24 junio, 2021

JERONIMO: CAUSA Y EFECTO

“Esta vez todo es diferente”, me confió Jerónimo el sábado 18 de octubre del presente antes de que partiéramos hacia la plaza “Olé por el arte” ubicada en el corazón del distrito gastronómico de Tijuana. “Ahora todo tiene un propósito. Entrenar para triunfar. Vivir para torear. Torear para gozar. La meta está trazada”.

“Esta vez todo es diferente”, me confió Jerónimo el sábado 18 de octubre del presente antes de que partiéramos hacia la plaza “Olé por el arte” ubicada en el corazón del distrito gastronómico de Tijuana. “Ahora todo tiene un propósito. Entrenar para triunfar. Vivir para torear. Torear para gozar. La meta está trazada”. Y es qué tras el triunfo logrado en la corrida inaugural de la temporada grande de la Plaza México, mucho se comentó en los medios sobre el toreo poblano; y no sólo del arte que atesora al realizar las suertes. Ahora se mencionó su nombre bajo otro adjetivo que no se había mencionado anteriormente: Actitud. “Ese año sabático que me tomé sirvió de mucho. Ahora veo el panorama más claro y sé que no hay atajos para el éxito. Hay que entrenar todos los días, llueve o truene, frío o calor”. Mencionó el torero en su cuarto, mientras tomaba el estoque de matar y simulaba realizar la suerte suprema. “Pertenezco a una camada de toreros a los cuales las empresas dejaron de apoyar porque lamentablemente no vinieron los triunfos contundentes que esperaban de nosotros. Hubo oportunidades para algunos, pero caímos todos en el bache casi al mismo tiempo. Pero eso es el pasado, y ahora algunos de esa misma camada estamos entrenando a diario juntos y remontando nuestra profesión con otro visión de la fiesta y de la vida”, nos dijo Jerónimo ya dentro de la camioneta, mientras nos trasladábamos a la plaza. “Nos puedes ver a Alfredo Gutiérrez, Nacho Garibay, al “Calesa” y a Martínez Vértiz corriendo juntos, haciéndonos el toro el uno al otro o toreando de salón. Atrás quedaron los excesos y la indiferencia. Sabemos que las oportunidades no están tumbando nuestras puertas, sino que hay que buscarlas y aprovecharlas al cien. Por eso esta tarde y este festival son tan importantes para mí, pues ahora todas las tardes lo son, más que tengo rato que no vengo a Tijuana. Tengo que convencer de nuevo. Tengo que demostrar que la oreja de la México no fue casualidad y que voy para adelante”. En cuanto los aficionados vieron la figura del matador bajarse en las inmediaciones de la plaza, empezaron los gritos de apoyo: “¡Venga torero bueno, Igual o mejor que la México!”. ¡A torear para ti “Jero”, no hagas caso de los villamelones!”. Varias fotos y varias firmas de autógrafos, y Jerónimo siempre complaciente no dejaba de sonreír. Al partir plaza se escuchó un grito en los tendidos: “¡Vamos Jerónimo que a ti te vine a ver!”. Y al salir el tercero de la tarde, mismo que correspondía al fino diestro, nada bueno se presagiaba. El novillo no se empleaba y las verónicas que todos querían ver no llegaron; pero a cambio nos brindó una revolera que cualquier pintor se sentiría alagado de plasmar en su lienzo. Jerónimo no dejaba de perder detalle del comportamiento del animal, sobre todo tras un excelente puyazo del picador “El Chivas”. Vino el brindis al respetable y algunos pases de tirón para colocar al novillo en los medios. El burel rezongaba al tomar los muletazos iníciales y levantaba la carita en protesta. Pero el torero se empeño en encelarlo con su muleta y de pronto, vino el primer derechazo templado y largo, de “aquí hasta allá”, y girando en su propio eje el torero ligó un segundo. Los olé no esperaron ni un momento más. También por naturales el matador logró su propósito y remató las tandas con pases por debajo de la pala del pitón del novillo que se había entregado. Tal cómo la dibujó en su habitación realizó la suerte suprema, y después de un descabello se le concedió una merecida oreja, única del festejo. Ya de regreso al hotel, nuestra salida se vio retrasada porque Jerónimo no dejaba de conversar con los aficionados que lo felicitaban por el triunfo. Y mientras veía esta escena se me vino a la mente lo que los aficionados mexicanos tanto buscan en un torero para hacerlo ídolo: Arte y personalidad. Claro, queda mucho camino por recorrer, pero Jerónimo, toda sonrisa y agradecimiento, parecía responder: Y ¿Por qué no?.

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