Atras


“MANOLETE” EN ANÉCDOTA
Por: Redacción.
Fotografía del Autor
Fecha:
2018-12-01 22:07:25

“Manolete” y las mujeres. -Excelente compañero. -El cordobés y los niños. -La modestia del gran torero.

En este aniversario de la tragedia de Linares, que emocionó a todo el mundo taurino y aun a gentes ajenas a nuestra Fiesta, queremos rendir nuestro tributo de admiración al gran cordobés contando unas anécdotas, en las que se pone de manifiesto la inmensa humanidad del famosísimo diestro desaparecido.

Ocurrió en Hellín. Estaba reciente lo de la feria de Albacete, y numerosos aficionados de la simpática ciudad manchega iban «a por él». «¡Albacete! ¡Albacete! ¡Albacete!» Eran los gritos que sonaban en la Plaza desde que inició el paseíllo hasta que terminó la corrida. Estos alaridos le hicieron renunciar a una oreja magníficamente ganada en su primer toro.

La crónica de aquella corrida la titulábamos asi: «Cómo se renuncia a una oreja.» Y terminábamos diciendo: «Que hoy no queréis una. mañana serán varias.» Y así ocurrió. Fué aquella tarde muy desagradable para nosotros. Primero, por el escándalo de los «campanilleros». pero mucho más porque no podríamos cumplir la misión femenina encomendada cerca de «Manolete»: conseguir la dedicatoria en cinco fotos que llevábamos de otras tantas admiradoras del cordobés.

Dos o tres veces intentamos entrar en el hotel donde se hospedaba y otras tantas dejamos de hacerlo. Hasta que desistimos de cumplir el encargo de las chicas manoletistas. Al día siguiente abordaríamos la cuestión. Sería más oportuno. Tendría el maestro mejor humor. Pero cuando íbamos a subir a nuestro coche vimos a «Manolete» haciendo tertulia en la terraza de un bar con la plana mayor del manoletismo manchego, que siempre capitaneó don Mariano Tomás. También se encontraba en la reunión Pedro Barrera, a quien debemos la oportunidad de haber charlado en varias ocasiones con Manuel Rodríguez. No había tiempo que perder y planteamos la «papeleta» al diestro:

—Manolo, le vamos a pedir a usted un favor. Traemos unas fotografías y quisiéramos que las dedicara a unas amigas mías, admiradoras suyas.

Y «Manolete», sobre una caja de caramelos, empezó a escribir. A la tercera foto nos pregunta:

—¿Están todas estas chicas comprometidas?

Sonrisas de los que están cerca de nosotros. Pero el cordobés aclaró:

—No, por Dios. Lo digo porque, si todas tienen novio, serán cinco menos que me chillarán en la Plaza.

EXCELENTE COMPAÑERO
Esta ocurrió en la Plaza de Murcia. Toreaba con Fermín Rivera y «Niño del Barrio». Mientras toreaba el mejicano, que para algunos aficionados lo hacía aquella tarde regular, él permanecía pegado a la barrera, de espaldas al burladero de la prensa. Alguien gritó muy cerca de donde él estaba:

—¡Ese toro necesita a «Manolete»! Manolo volvió la cabeza y contestó:

—El toro está muy malo, señor: está muy malo.

¿Hay quien pueda hacer con menos palabras la defensa de un compañero, y al mismo tiempo no desairar al admirador...?

LA MODESTIA DE UN GRAN TORERO
Don Enrique Ruiz Belando, empresario a la sazón de Murcia, fue a Madrid a contratar a «Manolete».

Una vez llegado a un acuerdo con Cantará, don Enrique estuvo un rato de charla con el famoso torero y su apoderado. El señor Ruiz Belando dijo al cordobés:

—¿Cómo te las arreglas para triunfar en casi todos los toros?— -Don Enrique, en nuestros éxitos ponen la mayor parte los toros. Tanto, que ellos ponen el noventa por ciento y nosotros el diez.

«MANOLETE» Y LOS NIÑOS
Don Rafael Sánchez Seguí, presidente del Club Taurino Murciano, nos contó una vez:

—Un sobrino mío, hijo de un hermano que reside en Madrid, estaba pasando unos días con nosotros. El chico tendría a la sazón unos doce o trece años. Su padre me escribió para que lo mandara, pues tenía que empezar de nuevo sus estudios en la capital de España. Como faltaban dos o tres días para las corridas de feria, me interesó el chaval pidiera permiso a su padre para presenciarlas. Cuando terminó la última le acompañé a la estación. Llegamos tarde. Y no encontré a ningún amigo ni a la pareja de escolta para recomendarlo.

—¿Se lo llevó usted de nuevo a casa?

—No. Su familia lo esperaba al día siguiente en la estación. Decidí que se marchara, y estaba haciéndole las últimas recomendaciones cuando un señor que estaba en el departamento me dijo:

—No se preocupe usted, hombre. Nosotros nos ocuparemos del chaval. Y aligere usted, que el tren se está poniendo en marcha.

—¿Quién era su salvador?

—De momento no me di cuenta, pues estaba muy preocupado y nervioso. Era «Manolete», que había toreado aquella tarde en Murcia.

GANGA
Escrito en Madrid, 27 de agosto de 1959.

 
   

Noticiero Taurino

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