Atras


EL RABO DE GARZA EN MADRID.
Por: Redacción.
Fotografía del Autor
Fecha:
2018-02-08 17:37:11

El mexicano cortó el 29-9-1935 al toro "Guitarrero" de Fermín Martín Alonso (octavo y último de la tarde), en la misma corrida anterior.
El mismo cronista anterior nos describe así lo sucedido:
―Como yo, pensaban de Lorenzo Garza muchos aficionados. Un torero capaz de producir hondísima emoción en un momento dado; nunca un torero de finas calidades... En tono, contrito, el «mea culpa». Acompáñenme sin vacilar quienes pensaban como yo, y proclamemos juntos, «urbi et orbe», que Lorenzo Garza es algo excepcional, algo sublime cuando, como ayer, torea... Sí, ayer toreó, y toreó prodigiosamente, como se ve torear muy pocas veces, como torean los artistas tocados de la divina gracia... ¡Cómo toreó a la verónica a ese octavo toro, «Guitarrero» de nombre, que pasará a la historia como el toro de la revelación de un gran torero! Un poco despatarrado, los pies hundidos firmemente en la arena, caídos naturalmente los brazos, perfectamente ajustada la velocidad del engaño al temple del toro...

Pocas veces se ha producido en la plaza un entusiasmo semejante. No era, ciertamente, para menos. La verónica, finísima, impecable: la media verónica, cosa de ensueño... Por eso al terminar el tercio de quites el público, en pie, hizo al torero azteca una de las ovaciones más grandes que han sonado en la plaza monumental... ¡Y luego con la muleta!... La iniciación de la faena fué algo maravilloso: tres pases en redondo templadísimos, parsimoniosos, de una duración inconcebible, girando airosamente el torero sobre los talones, como contera, como bellísimo remate, un pase de pecho enorme imponderable, pasándose todo el toro por la cintura y sacando la muleta limpiamente por la penca del rabo. La plaza crujió en un alarido de asombro. ¿Qué índole de torero había encarnado, por arte de magia, de encantamiento, en Lorenzo Garza?... El toro, como asustado, se quedó un momento. Y entonces Garza, adelantó solemnemente la muleta, hasta dar con las bambas en el hocico de la res, y tiró de ella despaciosamente, suavemente, y dobló la cintura gallardamente sobre el pitón... Y a este pase siguió otro tan bello, tan magnífico, y otro a éste, y otro más... La plaza era ya el patio de San Baudilio, en el manicomio de Ciempozuelos... Un pase natural. El toro se llevó la muleta y el espada siguió toreando por redondos y de pecho. y se adornó después... Otra vez la muleta a la zurda. y en medio del estupor general bordó tres naturales soberbios, en los que corrió la mano como un maestro consumado. El segundo natural fue algo sin precedente. El toro se mostraba reacio en la embestida y el torero adelantó bravamente la muleta, le prendió en el engaño y se lo llevó como quiso, a la velocidad que quiso, y lo dejó donde más pudo convenirle para dar el tercero y ligar éste con el de pecho, maravilloso... Cada pase un clamor. Las ovaciones se engarzaban interminables. Cuadró el toro, se perfiló el espada sobre corto y dejó una estocada corta en todo lo alto. . . El noble bruto se derrumbó... Había terminado la corrida y nadie abandonaba su localidad. Los blancos pañuelos revoloteaban sobre las cabezas... y el presidente, ajustándose al ritmo que le señalaba el pueblo soberano, concedió al torero, consagrado figura, una oreja, y la otra oreja, y el rabo... Luego los espectadores más fogosos irrumpieron en la plaza y se lo llevaron en hombros al TORERO. Así ha triunfado Lorenzo Garza, que ya en la lidia y muerte de su primer toro se hizo aplaudir muy justamente. ¡Paso a un torero que quiere ser figura!
(El Heraldo de Madrid, 30 de septiembre de 1935.

 
   

Noticiero Taurino

Noticiero Taurino

 
   

Noticiero Taurino

 
   

Noticiero Taurino

 
   

Noticiero Taurino