21 junio, 2021

RUIDO DE ESTOQUES. LA MEDALLA DE RIVERA ORDÓÑEZ.

La medalla de Rivera Ordóñez ha servido de excusa justiciera para hacer ruido de estoques, extrapolación taurina del golpismo militar (ruido de sables) y extremo de una alianza generacional bastante insólita entre la mano izquierda de Dios (Paco Camino) y el costado abierto del Mesías (José Tomás).

La medalla de Rivera Ordóñez ha servido de excusa justiciera para hacer ruido de estoques, extrapolación taurina del golpismo militar (ruido de sables) y extremo de una alianza generacional bastante insólita entre la mano izquierda de Dios (Paco Camino) y el costado abierto del Mesías (José Tomás). Ambos abjuran de sus galones porque Rivera Ordóñez ha contaminado la pureza de la distinción y es indigno de compartirla con ellos. La arrogante collera, pues, redunda en la verborrea de Morante de la Puebla (“es una vergüenza…”) y sobrentiende un ajuste de cuentas a los toreros del corazón. Sea porque anuncian angulas, sea porque despachan veneno y hiel en los folletones de Ubrique o sea porque bailan patéticamente la mazurka en el corralito de Anne Igartiburu… El problema es que la demonización de Rivera Ordóñez socava el fragilísimo tejido institucional donde se apoya y se desmaya el toro de Osborne. La medalla era una buena noticia porque beneficiaba a la profesión y subrayaba su normalidad entre las bellas artes. Pueden discutirse los méritos del premiado y preferirse otras candidaturas. También parece razonable cuestionar el alambicado e inverosímil razonamiento del jurado —se mencionan vagamente los méritos contraídos en 2001…—, pero la degradación de Rivera Ordóñez a una especie de monigote y de charlatán subestima los méritos del torero del mismo modo que demuestra la irremediable endogamia y ferocidad del mundo taurino… La prueba está en que Camino y José Tomás van a entregar sus medallas como un gesto de despecho. Es un desafío, un calentón etílico y una bravuconada, aunque la verdadera sorpresa de la iniciativa consiste en darle a la medalla un valor que no tiene y que nunca ha tenido. Ni es el Nóbel, ni es el Cervantes, ni es el Trofeo de la Galleta, tal como lo demuestra la relación de discutibles ganadores y como lo confirma aún más la nómina de toreros que han pasado a la Historia sin colgársela en la pechera… La polémica responde, por tanto, a una reprobación de los hábitos mediáticos con que algunos toreros, y no sólo Rivera Ordóñez, trivializan y vulgarizan el misterio de vestirse de luces. Puede asistirles la razón de fondo, pero la estrategia de vomitar los galones y de prenderle fuego al hijo de Paquirri — ¿se merecía el maestro la medalla?— equivale a un par de banderillas negras o de fuego en la estima y autoestima de la tauromaquia… NO SON LOS ANTITAURINOS QUIENES SE HAN REBELADO. SON LOS TOREROS.

Deja un comentario