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REVELADORA CORRIDA EN LA QUE DIEGO EMILIO CORTA UN APÉNDICE
Por: Sergio Martín del Campo. R. 
Fecha: 
2018-04-27 03:33:22

Si la soberbia, inflexibilidad y egoísmo del sistema taurómaco mexicano no fuera tan recio como es, lo que nos queda de patria tendría no uno, sino varios coletudos tan competentes y preparados que refrescarían y darían competitividad, variedad y frescura a los carteles.

Ayer tarde en el coso Monumental de Alberto Bailleres se ofreció la sexta corrida de la feria sanmarqueña, y en sus gradas, contra lo que esperaba, se vio una entrada que rayó en los tres cuartos del amplio aforo.

Corrida concurso de ganaderías y “Orgullo San Marcos”, fue como esta función se anunció en la propaganda, pero dentro de la cual no se observaron las reglas de una función de tal perfil y en la que debieron haber llevado los bureles a recibir dos puyazos a la distancia que éstos pidieran según la casta de cada uno. Finalmente, el de Cortina Pizarro, que siempre atacó con poder a los engaños, fue el mejor.

Corrida sin chapuzas, sin trampas, pura y sincera.

Varios de los jóvenes alternantes, marginados todos ellos, demostraron que merecen más y mejores oportunidades y que llevan en la entraña mayor torería que algunos extranjeros mediocres, cuyos nombres se imprimieron en tercias de buena fecha.

Un cárdeno recio de carnes, quemado con la efigie de Rosas Viejas, abrió el festejo; luego de cumplir con él cuando el tercio capotero, vino la ceremonia protocolaria tras la que se inscribió Javier Castro (al tercio tras leve petición) en la nómina de los profesionales en la lidia de reses bravas, llevando de padrino a Israel Téllez y de testigo a Mario Aguilar. El novel espada dio un desempeño decoroso y decente pese al toro descastado que le tocó en mala fortuna, y al que insistió interminablemente hasta dejar en evidencia que el adversario nada traía, y sellar su empeño al modo de una estocada de buena nota.

El segundo, proveniente de la vacada de San Fermín, fue un bicorne peligroso y topetón ante el cual Israel Téllez (palmas) se observó cumplidor en los tres tercios, sobresaliéndole al animal descastado y de escasa gracia ganadera al que despachó de manera defectuosa.

Un toro bravo y noble de Medina Ibarra fue el tercero, pero Mario Aguilar (palmas) no supo que hacer con él. El arrumbado coleta se mostró sin sitio, y pegó pases sin son ni ton entregando una labor sin cabeza ni pies, plantándose muy por debajo de la encastada res a la que mató de estocada delantera, retardada de efectos por lo que hubo de agregar tres descabellos.

El cuarto, con sangre de San Isidro, fue soso y débil a carta cabal. Como la tela escarlata no hiere, la siguió cuando el espigado Diego Sánchez (al tercio) clavó las zapatillas en la distancia justa y la movió con temple y suavidad, insertando a ello una obstinación torera digna de loar. Su trasteo merecía la oreja, no obstante, el trofeo se diluyó cuando empuñó el alfanje y pinchó repetidas ocasiones.

El cárdeno cornipaso, quemado con la marca de Puerta Grande, que hizo quinto embistió con claridad en dos tandas; luego se dio a soldar las pezuñas en el albero y a terminar cada pase con la cornamenta en alto. Mientras tanto el joven Nicolás Gutiérrez (palmas) dio una labor entusiasta, tesonera y extensa, procurándose el siempre agradar. Lo malo vino en la suerte suprema, pues la espada la dejó cabalmente contraria por lo que tuvo que echar mano de la de cruceta para ofrecer un certero descabello.

Lo mejor de la fortuna fue para diego Emilio (oreja). El sexto toro, fino de lámina, criado en los agostaderos de Cortina Pizarro, resultó bravo, muy a pesar de que en las últimas series muleteras buscó el amparo de las maderas. Pero el joven de seda y oro complementó un trasteo serio, centrado, macizo y por demás torero en el que jamás buscó el aplauso fácil. El público ya entregado, se tiró a matar pinchando antes de atizar la definitiva estocada.