21 septiembre, 2021

CHARLAS TAURINAS… JOSÉ TOMÁS Y SU ARMONÍA CON “AIROSO”.

Tres parones le permitieron a José Tomás medir la embestida de “Airoso”, segundo de la tarde, para después ligar siete extraordinarias verónicas, embarcando al astado en cada una de ellas, con una cadencia soberbia que nos llevaron a recordar, por el hieratismo de su figura, a Santiago Martín “El Viti”.

Tres parones le permitieron a José Tomás medir la embestida de “Airoso”, segundo de la tarde, para después ligar siete extraordinarias verónicas, embarcando al astado en cada una de ellas, con una cadencia soberbia que nos llevaron a recordar, por el hieratismo de su figura, a Santiago Martín “El Viti”. Y la manera en que abre el compás, en que aunque le da largueza al trazo, no lo es en demasía, como para que el burel se vaya “lejos” hasta allá, es simplemente la distancia justa para volver a citar, con el mínimo de reponer terreno y dar el pase de forma de trasmitir la sensación de que efectivamente el capote de “el Príncipe de Galapagar” servirá de “sudario” para limpiar al burel con suavidad su cuerpo y se justifique, precisamente, el nombre de “verónica”, por la distancia mínima en que pasa el astado, dando la impresión de que se embarrara en el capote. En tanto para Juan Castaingts le regresó al “Calesero” en sus tardes soberbias con la capa. Seguramente otros aficionados tengan su propia comparación señera, pero no tengo duda que esas siete verónicas han quedado grabadas en el Olimpo de la tauromaquia… La tarde podría haber terminado en esos momentos y habría valido la pena el caro boleto para ese esplendoroso 25 de abril de 2009, en la “Monumental de Aguascalientes”. Sin embargo el de Galapagar, después que el de a caballo solo señalo un picotazo, se llevó a “Airoso” al centro e instrumentó tres ceñidas chicuelinas, sobre todo una de ellas en que aún no me explicó como no fue arropado… salvo el prodigioso juego de sus manos que con un leve manejo de ellas, cambia con una suavidad imperceptible el viaje del burel… Con la franela, como suele hacerlo, inició con estatuarios. Tres en esta ocasión. Un molinete para ligar 4 naturales, prendiendo la algarabía en los tendidos, presintiendo la faena grande. Y otra serie de naturales rematados con uno enorme de pecho. Vinieron cadenciosas series de derechazos y culminar con seis estrujantes manoletinas. Falla en el primer intento con el estoque, pinchando en lo alto. Al segundo intento logra meter la tizona. Petición unánime de oreja. El juez, Manuel Ramírez de la Torre, se hace un poco el remolón y otorga una para sentarse y dejar que se diluya la posibilidad de una segunda… Según el Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado Grijalbo, una de sus acepciones de cadencia es la de “Armonía y perfecta disposición entre diversos elementos, como acentos, silencios, pausas” y otra que nos ofrece es “Exactitud entre la música y los diversos pasos de una danza”. Y cuando decimos que José Tomás ha toreado con cadencia, buscamos señalar la disposición para armonizar con el toro, para ir estableciendo conforme al ritmo de la embestida del burel, una faena suave, templada y sobre todo limpia, a partir de la serie de pausas que imponían las débiles condiciones del animal, sin que después de los obligados “silencios”, el torero perdiera el temple, para continuar con una exactitud armónica la danza establecida entre el lidiador y el pupilo de “Teófilo Gómez”… Al inicio del festejo se le entregó a José Tomás un reconocimiento por haber realizado la mejor faena del serial “San Marcos 2008”. Y sin saber que la epidemia de influenza cortaría de tajo con la continuación del serial 2009 en lo particular y de la “Feria Nacional de San Marcos”, ya había puesto, con lo realizado a “Airoso”, muy cuesta arriba la competencia por la posible declaración de este año. Para nuestro gusto la instrumentada con “Airoso” ha sido superior a la del 2008, cuando al burel de “Teófilo Gómez” le cortó dos orejas, en un cartel acompañado por Eulalio López “Zotoluco” y Víctor Mora. Con “Airoso” no ha perdido un ápice de su valor y su propensión en la búsqueda de que en su embrujado recorrido, los pitones del astado pasen a la mínima distancia de su taleguilla; pero a diferencia del año pasado, ahora José Tomás trasmitía aplomo, serenidad y gusto en su capacidad para dominar a la bestia, en tanto el 25 de abril de 2008 comunicaba angustia, temeridad y parafraseando a José Alfredo Jiménez: “era un torero buscando la muerte”… Lo cierto es que “El Príncipe de Galapagar” es un fuera de serie y más allá del relativo y circunstancial corte de apéndices derivado de sus hazañas en el ruedo, estas en lugar de irse diluyendo conforme transcurre el tiempo, se van avivando y magnificando, o tratando de denostarlas en los diversos conciliábulos de aficionados, porque estamos ante un fenómeno que provoca la pasión por su tauromaquia, ante la cual, más allá de gustos y prejuicios, lo único a lo que no incita es a la indiferencia. Una vez que se le ha visto, no se le puede olvidar.

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