18 junio, 2021

ENTRA LA LUCHA Y EL TRIUNFO, LA VIDA DE ISMAEL RODRIGUEZ

Serrat escribió: “Sería fantástico que ganara él mejor”. Lamentablemente esto en la vida cotidiana no siempre pasa. O cuando pasa, no es con la suficiente agilidad para marcar una diferencia en las personas, en sus vidas. Por eso Ismael Rodríguez es un ser humano muy especial. Porque con más en contra que a favor se sigue abriendo paso por la vida cómo hombre y cómo torero. Siempre ofreciendo una sonrisa. Siempre viendo por los demás antes que él.

Serrat escribió: “Sería fantástico que ganara él mejor”. Lamentablemente esto en la vida cotidiana no siempre pasa. O cuando pasa, no es con la suficiente agilidad para marcar una diferencia en las personas, en sus vidas. Por eso Ismael Rodríguez es un ser humano muy especial. Porque con más en contra que a favor se sigue abriendo paso por la vida cómo hombre y cómo torero. Siempre ofreciendo una sonrisa. Siempre viendo por los demás antes que él. Bueno, esto sólo afuera del ruedo pues dentro de él hay una metamorfosis. Un cambio radical que convierte en algo espiritual lo que nos ofrece en cada suerte que realiza. “Apenas me estoy activando de nuevo. Van dos años desde la cornada que sufrí en Tlaxcala que me paró buen rato”, comenta Ismael sin el más mínimo indicio de amargura. “Pero esto así es. Hay que luchar por dar cada paso y esperar el momento propicio para romper”. Este joven matador nativo de León, Guanajuato, tiene argumentos de sobra para funcionar cómo toreo, aunque a veces su sobriedad sobre el ruedo ha sido objeto de catalogarlo cómo frío. “Eso a veces me preocupa y creo que lo voy mejorando. Pero el lenguaje y la expresión que mejor hago es con lo avíos de torear. Claro, “el vender” a los tendidos lo que se hace toreando es importante”. Y la misma filosofía guarda Ismael en su vida privada. Pocos conocen su historia y sus logros cómo ser humano, cómo hermano y cómo hijo, pues nunca lo presume ni tampoco lo comenta. Pero cuando torea el sentimiento aflora y de pronto el joven coleta nos transporta a un lugar en dónde cada muletazo parece salir del alma. “Después que le corté una oreja a un toro de “La Cardenilla” durante la temporada torista en “La México”, las empresas se empezaron a fijar en mí. A ese toro le pegué muy buenos muletazos y la gente me agradeció el haberme puesto ahí para torearlo. Por un momento se me quiso encasillar con este tipo de encastes duros y definitivamente no es mi línea. Pero igual que muchas cosas en la vida, uno va aprendiendo y sí eso hay que torear para triunfar, ¡pues venga!”, dice Ismael sin dejar de sonreír. El sábado pasado en Tijuana toreo el último festival de la llamada Fiesta Brava Gastronómica; lidiando el último novillo del serial, Ismael puso toda su sapiencia para arrancarle pases a un animal que no bajaba la cabeza y poco caso hacía al engaño. Pero hubo momentos en que el torero de León acompañó las embestidas del novillo con temple y la calidad. Momentos llenos de profundidad, de un grito mudo repleto de sentimiento. Sin titubear se fue por derecho y dejó más de tres cuartos de acero en buen sitio que fueron de efectos fulminantes, consiguiendo una oreja por su buen desempeño. “Ocupaba mucho torear en público cómo preparación de mi comparecencia en la Plaza México el próximo mes noviembre. Ahí inicia todo. Ahí está de nuevo la oportunidad. No la pienso dejar ir”. En esa misma canción, Serrat remata diciendo: “Sería fantástico que te dejases convencer, y que fueses cómo siempre te imaginé”. El triunfo espera….La lucha, esa sigue sin parar.

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