12 junio, 2021

EL MOMENTO DE LA VERDAD

De todas las suertes del toreo, la que quita o la que da es la suerte de matar; puedes haber hecho la faena perfecta, pero hay que rubricarla con una estocada que ponga fin a la obra de arte realizada.

De todas las suertes del toreo, la que quita o la que da es la suerte de matar; puedes haber hecho la faena perfecta, pero hay que rubricarla con una estocada que ponga fin a la obra de arte realizada. Creo que de todas las suertes es la menos estética y sino digan ustedes: ¿En cuántos lienzos la han visto plasmada? ¿Y que tal en estatuillas? En ambos casos y con temor a equivocarme les afirmo que la respuesta debe ser muy pocas. Eso si, sí por naturaleza no es bella sin duda que su embrujo consiste en la contundencia y su gran exposición al ser realizada debidamente. Entre las maneras más ortodoxas en su realización está matar a “Volapié”, “Recibiendo” y “Al encuentro” por mencionar las principales. En todas ellas se pierde momentáneamente la cara del toro al ejecutarla pues la vista se enfoca sobre el hoyo de la agujas y ahí estriba el peligro y, su verdad. Es una suerte que no admite traición. No hay medio tintes. O te entregas o no pasa nada. Y con gran desconcierto cada vez veo más lo segundo que lo primero. Muchos cortes de trofeos pasan de largo por los defectos a la hora de matar. No soy profesional del toreo por lo que no puedo dar una cátedra sobre la técnica correcta para hacer la suerte; pero me limito solamente a comentar algo: Muchos toreros actuales de nuestra baraja taurina carecen precisamente de contundencia al entrar a matar. No sé que tanto la practiquen o que también conozcan el mecanismo para accionarla correctamente, pero algo está carente es sus comparecencias. Es más el sábado vimos en la realización del Festival en la Plaza México para niños terminales, los dos extremos de cómo se debe realizar la suerte. Manolo Mejía la cobró de manera irrefutable. Pero hubo quien inclusive se dejó ir derecho sobre la cuna del toro sin vaciar la suerte con la muleta que portaba en la mano izquierda. Y otro no quiso saber mucho del asunto, cerró los ojos y cuando menos pensó el estoque estaba enterrado sobre el toro. A veces el pinchar resulta inverosímil si se realiza la suerte de la manera correcta. La gente lo agradece. Lo aprecia y lo aplaude, haciendo que ese momento sea realmente de verdad absoluta.

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