19 junio, 2021

EL REENCUENTRO CON UN AMIGO… VICTOR MACEDO, “EL JEREZ”.

En la pasada cuarta corrida de la temporada de la plaza México, la de las dos orejas de Víctor Mora y el percance de Fermín Rivera, salude a un excelente amigo y compañero de andanzas, a Víctor Macedo, “El Jerez”, quien con la inseparable compañía de su señora esposa, seguido hacen el viaje desde su ahora residencia en el estado de Morelos, solo por el gusto de ver toros.

En la pasada cuarta corrida de la temporada de la plaza México, la de las dos orejas de Víctor Mora y el percance de Fermín Rivera, salude a un excelente amigo y compañero de andanzas, a Víctor Macedo, “El Jerez”, quien con la inseparable compañía de su señora esposa, seguido hacen el viaje desde su ahora residencia en el estado de Morelos, solo por el gusto de ver toros. Hermano de otros dos buenos amigos, Jesús y Sergio, se dedica en la actualidad a la compra–venta de automóviles y al igual que muchas personas, le duele ver el desinterés mostrado por los capitalinos para asistir a le llamado “embudo de Insurgentes”… Me preguntaba con cara de extrañeza. ¿Qué es lo que falta para que este monstruo se vuelva a llenar?. Pregunta incontestable, ni con los famosos 64.000 pesos del señor Ferríz se encuentran respuestas coherentes. Sin embargo nos atrevemos a pensar que de repetir inmediatamente a aquellos que se han visto bien, podríamos asegurar, el aficionado puede interesarse mas y mejor por regresar a la plaza México y “sus capillitas” de provincia… Salio desde luego en la conversación, la comparación con otros espectáculos y sus adelantos publicitarios, que en muchas de las veces son trucos publicitarios muy permitidos, y los han llevado a hacerse de dinero, de figuras, de asiduos clientes, de tener la venta de boletos de maneras cautivas e ir mejorando en la calidad de lo que presentan. Víctor habla con conocimiento de causa, fue un hombre que toreó de todo, como se dice, “de chile, de manteca y de dulce”, su desmedida afición le llevó al sureste mexicano, a Centroamérica, con los terroríficos toros criollos y cebú, los mismos que mas que preparación taurina, muestran el gusto y necesidad de estar frente a un par de pitones por aquellos que no pueden prescindir de verle la cara al toro y esperar a que las “empresas grandes” les llamen. Sin embargo, “El Jerez”, no desesperó y logró ser llamado a cosos, tan anteriormente importantes, como la misma catedral del toreo mexicano, la plaza México, el viejo, desaparecido y único, en todos los aspectos, “El Progreso”, de Guadalajara, Jalisco, y la plaza “Monumental Lorenzo Garza”, de Monterrey, Nuevo León. Nunca se le vio mal, nunca fue “un petardo”, fue de los llamados… mas nunca de los escogidos y como con el destino no se puede pelear, y menos cambiar, es que sigue con sus gustos intactos, ahora acompañado de otra de sus pasiones… su familia… Por esta sencilla semblanza de un muy buen amigo, me viene a la memoria esas tardes que en la compañía de otros novilleros, asombrados notábamos “un cierto” desinterés del publico cuando presentes estábamos en el coso de Insurgentes, algo así como 25.000 aficionados. Hoy, en la actualidad, se dicen “entradones”, cuando se cuenta en la gradería una asistencia de cuatro, cinco mil personas. Solo aclaro que de las primeras que menciono, eran novilladas, de las segundas, son corridas de toros… pequeña gran diferencia por el lado que lo veamos… ¡Que tiempos, señor don Simón!… Para ser sincero, me duele recordar esos tiempos que en nada se asemejan a los actuales, años que conviví con los hermanos mencionados, con Javier Duran, “El Vale”, con Emilio Sánchez, El Duende”, con Alan Stowell, con “Curro” Munguia, con Jorge Riveroll, con Pepe Ortega, “El Peinao”, con un amigo de toda la vida como lo sigue siendo Alfonso Ramírez Ibarra, “Caleserito”, y tanto y tanto buen amigo a los que nunca olvido. ¡Que tiempos, señor don Simón!… Nos quedamos definitivamente con las costumbres antiguas, la modernidad taurina actual nos obliga a forzar nuestra vieja y desgastada memoria, eso bonitos recuerdos nos mantienen, fantasiosamente, en la espera de que todo se componga y el esplendor vuelva a vestir a la fiesta, a los toreros y sobre todo, a que nunca se pierda el camino a las plazas, a reencontrar en ellas a los amigos, a los recuerdos, a no soñar con el pasado, a soñar con realidades toreras… ¡Un abrazo pa´todos!… Nos Vemos.

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