25 septiembre, 2021

CRÓNICAS DESDE EL SOFÁ DE CASA MATÍAS.

Jueves 23 de abril. Toros de Victorino para Morante, que ha saldado la tarde con dos silencios y palmas; y El Cid que ha cosechado dos silencios y una ovación… Incomprensible. Esa es la palabra que más me ronda ahora mismo, después de presenciar la llamada corrida estrella de la Feria 2009, por la cabeza…

Jueves 23 de abril. Toros de Victorino para Morante, que ha saldado la tarde con dos silencios y palmas; y El Cid que ha cosechado dos silencios y una ovación… Incomprensible. Esa es la palabra que más me ronda ahora mismo, después de presenciar la llamada corrida estrella de la Feria 2009, por la cabeza… Incomprensible porque no logro comprender cómo un tipo como Victorino, que conoce como pocos su casa, manda un encierro tan impropio de su hierro a la corrida que más focos va a tener de las que ha mandado a Sevilla desde su debut en 1996… Incomprensible que los equipos veterinarios de una plaza de primera de la categoría de La Maestranza. Sí, han leído ustedes bien, La Maestranza, hayan aprobado un lote de toros con tan poco trapío, tan escurridos, tan mal rematados por atrás, donde el segundo destacó por encima del resto, en mal presentado, claro… Incomprensible que los aficionados que poblaban las gradas, algunos pagando auténticos disparates en reventa, no hayan montado la del siglo durante las dos horas largas que ha durado aquello, me niego a llamarlo festejo… Y después de esto uno se pregunta ¿qué les cuento a ustedes? ¿Cómo se puede hacer con tan pocos mimbres, y encima malos, un cesto donde recoger las palabras que testimonien lo que hoy ha pasado en el Coso del Baratillo? Pues habrá que atarse los machos y emular a Morante y El Cid para cubrir el expediente… Comencemos con una de esas florituras retóricas apropiadas para festejos, perdón, para tardes como estas. Así, y no miento en ello, podríamos decir que la tarde era de una expectación tremenda, donde se mezclaban aficionados deseosos de paladear faenas imperecederas en la memoria con un montón de figurones, y no me refiero a toreros precisamente, que más que a ver iban, como en ellos es habitual, a dejarse ver… En el patio de caballos, concentrados, Morante y El Cid esperaban, elegantemente vestidos. José Antonio había elegido un terno grosella y azabache y Manuel Jesús se había decantado por el blanco, en esta ocasión bordado con hilo de oro… Arrancó el festejo y salió el primero, paradójicamente en los libros de la ganadería había recibido el nombre de Estupendo. Y de admirable, asombroso o pasmoso, no tuvo ni la estampa. Morante lo recibió de capote, a la antigua usanza, sobre las piernas, en unos lances que de haberse inmortalizado en sepia nos hubiesen trasportado a otros tiempos y fechas. Ya en los capotazos para llevarlo al caballo puede empezar a vislumbrarse qué va hacer el animal en la muleta: frenazos y más frenazos. Podríamos seguir por esta senda y empezar a resaltar aspectos negativos, pero ¡basta ya!, bastante hemos tenido que aguantar durante toda la tarde para continuar echando sal en la herida, de ahí que vaya a optar por reseñar aquello que sí valió la pena… De Morante me quedo con ese saludo añejo al que me he referido. Pero sobre todo con el recibo capotero al quinto de la tarde, meciendo los brazos, ganando pasos al toro hasta dejarlo en la boca de riego con un legible “tus muertos”. No creo que a un toro de Victorino alguien lo haya lanceado de capote con esas hechuras de toreo caro, lo que demuestra que todos esos papanatas que se empeñan en decir que los albaserradas no se les puede veroniquear no son más que eso: pa-pa-na-tas Y luego, que hoy día como Morante hay pocos toreros que sepan mover los brazos en la verónicas de recibo. Estaba espoleado el de la Puebla por el quite del cuarto, en el que el de Salteras le había mojado claramente la oreja. Los espíritus alicaídos de los que estaban en la plaza y de los que veían por televisión se vinieron arriba, y un chispazo de gozo cruzó de este a oeste cuando con la muleta a dos manos, Morante, acariciaba barriendo el lomo de “Portusuerte”. ¿Habría suerte? La pregunta tuvo rápida respuesta cuando el toro se venció en el primer pase de pecho y la faena se volvió glacial. Y ahí se acabó el embrujo que había empezado a nacer en un ramillete de verónicas aladas… Conclusión: Muchos se preguntaban si Morante sería capaz de lidiar una corrida de Victorino, en mi opinión no sólo es capaz de lidiar sino que es capaz además de torearla. Ojala haya otra oportunidad de verle con estos toros, o mejor dicho, con toros de Victorino de verdad y no con lo que hoy ha mandado desde Moraleja, en la provincia de Cáceres, que por no tener no han tenido ni ganas de coger, salvo el sexto… Apostar por El Cid era hacerlo a carta segura. Manuel conoce a estos toros como ningún otro torero los ha conocido jamás. Y esta tarde ha escrito una nueva página en su historia particular. Ni uno de sus tres oponentes han valido para que Manuel Jesús cincelase con su poderosa mano izquierda una de esas obras de arte que ejecuta con precisión milimétrica. En el capítulo que hoy ha escrito le ha tocado redactar que en Las Tiesas también hay toros que no humillan, que no surcan el albero con el hocico. Y así es imposible crear. Lo más destacable el quite al cuarto, arrebatado, con dos y media provoca el alboroto. Luego con la muleta poco o nada ha podido hacer ante los dos primeros, gazapones y reponedores. En su segundo no acabó de levantar una faena donde el público empujó más que el victorino. Y en el sexto bis. Sí, han leído ustedes bien, hubo un bis, atrás quedaron los años en que el de Galapagar no embarcaba más que a seis de los suyos. Ese sobrero, que salió distraído y que conforme fue desarrollándose la faena ganó en sentido se produjo el susto de la tarde, cuando El Cid sufrió una tremenda voltereta, que pudo pasar a mayores al hacer el toro hilo y prender al torero de la axila. Afortunadamente no hubo que lamentar más que el susto… Hubo momentos en los que imaginé que así serían aquellas corridas de las que hablan los viejos libros de historia taurina donde lo único destacable, y por lo que se pagaba la entrada, era aquello que se hacía con el capote, sobre todo en quites, y la muleta sólo era un mero trámite para preparar la muerte. Claro que entonces la lidia se basaba en el caballo y hoy se ha picado rematadamente mal. Ni un sólo puyazo en su sitio, la mayoría traseros. Puede parecer insignificante el dato, pero de una buena suerte de varas a una mala puede variar mucho que un toro tenga un comportamiento distinto en la muleta… En fin, que una vez más se cumple el viejo axioma de tarde de expectación…ya saben… Hemos gastado el cohete gordo de la traca y no ha explotado, esperemos que los medianos retumben fuerte… Comenzaremos a comprobarlo mañana.

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