17 septiembre, 2021

TOREROS MEDIÁTICOS Y AFICIONADOS IDÉNTICOS

Fue hace algunos años que los hermanos Manuel y Guillermo, ambos hijos del recién finado maestro don Manuel Capetillo, hicieron el paseíllo en una de las dos plazas que entonces tenía la ciudad de Tijuana, no repaso si fue “El Toreo” de Tijuana o la “Plaza Monumental de Playas”.

Fue hace algunos años que los hermanos Manuel y Guillermo, ambos hijos del recién finado maestro don Manuel Capetillo, hicieron el paseíllo en una de las dos plazas que entonces tenía la ciudad de Tijuana, no repaso si fue “El Toreo” de Tijuana o la “Plaza Monumental de Playas”. Lo que si recuerdo con claridad es que esa tarde los tendidos se vieron muy poblados de bellas damiselas por do quiera; es más, si mal no recuerdo el patio de cuadrillas pocas veces estuvo tan poblado cómo en aquella ocasión y el despeje de cuadrillas se dilató unos minutos por el número de mujeres que solicitaban autógrafos o se tomaban fotografías con los dos galanes. Entre tanta expectación por la mera presencia y fisonomía de los dos toreros bien enfundados en sus taleguillas (“taco de ojo” para las damas) se perdieron unas hermosas verónicas de Memo y unos derechazos eternos de Manuel; pero con todo y eso, la mitad del cónclave estaba feliz de ver a los dos últimos toreros mediáticos que ha tenido la torería mexicana y para variar otro tanto se dedicaba a gritarles burlas e insultos. Los dos sabían sus condiciones de toreros y el compromiso de dicha borla por lo que su labor en los ruedos siempre era cuesta arriba. Es más, para Guillermo aun lo sigue siendo pues no falta quien ante su mera presencia, sin pegar un lance, lo empiece a reventar. Para mi particular gusto Guillermo es uno de los toreros con los que más disfruto ver torear. Hace las cosas complicadas de una manera sumamente sencilla y atesora ese sello tan importante en cada suerte que realiza. Claro, ocupa un toro con ciertas características para que sus virtudes cómo torero resalten a la vista, pero el arte y el temple están en él. Por otro lado Manuel Capetillo no se queda muy atrás y aunque es menos consistente que su hermano (que es decir bastante) y rara vez torea, de pronto tiene destellos de arte que elevan su forma de torear a lo sublime. Sin embargo, el caso es que ambos toreros han cultivado triunfos tanto en los ruedos cómo en las telenovelas y revistas de espectáculos del país. Sin llegar a lo mediático de Rivera Ordóñez, “Jesulín de Ubrique” o “El Cordobés”, todos ellos actualmente los más vistos en las revistas “HOLA” de la península Ibérica, lograron la fama a través de sus dos profesiones. Lástima que hubo gente que nunca quiso ni siquiera voltear a ver torear a los hermanos Capetillo en su mejor momento, pues se perdieron de algo hermoso y bien hecho, pero lo mediático nunca ha sido inhibidor de ideático.

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