27 octubre, 2021

CRISTINA SANCHEZ: MATADORA DE TOROS.

Silencio sepulcral en el ancestral Circo Romano de Nimes, Francia, convertido en una de las más bella plazas de toros del mundo y hoy escenario de un acto sensacional. El legendario y carismático Curro Romero, decano de la torería que, a los sesenta y tres años aún a veces borda el toreo con la muleta y estoque en mano, avanza majestuosamente hacia el tercio de la arena , donde se coloca erguido

Silencio sepulcral en el ancestral Circo Romano de Nimes, Francia, convertido en una de las más bella plazas de toros del mundo y hoy escenario de un acto sensacional. El legendario y carismático Curro Romero, decano de la torería que, a los sesenta y tres años aún a veces borda el toreo con la muleta y estoque en mano, avanza majestuosamente hacia el tercio de la arena , donde se coloca erguido. A su izquierda, con capote en mano, se sitúa José María Manzanares, la figura de más solera en los ruedos, que este año se retirará después de veinticinco años de ilustre carrera. Ambos veteranos se preparan para repetir el ritual de la alternativa, el pasaporte dado a un neófito torero para alternar en los carteles con matadores alternativados. Ambos en sus largas carreras han concedido ese honor a docenas de novilleros; sin embargo los dos maestros ansiosamente anticipan el suceso histórico en el que en breve participarán. Con pasos seguros y gallardos y con un gesto de determinación, una atractiva joven, vestida de rojo y oro, mostrando una trenza sobre su nuca en vez de la tradicional coleta, se les acerca. Solo unos metros del largo camino, le quedan a Cristina Sánchez para llegar a ser protagonista principal en un mundo masculino, donde por siglos, en el ruedo, la mujer toreando ha sido a lo más una novedad efímera y a menudo motivo de critica y mofa, y afuera, adorno y premio. Muleta y capote cambian de mano entre Curro y Cristina, parte del ritual y, por televisión, se oyen las palabras de bienvenida del padrino: “las mujeres acariciáis mejor que los hombres y el toreo es acariciar…”, y a continuación padrino y testigo, rompen la tradición del abrazo al sellar la ceremonia con sendos besos en cada mejilla de la nueva matadora; mientras el público irrumpe con una sonora, emocionada y sostenida ovación… Así como premio a una carrera novilleril lustrosa, el sábado 26 de mayo del 1996 se consumó un momento histórico que convirtió a Cristina Sánchez en la primera mujer que recibiera la alternativa en Europa; a continuación vendría lo que es lo normal en esta mujer, grandes faenas, corte de oreja en cada toro y salida a hombros. Así la evalúa Vicente Zabala en el ABC de Madrid: “Cristina se saca el segundo de su lote a los medios con decisión. Le gana terreno con buenos lances a la verónica, para luego ponerlo en suerte galleando. La madrileña maneja el percal de maravilla. Embarca a los toros y los lleva muy toreados en su capote. En el último tercio salió a por todas para redondear el triunfo. Inicia la faena por alto y remata la serie con un ligado pase de pecho. La matadora se crece con la diestra y le enjareta la mejor serie de toda su labor. Sánchez ha adquirido un gran oficio… le receta a su enemigo media estocada… El público solicita unánimemente el segundo trofeo, que conduce a la torera a ser izada en hombros al final del festejo”. Y concluye: “Cristina Sánchez ha alcanzado todo un hito para una mujer… La joven torera de Madrid va a tener un sitio en el toreo. Un sitio que ella se ha ganado a base de sacrificios, mucha afición, mucha entrega y no poca dedicación…”. La mujer siempre ha representado un papel marginal en la tauromaquia; de objeto más que de protagonista. La plaza de toros es el ideal escenario para una mujer lucir sus encantos que son examinados por miles de machistas y con descaradas miradas. Es inconcebible ver un tendido sin mujeres atractivas o haciendo el paseo en el ruedo luciendo trajes típicos en adornadas carrozas o bien a caballo de amazona, o en palcos tocadas con sus mantillas, o en barreras desplegando los brillantes capotes de paseo que los toreros les lanzan, correspondiendo ellas con flores que les arrojan al triunfar. Se habla del sacrificio de la madre y esposa del toreo, de los amores reales o imaginados de este con famosas mujeres, los que la leyenda, la literatura, el cine, las coplas y la prensa y televisión enfatizan. Pero cuando la mujer ha tratado de ser sujeto del toreo, saltando del tendido al ruedo, hasta antes de Cristina, se quedaron cortas en el intento… Ya a finales del siglo pasado existían cuadrillas de “señoritas toreras” que según los historiadores, parece que de señorío tenían poco, pues daban espectáculos denigrantes donde eran el objeto de la mofa del público. Los repetidos escándalos promovieron en 1910 una Orden Real prohibiendo a la mujer torear en España. “La Reverta” era una de las más populares de estas toreras, y al implantarse la prohibición, continuó actuando como “novillero” con el nombre de Agustín Rodríguez. Nunca se llegó a saber su verdadero sexo… el paso dado por Cristina… ha derribado barreras sociales y culturales, conquistando un mundo machista que parecía impenetrable y que transciende la tauromaquia… Al terminar la Guerra Civil el dictador Franco reafirmó la prohibición, que continuaría en efecto hasta 1975 cuando unas novilleras, que no llegaron a mucho, aparecieron en España. En cambio la mujer era libre de jugarse la vida en los ruedos de México y de Hispanoamérica donde varias toreras, con más o menos éxito, lo hicieron como novilleras llegando varias a tomar una alternativa de no gran valía. En general podemos decir que todas estas toreras no fueron aceptadas en la profesión. Las plazas de importancias no se les abrían, los aficionados, taurinos y críticos no las tomaban en serio y en general los toreros evitaban alternar con ellas. A menudo las toreras competían solo entre ellas. Otras veces al compartir el cartel con colegas masculinos se anunciaban aparte, vestían diferente indumentaria y los cornúpetas eran de menor peso y apariencia. No obstante sus carreras fueron meritorias habiendo habido toreras con valor y arte que obtuvieron repetidos éxitos, aunque no eliminaron la discriminación existente. Quizás el problema común es de haber nacido a destiempo. Juanita Cruz, mexicana, Betty Ford y Patricia McCormick, estadounidenses, y “Morenita del Quindío”, colombiana, – con la que yo actué en una corrida mixta en Armenia, Colombia en 1959- torearon mucho y con éxito, en los años cincuenta. Raquel Martínez, mexicana, residente en California, tomó la alternativa en Tijuana en 1981 toreando mucho con la española Maribel Atienza, que también tomó la alternativa en México. En el rejoneo ha habido mujeres estrellas como Conchita Cintrón, pero el torear a caballo se considera diferente profesión… He discutido el papel pasivo y activo de la mujer en los toros para poner en perspectiva el paso dado por Cristina que, al ser aceptada por público, críticos taurinos y profesionales ha derribado barreras sociales y culturales, conquistando un mundo machista que parecía impenetrable y que transciende la tauromaquia. Veamos lo qué y como esta tenaz joven ha conseguido. Cristina nació en Madrid el 20 de septiembre del 1972. Desde niña quería ser torera, motivada por el ambiente familiar ya que su padre era torero. Al principio su padre se opuso pues conocía la dificultad del cometido, pero al su hija persistir la ayudó. Después del aprendizaje, en su primera temporada profesional en 1993, Cristina actuó en 34 novilladas cortando 51 orejas; 34 con 44 orejas el 1994; 34 con 61 trofeos en 1995 y completó 21 actuaciones con corte de 20 orejas esta temporada antes de su alternativa en Nimes. Se presentó en la Monumental de Madrid el 8 de julio del 1995 obteniendo un clamoroso triunfo con corte de una oreja en cada burel y saliendo a hombros por la Puerta Grande. El 3 de septiembre repetiría la gesta en Sevilla, donde también cortó orejas y salió a hombros. Dice el crítico Santi Ortiz que en Sevilla “el mayor logro de Cristina fue hacernos olvidar su condición de mujer. Inmersos en la faena… pendiente de su aguante sereno y de su saber estar delante de la cara del toro, hasta el menos aficionado olvidó cual era el sexo de quien vestía el traje de luces. En aquellos momentos hasta el más recalcitrante fauno del machismo le hubiese parecido esta una cuestión baladí”. Días después, el 24 del mismo mes, la llenaron de laureles en la mayor y más importante Plaza de América: la Monumental Plaza México. Leamos lo que Lily Colin escribió de su debut en el semanario Aplausos: “desde que hizo el paseíllo, bellamente ataviada…captó la atención de los presentes, lo que aparentemente costaría trabajo a este público asimilar, una mujer con mucho oficio, clase, valor, y por si fuera poco, carisma, en ella resulta absolutamente natural. Salida al tercio, ovación y una oreja ganadas a ley consiguió la madrileña…”. Y este año de 1996 en la Feria de Sevilla en abril y unos días después en San Isidro en Madrid, las ferias taurinas de más prestigio, Sánchez también triunfó en sus despedidas de novillera de esos públicos… Si sus éxitos profesionales han sido notables, no lo ha sido menos la manera tan digna como los ha conseguido. Haciéndose poco a poco profesional en los ruedos, compitiendo en iguales términos con lo mejor de la novillería; enfrentándose con toros serios; sin abdicar de su condición de mujer, ni usándola; sin recurrir a la prensa para quejarse de las barreras discriminatorias o sin pedir el apoyo de la ley o la opinión pública para remontarlas. Su aptitud se define con la ocurrida respuesta que la joven dio a un curioso reportero al instigarla éste a contestar que si encontraba discriminación sexual en el toreo: “señor, el toro no pregunta por el sexo del torero en la plaza”; a lo que yo añadiría “ni tampoco discrimina para dar cornadas y truncar carreras !” Suerte, Cristina Sánchez, mujer femenina, artista, valiente y torera!.

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