20 octubre, 2021

EL SABROSO MIEDO DE SENTIR MIEDO…

Siempre me he preguntado el porque, todo aquel que se viste de luces, al partir plaza, se lía el capote de paseo del lado izquierdo.

Siempre me he preguntado el porque, todo aquel que se viste de luces, al partir plaza, se lía el capote de paseo del lado izquierdo. La verdad no lo se, tampoco me quita el sueño mi desconocimiento, lo que me emociona es ver lo cerca que se lleva esa zurda mano del vientre, de ese lugar en donde se anidan las mariposas que nos revolotean cuando nuestro corazón esta al máximo de revoluciones, al paso del infarto. Ese miedo todos lo hemos sentido por una u otra razón, de niños nos sucedía por no llevar la escolar tarea, por el temor ante los exámenes, por los miedos de reprobar, hasta por la oscuridad de nuestros cuartos, miedo a la incertidumbre, miedos al fin… Pero al miedo que quiero describir es un “miedo”, encomillado, “sabroso”, también encomillado, muy diferente a todos. Hablo de un temor a lo desconocido, al fracaso principalmente, a que los sueños se desvanezcan antes de que lleguen y a solo unos instantes de que se puedan dar, me refiero a lo que se siente al estar “cobijados” con un capote de paseo en un pasillo o túnel, como lo es el que lleva al ruedo, el que inicia en el patio de cuadrillas, y el elegante capote que se lleva en el vientre y por lo general muy apretado, sobre el “nido de las mariposas” y a solo unos cuantos centímetros del músculo mas grande del cuerpo humano… ¡EL CORAZÓN!… Creo que es muy comprensible la pregunta que me hago… ¿Acaso va en ese lugar para que esas altas frecuencias cardiacas le recuerden que esta ahí por su gusto?… ¿Se coloca así para recordarle que la vida se le puede escapar y que de irse es mejor que haga lo suyo con dignidad?… ¿Será para recordarle que tiene seguidores y se debe a ellos?… No soy funesto ni trágico, la fiesta encierra muchos misterios pero lo que se pretende es eso, o cuando menos es lo que se intenta, se proyecta, que sea una fiesta, una fiesta que contagie a todos de la algarabía buscada, de ese otro alto palpitar entre el publico que va con la idea de emocionarse, de “contaminarse”, con las posibles transmisiones que les contagie el que ha cambiado la seda por el percal y de conjugarse todo esto, nos dará por resultado que felizmente encontramos lo buscado, salir de los cosos contentos y con la esperanza de que ya no caiga en ese letargo que nos sume en la desesperación y que como resultado, lo único que deja ver es el gris del cemento de las gradas ante la soledad de los cosos… Ese capote tan elegante y costoso que lucen las figuras, esas destartaladas muletas que usan para partir plaza por los pueblos los humildes novilleros, hacen la misma función, arropar un cuerpo lleno de ilusiones, de temores morales, dudosamente físicos, temores a una silbatina que tarda mas en cicatrizar que una herida con 20 saturaciones, ese capote que “cobija” al torero para iniciar un festejo, irónicamente no se usa en la lidia, es solo el adorno que le brinda la oportunidad al torero de sentir a las mariposas y los latidos del músculo que mas trabajo tendrá en esa tarde, el corazón, y quien no sientas estos síntomas, quien llegue a la plaza sin corazón, sin mariposas y miedo, ya podrá ir pensando en dedicarse a otros menesteres, vestirse de torero es solo para hombres, o mujeres… que sepan tener y vencer el miedo… De preferencia que sepan llorar, que sepan y quieran aceptar que un humano se sensibiliza con el miedo al estar mal y que en ciertas tardes las cornadas son “bienvenidas”, están dentro de las leyes personales de quienes saben llevar con dignidad sus sueños profesionales… A otra cosa… Nos Vemos.

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