Atras


EL TORO, POR LOS CUERNOS… RAMÓN VILA, CIRUJANO TAURINO, 80 AÑOS, Y MÁS DE 1.500 TOREROS POR EL QUIRÓFANO
Por: Antonio Lorca/El País
Fotografía del Autor
Fecha:
2018-05-14 20:27:46

Jefe de la enfermería de la Maestranza durante 32 años, se considera médico-torero

— Han sido momentos de triunfo…— Sí, he vivido secuencias maravillosas, otras muy difíciles y algunas muy dolorosas, como las muertes de Montoliú y Soto Vargas en la temporada de 1992. El cirujano habla y no para de la calidad del equipo que dirigió durante años. Oficialmente, el grupo lo componen cinco personas: un cirujano jefe, un ayudante, un anestesista, un ATS y un quirofanista.

“LOS TOREROS SON IGUALES A NOSOTROS EN TODO MENOS EN EL SENTIMIENTO”

— Yo añadí un internista y doblé el equipo para atender posibles bajas, de modo, que muchas tardes, son doce los médicos que están alertas en el callejón para atender cualquier emergencia que se produzca en el ruedo o en los tendidos.

— Usted ha comentado en alguna ocasión que la fiesta de los toros es la única actividad que permite hacer un diagnóstico médico previo…

— Sin duda; la única en el mundo que cuenta con un equipo médico a la espera de que suceda algún imprevisto; y, además, el tiempo que transcurre entre el accidente y la atención al herido es mínimo. De ahí, el alto número de aciertos. Presenciar el percance es fundamental para su curación.

Cuenta Vila que asistió invitado hace unos años a un congreso sobre emergencias sanitarias en Lisboa, donde contó su experiencia en las heridas por asta de toro. Durante el coloquio, tomó la palabra un general americano ‘grande como un armario’ y le dijo: “Doctor, si yo hubiera tenido la suerte de ver in situ las heridas de mis hombres, no se hubieran muerto tantos soldados en Vietnan”.

— ¿Una cornada es como una puñalada?

— En absoluto. Un cuchillo es un objeto rígido que entra, rompe y sale. El toro hiere de abajo a arriba. Primero, te levanta del suelo, el cuerpo gira a través del centro de gravedad, que está al nivel de la cuarta o quinta vértebra lumbar, y, con el pitón dentro, da la vuelta y produce trayectorias distintas. El toro es el único animal que hiere de esa forma.

— Ha dicho usted que las cornadas no duelen…

— No, porque al tiempo que hieren, queman. Y una quemadura no duele en el primer momento porque insensibiliza los nervios periféricos.

A Ramón Vila se le cae alguna lágrima cuando habla de su padre (“nunca he conocido a nadie que operara tan bien como él”), de quien aprendió la profesión y a estar en la vida.

— ¿Por qué me hice médico? No lo sé; quizá, por la influencia del ambiente familiar. Pero tengo claro que nunca quise ser médico, sino cirujano, como mi padre. Y me introduje de lleno en la tauromaquia porque quería averiguar qué encerraban dentro los toreros que no poseíamos los demás. ¿Qué les hacía ser toreros? Y lo averigüé.

— ¿Y?

— Los toreros son iguales a nosotros en todo menos en el sentimiento. Sienten de manera diferente. Les duelen las cornadas como a cualquiera, pero lo expresan de otro modo. Son raros, sí, pero no están locos. Un loco estará siempre en la enfermería. Deben ser inteligentes, muy inteligentes.

— ¿Y cómo es el toro?

— Creo que el toro es el único animal que posee inteligencia. No se conoce otro con ese poderío, esas defensas y esa fiereza que obedezca al cite y acuda con suavidad y nobleza a los engaños.

— Pero cuando hiere…

— Antes hería más, pero ahora lo hace de verdad. Y la razón es que hace años la cornamenta era más pequeña y, por tanto, más peligrosa que una aparatosa. Cualquiera es más certero con un puñal que con una lanza. Además, los toreros actuales están más preparados técnicamente y son capaces de gobernar mejor la embestida. Pero las cornadas de ahora son más grandes; ya no hay tantas contusiones y varetazos como antes, pero sí heridas más graves.

Ramón Vila se confiesa ‘currista’, amante de los toreros de arte, pero no desprecia a los valerosos. “De ningún modo”, afirma, “y uno de mis amigos íntimos fue Paquirri, que no era torero de embrujo. Yo le preguntaba por qué te vas a porta gayola, o por qué pones banderillas, y él me contestaba que estaba obligado a hacerlo porque carecía de la condición artística de otros.

Recuerda Vila con enorme satisfacción el día que el diestro Espartaco lo saludó con un ‘hola, maestro’.

— Aquellas palabras me produjeron un ‘subidón’ tremendo. Yo siempre me he sentido torero, y la pena que tengo es que no he sido capaz de ponerme delante de un toro; pero, por dentro, soy torero, torero, torero…

— ¿Más torero que médico? — Digamos que me considero un médico-torero.

— Por cierto, ¿cómo son los toreros por dentro?

— Carne, carne y carne… Arterias, venas y nervios. La carne la mueven los nervios, y si se produce una herida en un nervio importante la lesión será más grave y seria que en la carne.

— Don Ramón, ochenta años ya…

— Sí, y me parece imposible haber llegado hasta aquí. ¿Sabe cómo voy a celebrarlo? Me voy a llevar a toda la familia de crucero. Quiero que mis nietos tengan un buen recuerdo del abuelo.

 
   

Noticiero Taurino

Noticiero Taurino

 
   

Noticiero Taurino

 
   

Noticiero Taurino

 
   

Noticiero Taurino