17 junio, 2021

LA EVOLUCIÓN DE “PATANEGRA”.

La clínica de la Facultad de Veterinaria de la Complutense es un hervidero de medios de comunicación. En el hospital universitario no recuerdan una expectación semejante. «Patanegra», dentro de su rebeldía y con un vendaje de medio metro, posa con elegancia para los fotógrafos.

La clínica de la Facultad de Veterinaria de la Complutense es un hervidero de medios de comunicación. En el hospital universitario no recuerdan una expectación semejante. «Patanegra», dentro de su rebeldía y con un vendaje de medio metro, posa con elegancia para los fotógrafos. Pero a veces se impacienta y da la impresión de querer saltar los barrotes del box hasta alcanzar las praderas de Estella. Su dueño, Pablo Hermoso de Mendoza, lo templa con dulzura. La joven estrella de su cuadra ha sufrido un cornadón de caballo. Dentro de su gravedad, la evolución es satisfactoria. Un toro le sajó literalmente la barriga en una imagen espeluznante que conmocionó a toda la plaza el pasado sábado en San Isidro. Aquella terrible instantánea rememoró tiempos remotos, cuando los caballos sin peto yacían reventados en la arena. «Patanegra» fue trasladado en el camión de su jinete hasta el citado hospital y en el quirófano de Grandes Animales fue operado durante cuatro horas. Explica el jefe de servicios de Cirugía de Équidos, Jaime Goyoaga, que llegó «en muy mal estado, deshidratado y con una tremenda eventración del intestino delgado». «La cirugía —indica—, llevada a cabo por Ramón Herranz, consistió en una resección del intestino no viable»… Compleja cirugía… Toma las riendas Hermoso de Mendoza: «Fue complejo. Sacaron toda la parte intestinal fuera de la cavidad abdominal y lavaron centímetro a centímetro todo el intestino para asegurar que no había ninguna rotura. Extrajeron la parte necrosada, unos tres metros (su intestino tiene alrededor de 40 metros), y los trozos de costillas rotas. También le hicieron una transfusión de sangre de otro caballo»… Aunque aún no ha finalizado el periodo crítico, los veterinarios aseguran que el postoperatorio «está siendo muy bueno». Un síntoma favorable es la ausencia de fiebre. «Al día siguiente de la operación, el cirujano se sorprendió. Me decía que nunca había visto nada semejante. “Patanegra” estaba alegre, pedía comida constantemente y quería salir de la caballeriza», cuenta el estellés. Conectado a grandes bolsas de suero, «Patanegra» evidencia un hambre voraz: «Le han dado un poquito de heno y se lo ha comido con unas ganas inmensas», relata el jinete mientras su montura pretende ingerir hasta sus manos. «Desea comerse todo. Hasta las cuerdas»… Riesgo de infección— El navarro confía en su total recuperación, pero es consciente del alcance de la cogida. «Hay que seguir poniéndole antibióticos durante ocho o diez días para evitar que haya alguna infección o peritonitis. Lo peor ha pasado, pero sé que la cosa se puede complicar y tenemos que ver si tolera bien los alimentos». Si prosigue su ritmo favorable, podría recibir el alta en unas dos semanas. «Mis hijos están como locos por verlo cuanto antes en nuestra finca», comenta… Las miradas se cruzan. Toda una vida a caballo, su cuadra es parte ya de su familia. Y «Patanegra» es uno de sus «niños». Sus primaverales cuatro años colaboran a esta «sorprendente» evolución: «Su capacidad de recuperación es fantástica gracias a su tremenda condición física. Es muy activo, nervioso y nunca para», señala el caballero. Harto de los flashes, de repente el caballo relincha; de nuevo pretende huir y galopar. Lo anuncian sus ojos, espejos de azabache duros cual escarabajos de cristal negro juanrramonianos. Pero este «Patanegra» no es blando ni de algodón por dentro como «Platero», sino duro como una roca. Pablo, el hombre que susurra a los caballos, no oculta su dolor por este trance. Sus ojos se empañan perdidos en la piel tostada de «Patanegra»: «Sentí una impotencia tremenda. Hay percances en los que se reparten los golpes, pero yo salí intacto y me invadió un sentimiento de culpabilidad». Buscó salvar la vida de su corcel y se abalanzó sobre el murube de Bohórquez. «Me metí en medio para hacer una pared. Estaba a merced del toro, que no obedecía a los capotes», evoca. En su apabullante currículum de más de 1.600 corridas, la figura nunca había vivido tan terrible situación: «Durante la faena tuve sensaciones muy dramáticas. Creí que iba a fallecer. Veía a mi gente con “Patanegra” y aquel pitón con su sangre. El público se quedó triste. Y quise lavar aquella imagen…» Hermoso de Mendoza da las claves del suceso: «Me puse en una distancia más corta de lo habitual. A eso se añadió que, en esa lluviosa tarde, el caballo salió más frío, el piso se encontraba peor y sus músculos no respondieron tan rápidos a la reacción del toro». Y habla del interés despertado: «Ni cuando yo me partí la pierna me llamó tanta gente. Las muestras de afecto son inmensas». Los muchos curiosos que rodean al castaño lusitano, atendido con sumo esmero por el equipo del hospital, se preguntan si el cuadrúpedo torero regresará a los ruedos. Afirman algunos veterinarios que los animales suelen sentir profundo temor ante situaciones en las que ya han palpado el peligro y el dolor. ¿Habrá perdido el sitio «Patanegra»? «Sé cómo es su carácter y cómo ha sido su preparación; posee casta. No tengo ninguna duda de que, si se recupera físicamente, toreará y lo bordará». Palabras del rey del toreo a caballo.

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