27 octubre, 2021

¡TERCERA LLAMADA ALFREDO, TERCERA LLAMADA!.

Quien afirme que la vida es fácil, no ha vivido. La gran contradicción de llegar a ser lo que marca el potencial y la realidad que se vive ha derrumbado a muchos. Causa mucha amargura en algunos que quisieron ser pero no llegaron no por falta de oportunidades o de talento sino por falta de carácter y de tenacidad. En esto de los toros y los toreros, no hay segundos lugares.

Quien afirme que la vida es fácil, no ha vivido. La gran contradicción de llegar a ser lo que marca el potencial y la realidad que se vive ha derrumbado a muchos. Causa mucha amargura en algunos que quisieron ser pero no llegaron no por falta de oportunidades o de talento sino por falta de carácter y de tenacidad. En esto de los toros y los toreros, no hay segundos lugares. No existe el repechaje ni “nos vemos el próximo torneo”. Pero por más difícil que es vivir la vida, ella muchas veces nos compensa, nos da la oportunidad de redimir ciertos errores y retomar la posibilidad del éxito. Pero esto se gana, no llega por sí sólo. Por eso es que con mucho júbilo me enteré de la noticia del nuevo apoderamiento de Alfredo Gutiérrez y el compromiso ya firmado de darle por lo menos veinte festejos en un año. Era de esperarse esta nueva etapa de Alfredo pues eran muchos los que coincidían al verlo torear de algunos meses hacia el presente que anda en muy buen momento; y es que nadie nunca discutió la falta de temple, arte o valor de Alfredo, el “pero” siempre era otro. Uno complicado. Unos que sólo él y la madurez podían solucionar. Desde sus inicios cómo novillero su futuro era sumamente promisorio. A leguas se notaba que tenía todos los atributos para llegar lejos dentro de los ruedos. Y llegaron las oportunidades. Bastantes, pues es de los toreros mexicanos que más a toreado, comparándolo con otros de su misma camada. Mostraba destellos de genialidad en ocasiones, inclusive en la misma plaza México, mientras en la provincia sumaba fechas y mostraba su carisma y calidad tarde tras tarde. Pero mientras las fechas se acumulaban los triunfos contundentes no llegaban, inclusive de pronto optó por cubrir el segundo tercio quizás en un intento de renovarse. El tiempo no detuvo su marcha y se colocó dentro de la casa de apoderamiento de José Manuel Espinosa, y algo pasó que hizo que las cosas no funcionaran del agrado de ambos y vino la separación. Hay quien dice que el carácter de ellos no compaginó, pero lo cierto es que al final del día se decidió romper la relación. Sobrevino un letargo, un espacio de navegar a la deriva. Repito, muchos coincidían en comentar el gran talento de Alfredo para lidiar reses bravas pero a veces daba la impresión que algunas cosas le llenaban más el pensamiento que el torear. Y el torear no admite rival. O se es o no se es. O te entregas o el mismo toro te quita. Creo que Alfredo por fin todo esto lo asimiló y ahora está convencido de lo que tiene que hacer. De lo que le marca el destino. De no ser así dudo mucho que el reencuentro entre Alfredo y José Manuel se hubiera suscitado. Este capítulo está a punto de iniciar y el porvenir le llama a escena. ¡Tercera y última llamada torero!…!Venga!.

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