12 junio, 2021

TORERO EN REMANSO

Haciendo memoria, lo conocí en 1998, entrando a las oficinas de la empresa de “El Toreo” de esta ciudad de Tijuana. Traía bastante prisa pues me habían encargado recoger a uno de los matadores que torearían la corrida a beneficio de Asociación de Matadores y llevarlo a una entrevista. Entrando a los patios anexos a las oficinas me dirigí a Pepe Ramírez, empleado administrativo de la empresa quien charlaba amenamente con un joven de tez clara y cabello engomado: “Pepe buenas tardes. Oye vengo por el matador Paco González pero no sé quien es.

Haciendo memoria, lo conocí en 1998, entrando a las oficinas de la empresa de “El Toreo” de esta ciudad de Tijuana. Traía bastante prisa pues me habían encargado recoger a uno de los matadores que torearían la corrida a beneficio de Asociación de Matadores y llevarlo a una entrevista. Entrando a los patios anexos a las oficinas me dirigí a Pepe Ramírez, empleado administrativo de la empresa quien charlaba amenamente con un joven de tez clara y cabello engomado: “Pepe buenas tardes. Oye vengo por el matador Paco González pero no sé quien es. ¿Andará por aquí?. Pepe me indicó con un gesto que el matador era la persona con quien charlaba. “Mucho gusto señor, yo soy Paco González. ¿Nos vamos?”, afirmó el joven antes de que pudiera enmendar mis procedimientos. Extendí mi mano y tras el saludo y la presentación de rigor, nos enfilamos a mi auto para acudir a la cita que tenía pactada. “¿Oye Manuel no traes algo de flamenquito en tu casetera?”. “De momento no matador pero si usted gusta en la guantera traigo más música”, respondí mientras viraba el coche hacia la avenida principal de la ciudad. “Gracias. Y para empezar dime Paco, nada de hablarme de usted. ¿Vale?”, me dijo el joven torero mientras esbozaba su característica sonrisa. Se dio la corrida y tuvo a bien brindarme el toro que le tocó en turno, al que le cortó una oreja. Y vi con mucha claridad las razones por la cuales muchos profesionales del toreo apostaban fuerte por el chaval defeño: Tenía esas dos cualidades que no se pueden aprender ni con el mejor de los maestros ni toreando muchos toros. Clase y sello. Pasaron 3 años y en honor a la verdad, hubo poco contacto entre ambos; hasta que un festejo saludé al matador Jerónimo en el patio de cuadrillas de “El Toreo” de Tijuana, y me dio un recado: “Oye Manuel, te manda mucho saludos Paco, parece que torea en Tijuana en dos semanas”. De ahí siguieron corridas y triunfos en las plazas de la ciudad, y también algunas tardes grises y por un intervalo de 2 años, fue de los que más toreó en Tijuana. Pero sobre todas las cosas se cimentó lo que hasta hoy en día es una gran hermandad entre Paco y yo. La primera vez que lo conocieron mis hijos, no hubo conexión en entre ellos, no les simpatizaba para nada. Él se los ganó con muchos detalles y con ese carisma nato que posee. Tras una temporada llena de triunfos resaltando una tarde en Ciudad Juárez en donde indulto a su primero y le corto el rabo segundo, Paco fue citado a comparecer en la Plaza México al lado del “El Juli” y “El Zotoluco”. Las reses eran de Garfias. Y las cosas en definitiva no se dieron. Vino una voltereta al intentar el quite de “El Ojala, y todo fue cuesta abajo. La reacción del público capitalino fue no reaccionar. Lo peor que le puede pasar a un torero es la indiferencia. Fue un silencio mezclado con algunas palmas en lontananza. Y de nuevo alguien que prometía llegar a ser no llegó. Después Paco González fue dirigente de la Asociación de Matadores de Toros y defendió a toda costa que los carteles fueran integrados por una mayoría de toreros mexicanos. Sostuvo una larga batalla con Rafael Herrerías, hasta llegar a ser amenazado de muerte en varias ocasiones. El pedía un buen trato para sus toreros por parte de las empresas y logró en su momento unificar un gremio que padeció de la indiferencia de la mayoría de sus afiliados por muchos años. Criticado por algunos, jamás claudicó en su lucha, consiguiendo el seguro de gastos médicos con mayor y mejores coberturas en la historia de la Asociación ¿Y lo de torear?. Quedó enterrado en un baúl lleno de recuerdos, muchos de ellos bonitos por fortuna y otros que quizás quisiera olvidar. Aparte de que los triunfos no llegaron, su paso como presidente de la Asociación dejó muchas malas relaciones entre los empresarios. Ahora cuando hablamos él y yo, de pronto me tiene que colgar porque su hija le llama o tiene compromisos de trabajo que debe cumplir. Y Paco ahora lidia el encierro más complicado que tiene la vida que es lograr ser una persona de éxito y sacar a los hijos adelante. Todos aquellos que tenemos un amigo torero sabemos lo complicado que resulta hablar sobre su desarrollo en los ruedos; por eso prefiero dejar al torero en remanso, justo en el sitio que cada aficionado y la historia le quiera otorgar. Y mejor hablarles de Paco mi hermano entrañable que va ganando triunfos, en la lidia de la vida.

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