Atras


ESTUPENDA CARTA DE VISITA DE RICARDO DE SANTIAGO
Por: Sergio Martín del Campo. R.
Fotografía del Autor
Fecha:
2018-03-12 04:50:00

Muy pocos boletos habrán quedado en la taquilla del coso San Marcos de Aguascalientes, pues a la hora del despeje de cuadrillas, en el tendido soleado apenas se veían algunos huecos insignificantes. Sombra a reventar.

El ánimo estuvo en lo más alto del mástil para esta tarde, tercera de la temporada de pre-feria.

Para dar curso a la función, los amos del Garambullo desencajonaron seis utreros cuajados, fuertes, de muy buenas pilas, pero la labor forrajera y la buena crianza fue mancillada con el pésimo juego de sus pupilos. Calificación reprobatoria fue la que ganaron los seis ejemplares; por todo el anillo derramaron sosería unos, malicia otros y todos generaron incertidumbre en los actores.

Lo mejor de los acontecimientos fue la propuesta torera del potosino Ricardo Santiago, un joven con afición, presencia, oficio y empaque que dejó una muy grata impresión entre la abundante clientela. Cuando hay entraña torera, no hay quien se resista a batir las palmas de reconocimiento, ni novillos, por malos que resulten, que eviten se transluzca el buen toreo. Una oreja, después de que le hurtaran la de su primer adversario, guardó el chaval en su nueva espuerta, apéndice que le pone como uno de los triunfadores cabales de esta naciente campaña.

Con lances bien manufacturados pero desabridos, Juan Pablo Herrera recibió al que abrió la tarde, y durante el tercio mortal bien manejó el avío, bien se colocó y bien calculó distancias y son -todo ello con serenidad y paciencia-, sacándole subrayado provecho al bóvido soso y tardo, que tuvo como única virtud de acusar cierta ductilidad, y al que liquidó de una estocada defectuosa, empero entregándose a la hora de ejecutarla.

Compleja operación aritmética resultó ser el cuajado y fuerte cuarto. Desempeñándose delante de él, fue una puntada el acceder a banderillearlo, saliendo de las honduras como pudo. El cuadrúpedo, por su parte, ya en el tramo muletero, se adueñó del tercio y nada admitió se le hiciera. Ocioso se tornó luego el chaval, pasándose, lógicamente, de faena y matando de certero descabello después de sepultar el alfanje al segundo viaje.

En su primera intervención, el aguascalentense José Miguel Arellano se observó variado al manejar la capa; metido en el trasteo, para entonces ya desteñido totalmente el adversario, se manifestó entregando un quehacer decoroso en el que acusó su clase y su personalidad, pero de igual modo algunas incorrecciones relacionadas con el espacio y el ritmo, amén de verse desangelado, seco y soberbio, entablando modesta relación con el público… ¡Andas muy crecidito! Se escuchó que alguien dijo en el tendido. Acabó su actuación viviendo un mal episodio con la espada.

Sin cabeza ni ideas claras y desatendiendo fundamentos de la tauromaquia salió a enfrentar al quinto, un novillo complicado, de muy cortas embestidas y soso que encajó las pezuñas de modo inmediato. A rodillazos y arrebatos, con poca o nula torería, le hizo cosas que divirtieron a los de arriba, no sin haberse procurado varios sustos antes de reeditar el mal uso del arma.

El tercero del encierro fue un maldito; al aparecer en el anillo pretendió arrollar las telas rosas, y al presentarle la sarga resultó ser un gran probón y acabó soldado sobre la arena. Estas malas condiciones, no obstante, fueron vértice para que el potosino Ricardo Santiago manifestara oficio. Sin apuros y dando a ver su gran sentido de la lidia, resolvió el transe toreramente, honrando el hecho con una estupenda estocada que provocó que el utrero se derrumbara casi de inmediato, lo que se dice en jerga taurina “sin puntilla”.

Y la dehesa cerró “con broche de oro” su paso por el círculo sanmarqueño. El sexto también se calificó bastante mal: manseó soberbiamente en los primeros tercios y ante la sarga bien poco duró, acabando con la testa arriba y amagando con irse a buscar el patrocinio de las maderas. Pero vino otra gran actuación del joven de San Luis, misma que abrió bregando atinadamente con la capa, siguiendo con un segundo tercio señorial, un desempeño muletero animoso, solvente, variado y sustancioso y sellando los actos de media estocada certera que, nuevamente, generó que el antagonista rodara sin el uso del verduguillo. Sus pares de banderillas fueron cuadros toreros muy de verdad en los que se asomó al balcón, cuadrando siempre en la cara del bóvido: dos cuarteos estupendos superados por el tercer par, mismo al que ejecutó obertura con un cambio en falso para luego, al relance, dejar igualados los palitroques en un momento muy ceñido, comprometido en serio con la suerte, acción que hizo que la clientela se incorporara de sus asientos para rendirle justa pleitesía a su entrega y bien hacer.

Plaza de Toros San Marcos, Aguascalientes; tercera de la temporada; casi lleno en tarde sin viento y soleada. Seis novillos de buena presencia del Garambullo, de mal juego, dejándose meter mano los dos primeros.

Juan Pablo Herrera, al tercio y silencio.

José Miguel Arellano, silencio y al tercio.

Ricardo Santiago, que se presentó como novillero en esta tierra, al tercio tras petición y oreja tras fuerte petición de la segunda.

 
   

Noticiero Taurino

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