19 septiembre, 2021

CHARLAS TAURINAS… IMBORRABLES RODRÍGUEZ Y “POETA”.

Al ser cuestionado cualquier aficionado a los toros sobre la faena más trascendental de las realizadas un 25 de abril y sea alguien más o menos enterado, es decir inquieto y curioso, preocupado en hurgar en la historia de la “Plaza San Marcos” y la “Monumental Aguascalientes”, responderá como primera opción: la de Rafael Rodríguez, al toro “Poeta” de la ganadería de “San Mateo”…

Al ser cuestionado cualquier aficionado a los toros sobre la faena más trascendental de las realizadas un 25 de abril y sea alguien más o menos enterado, es decir inquieto y curioso, preocupado en hurgar en la historia de la “Plaza San Marcos” y la “Monumental Aguascalientes”, responderá como primera opción: la de Rafael Rodríguez, al toro “Poeta” de la ganadería de “San Mateo”… Sabemos que hay otras hazañas toreras que podrían ocupar el tema de alguna de las charlas taurinas, sobre todo en aquellos aficionados de ahora, los cuales no vieron al llamado “Volcán de Aguascalientes” enfundado en el terno de luces en alguna ocasión, por simples razones de edad y en particular la de “Poeta” al haber sido realizada el 25 de abril de 1959. Precisamente hace 50 años… En mi caso, como lo conté en mi texto “Con estos ojos”, publicado en el libro que sobre Alfonso Ramírez “Calesero”, editado por la oficina de asesores, en el gobierno de Felipe González, me la perdí por simples razones de elección, pues mi padre sólo nos daba dinero para una sola de las corridas de la feria y preferí ir a la del 24. En rigor la única ocasión en que vi este trasteo fue durante un homenaje a Rafael Rodríguez en el restaurante “Tío Luís”, ubicado en la Condesa, en la ciudad de México. No recuerdo bien que grupo taurino lo organizó, pero se corrió la voz entre los aguascalentenses que residíamos en el DeFe en 1980, para acudir a esa cena. En mi caso fue el licenciado Javier González Gutiérrez, compañero de la primaria en el colegio Portugal, el cual a su vez fue avisado por Guillermo Mora Tavares… Fue una velada harto interesante en la cual la presentación estuvo a cargo de don Pepe Alameda, vertiendo elogios y remembranzas sabrosas sobre el andar del torero por los ruedos. Rafael Rodríguez no se quedó atrás en su alocución, obviamente argumentando su motivación para hacerse torero, más allá de la inmediata de conseguir un poco de dinero que le hiciera salir de su estrechez económica. Es decir, una vez que se volvió triunfador y tuvo holgura monetaria, llegó la necesidad de manifestarse a través del toreo, como manera de comunicarse emocionalmente y en el retiro la búsqueda de expresarse a través de la poesía. En tanto Ramón Ávila Salceda nos saturó, en el buen sentido de la palabra, con su colección de películas en 8 y 16 m.m. de faenas de Rafael, captadas por él en su peregrinar al seguir al torero por diversas plazas, entre las cuales estaba la de “Poeta”, la cual, por cierto, motivó que un grupo de aficionados que la vieron en “vivo y en directo”, mandaran realizar una placa conmemorativa, siendo la primera de su género que se colocó en el lugar del logro, la plaza “San Marcos”… Ahora cedamos el uso de la palabra al gran cronista, recientemente fallecido, Jesús Gómez Medina, la popular “Mula Gómez”, testigo de la hazaña, para evocar la egregia figura de Rafael y el sanmateíno “Poeta”, tal y como lo público en su crónica de la corrida el 26 de abril en el diario “El Sol del Centro”… “EL TOREO, CARICIA SUAVE”… “Es teoría belmontiana, ratificada con la autoridad de Rafael “El Gallo”… “-Para torear bien- díjole una vez el “Divino Calvo” a su hermano Joselito-; para torear bien hay que acariciar”… “¡Acariciar! ¡Templar!… Convertir el esforzado juego que crearon los rudos lidiadores dieciochesco, en un espectáculo impregnado de ritmo, de armonía y de estética: ¡he aquí la gran conquista y el mayor timbre de gloria de “El Pasmo de Triana!”… “Y bien: ¿qué, sino esto, realizó ayer Rafael, cuando toreaba de muleta al maravilloso sanmateíno? Evoquemos la escena:”… “Acometía el noble bicho suavemente, templadamente, con el hocico al ras de la arena; y Rafael, “convertidas las piernas en estacas”, lo prendía en el engaño y tiraba de él lentamente, rítmicamente, interminablemente. ¡Aquellos inacabables derechazos, plenos de armonía y de mando, en los que se volvió realidad el toreo en redondo! ¡Aquellos prodigiosos muletazos en los que el torero obligó al astado a girar pausadamente en su derredor, mientras la plaza entera sacudíase a los efectos de un latigazo de emoción! ¡De emoción artística!”… “¡El toreo, caricia suave!…”… “Caricia, sí; pero, también solidez y firmeza. Señorío total del hombre sobre la bestia. ¡Torerísmo!”… “Tal fue la gran faena de Rodríguez al tercer; y aunque en menos grado las mismas virtudes durante su trasteo con el sexto”… “Porque Rafael que había puesto la plaza boca abajo cuando pasaba de muleta a su primero, amén de las dos orejas y el rabo de este imponderable burel y de las numerosas vueltas al ruedo realizadas entre una ovación atronadora, interminable, efectuó idéntica cosecha de apéndices con el sexto y, finalmente salió de la plaza en hombros”… Sólo un fragmento de una gran crónica, para tener presente una faena inmortal.

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