Atras


PRESENTACIÓN DE MANOLETE EN LAS VENTAS
Por: Redacción.
Fotografía del Autor
Fecha:
2018-06-28 22:55:25

Estamos viviendo el año del centenario del nacimiento de Manolete, de Manuel Rodríguez Sánchez, y cualquier efeméride es motivo suficiente para recordar al mito, tanto en la plaza como en la calle. Y también a quien, con el paso de los años, se ha convertido en héroe literario.

Tras cinco temporadas de novillero, acabada la Guerra Civil española, después de despedirse del escalafón en El Puerto de Santa María, el 25 de junio de 1939, le doctoraron en Sevilla. Toda la información de estas efemérides se encuentra en muchas de las más de trescientas monografías que diversos autores le han dedicado. A él como protagonista principal o en ensayos sobre la época del toreo de la que fue figura principal. Trabajos de toda índole. De ahí que afirmara un poco más arriba que es, también, héroe literario. En Madrid, así mismo es conocida la información, se presentó con picadores, el 1 de mayo de 1935, en la plaza de Tetuán de la Victorias y anunciado, por error, como Ángel Rodríguez Manolete. Le acompañaron los aztecas Liborio Ruiz y Silverio Pérez, que años más tarde fuera su gran amigo, y Varelito Chico. Mató dos novillos de Esteban Hernández. No pisó el albero de Las Ventas como novillero pero, al final de la primera temporada como matador de toros, sí hizo el paseíllo en la misma para presentarse y confirmar su alternativa. De esto quiero escribir. Fue la tarde del 12 de octubre de 1939, en la Gran Corrida Extraordinaria de Beneficencia. Después intervendría en veinticinco corridas de toros más, haciendo en total veintisiete paseíllos pues la siguiente corrida de este año, la de la Asociación de la Prensa, comenzó el 15 de octubre, y por aplazamiento, finalizó dos días después. También intervino en tres festivales benéficos.

La corrida que nos ocupa, estuvo anunciada para el 28 de septiembre, con el rejoneador Juan Belmonte, y los matadores Marcial Lalanda, El Estudiante y Juan Belmonte Campoy. Se suspendió y se volvió a anunciar, para el 5 de octubre, con Manolete sustituyendo a El Estudiante.

Bajo la presidencia de Enrique Sánchez Gracia, con los tendidos llenos, hicieron el paseíllo los ya anotados con Juan Belmonte García, a caballo, precediendo a los lidiadores de a pie, para dar cuenta de un lote de siete astados salmantinos pertenecientes a la ganadería de Antonio Pérez de San Fernando. Todos, en el tipo de la ganadería, dieron en general dieron buen juego en el primer tercio. El peor fue el de la alternativa de Manolete, aplomado y reservón.

Juan Belmonte García, que se presentaba en Las Ventas como rejoneador, abrió el festejo con un ejemplar llamado Alcotán, herrado con el número 36, negro y listón de pinta. Clavó varios rejones y, después de cambiar de caballo colocó varios pares de banderillas entre los que destacó uno superior. Cuenta Giraldillo, en ABC, que mató de un pinchazo bien señalado y una estocada. Fue muy ovacionado y dio una vuelta al ruedo.

El segundo de lidia ordinaria, tercero de la tarde, le correspondió a su hijo, Juan Belmonte Campoy, que este día se presentó en Madrid para confirmar su alternativa salmantina. Vistió un temo grana y oro. En todo momento, el recuerdo de su padre estuvo en el ánimo de los espectadores, hasta el punto de que el público clamó ¡Juan Belmonte! al dar unos faroles. No debió ser fácil para el novel soportar el peso del nombre de su progenitor y más, cuando éste estaba presente, como un compañero más, en el coso. El toro el de la ratificación del doctorado, se llamó Mellizo, estaba herrado con el número 57 y era negro de pinta. Tras la cesión de trastos que le hizo el madrileño Marcial Lalanda, Juanito Belmonte, así se le conoció siempre, brindó la muerte de su primer toro en Madrid a un amigo de San Sebastián que se apedillaba Aguirre. Comenzó toreando por alto, con un molinete, dice el crítico de ABC, «de calidad paterna», e instrumentando pases en los que corría la mano y cargaba la suerte. Cuando estaba más confiado se le arranco el toro y le volteó aparatosamente. Ensangrentado y rebozado de arena, se levantó, orgulloso y pundonoroso, acercándose al toro para cogerle la cepa del cuerno. La afición estalló de entusiasmo. Antes de agarrar una buena estocada pincho dos veces. Eso no fu óbice para que el público le ovacionara con fuerza, le pidiera la oreja y le obligara a dar una emocionada vuelta al ruedo. Se abría una nueva esperanza en Madrid.

En su segundo, vestido con un pantalón de un monosabio por la voltereta anterior, después de hacer un quite «soberano», cargando mucho la suerte y adelantando la pierna, hizo una faena magistral, de «torero consumado», «sin trampas efectistas».

Mató de un pinchazo, un estoconazo y un certero descabello a pulso.

Comentaba Giraldillo: «El padre, el magnífico señor Juan Belmonte, apretaba el gesto para que la emoción no se hiciera lágrimas. Estaba allí el heredero. Estaba allí la seguridad de su gloria continuada. ¿Qué más puede ambicionar un padre, un artista?

Y, siempre en la memoria Marcial Lalanda que mató el tercero y el cuarto. Ya había dicho quién era él en un quite a vuelo de capote para evitar una cornada segura. En su primero comenzó la faena con dos pases de rodillas de esos que solo se pueden calificar con la voz escalofriantes. Luego, toreó al natural y volvió a hincarse de hinojos, dando el pase de la firma. ¡Todo un curso de toreo! puede leerse en ABC. Con el segundo de su lote hizo otra gran faena que rubricó con una buena estocada. A su mano llegó la segunda de las orejas que cortó aquella tarde. Hay que comentar que ABC, su crítico, anotó un premio de dos orejas y rabo en el primero y una en este último. Muchas razones pueden apuntarse para estas diferencias pero quédense con una en cada toro.

El primer toro de lidia a pie, Tejón, herrado con el número 43, negro de manto se lo cedió Marcial Lalanda a Manolete para confirmar su doctorado de unos meses antes. Vistió el califa, aún no lo era, para la ocasión un vestido azul y oro. ¿Y que contaba Giraldillo? Comenzaba así su relato: «Manolete, serio, torero que se aísla tal y como si en el mundo no hubiera más que él y el toro, asombró al público de Madrid. ¡Qué seguridad, que hombría! Como le pasa el toro a Manolete. Era incierto en la embestida y estaba aplomado el toro de la alternativa. Consintió mucho y dio unos ayudados por alto soberanos. Era aquello una faena de muleta como se ven muy pocas ¿Manolete torero nuevo? Toda la sabiduría cordobesa estaba allí. Un pinchazo, una entrando bien y otra al hilo de las tablas. Descabelló y fue ovacionado». Pero fue en el que cerró el festejo en el que Manolete alcanzó su gran éxito. Se llevó el toro a los medios y allí, «embebido en la faena, toreó de manera asombrosa. ¡Gran estilo de muletero! Toreó con ambas manos, destacando cinco naturales. Unos molinetes, unos adornos justos, sin descomponer su línea sobria, impecable. Aún no se había perfilado para matar y ya pedían la oreja los espectadores borrachos de entusiasmo. Citó a recibir y pinchó a un tiempo. Dos pinchazos más, muy recto y a volapié y después una estocada». La gente no debió creérselo. Estalló en un clamor y aunque ABC dice que le concedieron las dos orejas, solo fue una, el premio era lo de menos. Manolete había triunfado, también Juanito Belmonte, en su presentación y confirmación de alternativa. Lo corroboró el diario YA, en una crónica sin firmar atribuida a K-Hito, que finalizaba así: «S e le otorgó la oreja del sexto entre aclamaciones de entusiasmo. Matando estuvo bien; pero le esperamos el domingo. ¿Manolete? ¿Almanzor? ¿Abderramán III?. No se sabe aún quien puede ser este joven espigado que Córdoba nos envía. Algo desde luego piramidal».

Después, como ya he anotado, veinticinco tardes más o, como apuntaba al comienzo, veintiséis, hasta llegar al 16 de julio de 1947, en otra Gran Corrida Extraordinaria de Beneficencia, en la que mató su último toro en Madrid.
FUENTE: José María Sotomayor/Federación Taurina de Valladolid.

 
   

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