Atras


INTERESANTE NOVILLADA SIN OREJAS
Por: Sergio Martín del Campo. R.
Fotografía del Autor
Fecha:
2018-04-15 04:00:56

A todos aquellos a los que nos emociona la bravura, teníamos esperanzas -bien sostenidas- de que la partida de La Antigua, dehesa de Jorge de Haro, quien pertenece a una estirpe acendrada como criadora de ganado de lidia, ofrecería un juego formidable, dentro de la raya de la casta; no obstante, si la función no pasó desapercibida fue por la disposición y entrega de los alternantes, pues de los bien presentados utreros, despachados por el personaje mencionado, ninguno pudo evaluarse como genuinamente bravo a pesar de que todos recargaron al ser requeridos por los varilargueros.

Novillada de triunfadores esta, llevada en el coso San Marcos, que registró media entrada, ya dentro del círculo de feria y que dejó buen sabor de boca muy a pesar de que no se conquistó ni un apéndice por fallar los actores a la hora buena de empuñar los estoques.

Poder, firmeza y conocimiento de la técnica reveló en su entendida faena José María Hermosillo (al tercio en el único que estoqueó). Estos fueron los argumentos, además, con que entregó la partida que en buen porcentaje le ganó a un castaño que resultó soso y que paulatinamente desarrolló sentido; no dispensó nada tampoco, cobrándole el confortamiento al modo de una cornada de catorce centímetros en la pantorrilla derecha. Ya herido buscó la muerte del adversario, lográndola al segundo viaje.

Con valor, correcta colocación y manejando bien su muleta Héctor Gutiérrez (palmas, silencio y palmas en el que estoqueó por Hermosillo) le hurtó apreciable partido al demandante segundo, un ejemplar que, aunque soso -salía siempre con la testa en alto-, nunca dejó de amenazar con sordo peligro, pero que sucumbió ante la torería del joven quien lamentablemente concluyó el acto de estocada defectuosa.

El cuarto, que lidió por el torero herido, fue una bien trabada adivinanza. Sin temor se puede poner como ejemplo de lo incierto y que cuando iba tras las telas arreaba con el poder del mar. Y en ese breñal penetró la torería nuevamente del espigado joven, quien paulatinamente le confrontó, le desengañó y, finalmente, le derrotó. Vasta idea de lo que es lidiar posee el aguascalentense, pero poca de lo que es estoquear una res y, en edición nueva, volvió a verse incorrecto con el arma.

El sexto fue un algo más prestado pero muy tardo. El de seda y oro, simplemente cumplió decorosamente y ratificó que es un novillero hecho y que, por otro lado, debe entrenar más y mejor la suerte suprema.

El tercero fue igualmente un utrero soso a carta cabal; parecía no tener un solo pase. A pesar de ello el inexperto aspirante a las glorias taurinas Roberto Román (al tercio luego de los tres avisos y al tercio), con recio denuedo, gran campo emocional y entusiasmo le extrajo muletazos hondamente toreros, dignos de los oles más francos y sentidos. Lamentablemente sus fatales errores con el acero derritieron la posibilidad de que haya izado una de las orejas mejor ganadas de la campaña.

El quinto, aplaudido al aparecer en el anillo por sus hermosas hechuras, muy en el tipo de la casa Haro, abrió esperanzas en los dos primeros tercios de que embestiría con bravura, sin embargo, en los compases iniciales del episodio muletero, sacó sosería, se soldó en la corteza de arena y terminó viendo las estrellas. Por su lado, el joven no tuvo más que ofrecerse valiente hasta estremecer y buriló otra faena con el mismo color e intensidad de la anterior, arrancando pases imposibles. De la suerte suprema ni se hable, carece sólidamente de la idea para realizarla decentemente. En él hay un torero pundonoroso, de garra, redaños y enjundia de acero. Es cierto que terminó con el terno hecho jirones como consecuencia de los múltiples agarrones, pero se la juega con idea y buena proyección.

 
   

Noticiero Taurino

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