21 junio, 2021

MÁS DE CONCHITA CINTRÓN. LA ULTIMA SOBREVIVIENTE DE LA LLAMADA “ÉPOCA DE ORO”, EN MÉXICO.

José González, “Carnicerito de México”, había sufrido una muy grande y grave cornada en tierras portuguesas, el 14 de septiembre de 1947 en Villaviciosa por un toro de “Oliveira”, alternaba esa tarde con Conchita Cintrón y ella le había acompañado del coso al sanatorio en donde seria intervenido quirúrgicamente, intentarían los médicos salvarle la vida y la pierna, obviamente que la noche ya era presente a esas horas.

José González, “Carnicerito de México”, había sufrido una muy grande y grave cornada en tierras portuguesas, el 14 de septiembre de 1947 en Villaviciosa por un toro de “Oliveira”, alternaba esa tarde con Conchita Cintrón y ella le había acompañado del coso al sanatorio en donde seria intervenido quirúrgicamente, intentarían los médicos salvarle la vida y la pierna, obviamente que la noche ya era presente a esas horas. A la mañana siguiente, al despertar el herido, vio que la rejoneadora estaba a su lado y esta le hacia ver que la cornada no era de gravedad, que se recuperaría, “Carnicerito” le aclaro que lo dudaba, que la herida era fuerte y delicada, que tan lo era de esa manera que ella había pasado la noche cuidándole, lo denotaba el echo de que permanecía con la ropa de torear usada con anterioridad y ese mismo día, la llamada “Diosa Rubia”, tenia que actuar en otro coso no muy retirado de Villaviciosa… La torera peruana era requerida constantemente a actuar por aquellas tierras, sin embargo “se daba sus mañas”, y tiempos, para estar todos los días acompañando a su amigo en desgracia, quien por cierto mostraba una mejoría muy alentadora. Ese 14 de septiembre, como de costumbre, se hace presente al centro hospitalario y al momento de acercarse al cuarto de “Carnicerito”, una de las religiosas que fungían como enfermeras, sale a toda prisa en busca de un doctor y es quien le avisa que el torero acaba de morir. Esto muestra la calidad humana de la rejoneadora, la sana y constante amistad que brindaba, el apoyo moral a sus compañeros y por lo mismo el porque ahora se le extrañara… Con seguridad a estas horas, doña Conchita ya ha sido sepultada en una de sus tantas patrias que tan bien la aceptaron, Portugal, pues no olvidemos que la luz primera la vio en Chile, en Perú se estableció, de padre puertorriqueño y de madre estadounidense, nació un 9 de agosto de 1922 en la ciudad andina de Antofagasta y de México arrancó su carrera ya de maneras formales y profesionales. Esto ultimo se da gracias a el llamado, “Rey del Temple”, don Jesús Solórzano Dávalos, que con inmensa intuición la recomendó a las principales empresas de esos años, finales de los treinta, principios de los cuarenta del siglo pasado… Muchos de estos datos los conozco de viva voz de uno de sus amigos personales, de don Leopoldo Ramos, “El Ahijado del Matadero”, y siempre le escuche decir que nunca le conoció algo negativo, todo lo contrario, me comentaba que a velada taurina a donde se aparecía la rubia rejoneadora, de inmediato las bromas, chascarrillos, chistes o palabras soeces, desaparecían de inmediato por el respeto que se había ganado la dama hoy desaparecida… Mucho se va a hablar en estos días de doña Concepción Cintrón Verril, se lo merece y lo ideal es que su trayectoria no se pierda, que las nuevas generaciones tengan presente la férrea voluntad de esta “menudita gran mujer”, a la cual volvemos a confiar que ya este al lado del Señor, de su amado esposo Francisco de Castelo Branco, de su maestro Ruy de Cámara y que fue LA ULTIMA SOBREVIVIENTE DE LA LLAMADA, “ÉPOCA DE ORO”, EN MÉXICO… Nos Vemos.

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