden en este trío de ganaderías, se supone que de lidia, propiedad todas, de Alberto Bailleres. Tampoco es la primera ocasión, ni será la última, que en los carteles de propaganda se anuncien de una y salen de las tres… o viceversa…

Eso no es lo de mayor gravedad, aunque encierre carencia de respeto hacia el noble, aguantador y pagador público; lo realmente severo y lamentable es que ayer por la tarde en lo que fue la octava corrida de la feria, se supone, más importante de América, de los tres hierros acotados se remitieron siete reses sin respeto, faltas de seriedad y trapío; fueron bóvidos que al sencillo aprecio ocular, denunciaron juventud, pésimas hechuras en general, sospechas de haber sido despuntados algunos, y, para acabarla de trastornar, sólidamente mansos, sosos y débiles. La ira del cotarro se hizo reciamente sentir cuando varios aparecieron en el círculo y cuando otros eran llevados a los carniceros.

Tres cuartos del aforo de la Gigante de “Expo-Plaza” se cubrieron por una clientela que está, parece, despertando del letargo en el que el amafiado sistema la tiene sumergida.

Vaya fiesta de tercera en donde se apersonan las llamadas figuras y desaparece el toro genuino… 

Para hacerle el gusto al “Juli” de no verse apurado al abrir plaza, tomando su responsabilidad de primer espada, como es su deber, se echó por delante “un caballito”; Luis Pimentel (pitos) fue la compara, y su actuación, en vez de “calentar”, como todos los incondicionales esperaban, irritó a la clientela con una actuación mediocre, fuera de sitio y sin oficio. Lo que demostró el pretendido jinete fue que sus hermosas caballerías tienen una boca horrible, sin dominio, cacheteras, estrelleras y disparadoras. Lamentablemente una de sus jacas hasta resultó cornada. 

Feo de hechuras y carente de gracia física fue el primero de la lidia ordinaria, y soso y corto cuando se juzgó su comportamiento. Pero “El Juli” (al tercio y palmas) tiene oficio de sobra, faltaba más, y aplicó con gusto las profundas nociones de tauromaquia que posee, colocándose en el sitio exacto –basamento de su faena- construyó series cuantiosas en donde parecía no haberlas, terminando al volapié aunque dejando pasada y caída el arma.

Un torito acucharado hizo quinto, y de inmediato se dio a mansear de lo lindo, Dio topes en lugar de embestidas, y prudentemente el coletudo extranjero se lo quitó de enfrente con rapidez y habilidad.

Novillón venido a más fue el segundo de la lidia ordinaria y ofreció un juego de sosería tremenda; suavote fue y de modesta energía. Muy consciente de esas condiciones, Juan Pablo Sánchez (silencio y división) le pintó entre pelos de ángel, primero lances al recibo, luego derechazos llenos de templanza con la de ballesta, haciendo papel de ortopedista y sosteniendo de pie al antagónico y lográndole plausible partido, no pudiendo terminar bien con la toledana. 

Feo de tipo resultó el sexto, de modestísima cuerna, e igualmente anestesio la emoción con su insoportable mansedumbre, por lo que el aguascalentense se vio orillado a aliñar y deshacerse de él según ineficaz estocada y varios descabellos.

Siguió la romería de ungulados sin trapío y descastados, el cuarto. Y para no variar demostró claramente su debilidad y una nobleza borreguna. Ante eso, Fermín Espinosa “Armillita IV” (palmas y pitos) cumplió con desangelado acento en una labor conformista que, lógicamente, no tuvo eco positivo entre el cotarro.

El séptimo amagó con embestir, sin embargo en la segunda tanda muletera le salió la mala sangre y manseó, resquebrajando la esperanza. En la carpeta de haberes del dinástico joven, regístrense bonitos detalles cuando usó el percal.