21 septiembre, 2021

CARLOS ANTONIO CAMPOS MORENO, “CARLOS MORENO”…

Con total seguridad el nombre de Carlos Moreno no le dice gran cosa, sin embargo si le digo que él mismo lo cambio por el de Antonio Campos y al cual agregaron posteriormente, por la obviedad “del asunto”, el sobrenombre de “El Imposible”, rápidamente sabrá de que y de quien hablo…

Con total seguridad el nombre de Carlos Moreno no le dice gran cosa, sin embargo si le digo que él mismo lo cambio por el de Antonio Campos y al cual agregaron posteriormente, por la obviedad “del asunto”, el sobrenombre de “El Imposible”, rápidamente sabrá de que y de quien hablo… Antonio, perdón, Carlos hace ya, hoy, 57 años que se presento sin mayor suerte en la plaza “México”, antes, en 1945 el 14 de junio, lo había hecho en el vetusto “Toreo” de la Condesa y sin mayor suerte abandonó el coso… Su verdadero nombre era Carlos Antonio Campos Moreno y fue un largo peregrinar por todos lados buscando hacerse torero, nunca desistió a pesar del fracaso de su debut capitalino, al contrario, eso le dio fuerzas para seguir luchando y en ese tortuoso camino encontrar la inspiración para crear el pase que le llevó a la fama… Notamos que hubo de cambiar de nombre, de Carlos Moreno a Antonio Campos y así llega a la plaza de “Cuatro Caminos” el 3 de julio de 1960 y es donde da a conocer esa rara, y difícil, suerte a la que bautizaron como “El Imposible”… Esta suerte, que no deja nada a la eventualidad, debe de realizarse con milimétrica exactitud, comienza su ejecutor con la muleta de frente y pegado a tablas, el torero poblano, su inventor o creador, siempre lo hizo pegado a las tablas aunque por ahí digan que era en el centro de los ruedos, como si se fuese a pegar un pase de pecho, el toro o novillo a distancia, midiendo la fuerza de la embestida, templando sus movimientos con la fuerza de la embestida y haciendo un giro de 360 grados el cuerpo y en sentido inverso, sin quitar el engaño de su original posición en esa vuelta, quedar preparado para dar una “arrucina”, desde luego que con el necesaria rotación de la muñeca de la mano derecha para acomodase y efectuar el pase invención de Carlos Arruza… Pues después de todo esto y llamar fuertemente la atención de publico y medios de comunicación, es que logra regresar al llamado “Embudo de Insurgentes”, el 14 de agosto de 1960, alternando con Felipe Rosas y Jaime Rangel, con novillos de “Cerro Gordo” y en definitiva es que “despega” y logra torear por todo el territorio nacional como novillero sensación… El 12 de junio de 1961, tomó la alternativa en la ciudad de Tijuana, Jesús Córdoba fue el padrino del doctorado y lo atestiguó Raúl García, con ejemplares de “Javier Garfias”… Confirma en el Distrito Federal el 9 de febrero de 1964, le cedió los trastos Alfonso Ramírez “El Calesero”, ante el sevillano Diego Puerta, con toros de “Tequisquipan”, llamándose “Soldadito”, el ejemplar del doctorado… Fue a España y causo furor por su valentía, por lo extravagante de su pase, y de otros de su invención, plazas de importancia lo reclamaron, Barcelona, Málaga, Palma de Mallorca, Madrid, de donde salió con un apéndice cortado a toda buena ley. Desgraciadamente muy seguido fue herido y un silencioso enemigo lo rondaba, su eterno cansancio lo achacaba a las heridas sin sospechar que el cáncer lo había invadido, el páncreas fue el órgano mas afectado, opto por regresar a esta su tierra y descansar para retomar fuerza y ánimos, pasados unos meses reaparece en los ruedos y fue la tarde del primero de marzo de 1964 la que sería la ultima en la plaza “México”, lo hizo junto a Álvaro Domeqc, a caballo, “El Calesero” y Procuna… Su epílogo lo marcó el destino el 28 de diciembre de 1964 y de ahí hasta la fecha su recuerdo, su valentía, su inspiración creativa y el aferrarse al amor de su profesión, nos hacen recordarlo. Me parece todavía verlo recorrer “sus” calles de “Republica de Cuba”, con el semblante amarillento por su enfermedad, desencajado, con andar cansado, las largas platicas con uno de sus más fieles amigos, con Fernando Méndez, “El Magañitas” y sobre todo, no se van de mi mente, las tardes que en la ciudad de Durango, su hija Lucero, me enseñaba el álbum familiar, se le veía sonriente en el bautizo de la hoy bailarina de flamenco, las cuitas que nos confiaba su eterno acompañante del cual desgraciadamente no recuerdo su nombre o mas allá que esta refugiado, espero que viva, en el cuidado de la limpieza de una iglesia católica en esa ciudad… Hoy pues, recordamos que hacen ya 57 años, la plaza México vio el debut de un torero que lidió con paciencia y valor, los tropiezos normales y lógicos que la vida nos pone y que quienes caen en el desanimo, pierden la batalla antes de comenzarla… ¡Que en paz esté este valiente torero poblano!… Nos Vemos.

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