18 junio, 2021

COINCIDIR.

Que bonito es cuando las cosas coinciden. Tal pareciera que se acomodan los sentidos para vibrar el mismo sentimiento. Hace años, en la década de 1980, en Tijuana había un torero en activo, Ismael Gómez “Mayito”

Que bonito es cuando las cosas coinciden. Tal pareciera que se acomodan los sentidos para vibrar el mismo sentimiento. Hace años, en la década de 1980, en Tijuana había un torero en activo, Ismael Gómez “Mayito”, que realizaba lo inimaginable para muchos: Hacía que el público en masa coincidiera en su criterio y se levantaran de sus butacas para sonarle las palmas. No importaba si las banderillas no siempre lucían en lo alto de morrillo o eran colocadas a cabeza pasada. Era inverosímil sí exageraba en torear con las rodillas en tierra y algo eléctrico. Bastaba que volteara a ver los tendidos después de una tanda y esbozara su clásica sonrisa para que el público se le entregara. Ese público que es en verdad quien “quita y da”. Ese que hace o deshace figuras según su preferencia. El que en verdad mantiene la fiesta. No faltábamos los puristas que todo rompemos y nada arreglamos que nos volteábamos a ver incrédulos cuando los tendidos se volcaban a favor del torero de Tijuana y los gritos de ¡Torero, Torero! retumbaban por el hoy inexistente Toreo de Tijuana. Pero la gente salía contenta de la plaza, y el domingo siguiente regresaba gustosa a ver torear al ídolo de Tijuana. Tuvieron que pasar algunos años, tras la llegada de “El Juli” y de Pablo Hermoso a nuestra ciudad para que la gente se llegara a entregar a un torero cómo lo hizo con “Mayito”. Hace poco tuve oportunidad de estar sentado al lado de él mientras se anunciaba su reaparición en Tijuana, siendo la base de un cartel integrado por tres matadores y un novillero que se doctora esa tarde, todos coterráneos. Hará cosa de uno o dos años se presentó en una corrida y poco se pudo comunicar con los tendidos por lo complicado de sus toros. Pero estuvo ahí, tesonero. Platicando con él noté esas ganas por querer vestirse de luces y ser nuevamente el consentido de un público bullicioso cómo que es el de Tijuana. De pronto alguien llegó a saludarle y vi esa sonrisa tan típica de su forma de ser; y poco a poco más personas llegaron a la mesa para estrecharle la mano o darle un abrazo. No cabe duda que cuando los criterios coinciden, hay personas que dejan huella. Sobre todo en nuestras manos cuando las hemos unido para aclamar que estamos de acuerdo.

Deja un comentario