21 septiembre, 2021

UN ESTUDIO REVELA POR QUÉ EL TORO NO SUFRE EN LA PLAZA.

Es muy grato compartir estos documentos que me envía el profesor Joao Pedro da Silva Ramos Barreiro.

Es muy grato compartir estos documentos que me envía el profesor Joao Pedro da Silva Ramos Barreiro. De su lectura puedes deducir importantes argumentos para contradecir los argumentos antitaurinos que ruedan por ahí. Una contribución importante sería que nos ayudes a difundir este material entre tus contactos, sean o no taurinos… ASOCIACION PRO DEFENSA DE LA FIESTA BRAVA “ASOTAURO” LUIS ALFONSO GARCIA CARMONA. Director Ejecutivo… JUAN CARLOS ILLERA El Mundo/Crónica, GALA DÍAZ CURIEL. El toro no siente dolor en la fiesta… No sé cómo han conseguido mi correo, me lo están reventando con insultos y amenazas de muerte». No es juez ni policía ni político. Juan Carlos Illera del Portal es profesor titular y director del Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, y su pecado, merecedor para algunos de la pena máxima, ha sido el de estudiar las hormonas de los toros para demostrar que el sufrimiento de las reses bravas en la lidia no es tan grande como se podía pensar… Nadie hasta ahora se había planteado que un animal que es sometido a la tortura de la puya, las banderillas y el estoque pudiese sentir menos dolor del imaginable. Parecía claro que el toro sufría de forma brutal durante la corrida. Pero Juan Carlos Illera del Portal acaba de hacer pública una investigación con la que pretende demostrar que gracias a la segregación de hormonas el toro siente menos estrés y menos dolor durante la lidia de lo que siempre se ha creído. Juan Carlos asegura que el estudio no pretendía ser un manifiesto en defensa de las corridas taurinas. No cree que su investigación vaya a cambiar el eterno debate entre partidarios y detractores de las corridas: «Eso seguirá siendo así». Pero sí considera que las conclusiones demuestran que el toro de lidia es un animal con unas reacciones hormonales únicas y que resulta necesaria su protección. «El estudio puede dar fuerza a los defensores de la fiesta, porque ahora podrán decir que tenemos una especie única en el mundo… Pero debemos tener en cuenta, o al menos yo lo tengo claro, que si desaparece la fiesta desaparecerán los toros del campo. Estarán en los zoológicos como una especie en extinción». Quienes defienden las corridas creen que el estudio de Illera podría acallar las voces críticas de los antitaurinos. La discusión encendida ha existido siempre. Unos insisten en celebrar corridas como medida para conservar el toro de lidia y otros, sin embargo, ya no saben qué más hacer -además de desnudarse en las calles de Pamplona- para conseguir que la sociedad elimine una práctica que, cuando menos, hace que el animal sufra… El estudio de Illera ha caído como un jarro de agua fría en las asociaciones antitaurinas. Tras leer los resultados de la investigación, Alfonso Chillerón es presidente de la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales: «La lidia es el mayor castigo físico y psicológico al que puede ser sometido un animal. Y acabar con las corridas no supondría la extinción de una supuesta raza»… Para conservar lo que ellos denominan «agrupación bovina» lo adecuado «sería mantenerlos en reservas naturales y no someterlos al espantoso espectáculo de su agonía y su muerte en la plaza». Aunque ahora digan que no duele tanto. Para llevar a cabo un estudio que ha necesitado de más de cinco años de trabajo, el equipo de Juan Carlos Illera analizó la respuesta hormonal de 180 toros y 120 novillos de la plaza de Las Ventas de Madrid. Medían en sangre la actividad hormonal de todos los animales que se devolvían a corrales antes y después de ser picados o incluso después de ser sometidos a las banderillas… Querían comparar si la glándula adrenal del toro de lidia era igual a la de otras especies de ganado vacuno y concluyeron que el toro tiene una respuesta hormonal distinta a la de cualquier otro animal. Aseguran que los niveles de estrés -medidos a través del cortisol y las catecolaminas- son tres veces mayores durante el traslado que en el ruedo por lo que el sufrimiento del toro sería mayor en el camión que ante el mismísimo torero. Pero, además, pensaron que si los toros tenían un mecanismo hormonal especial para controlar el estrés quizás también lo tuvieran para liberarse del dolor. Descubrieron que durante la lidia el toro libera 10 veces más betaendorfinas – conocidas como hormonas del placer- que un ser humano y siete veces más que durante el transporte… «La betaendorfina -explica Illera- bloquea los receptores del dolor hasta que llega un momento en que el dolor y el placer se equiparan y el sufrimiento puede llegar a ser casi nulo. Lo que queremos decir es que el toro bravo tiene un mecanismo especial para llegar a controlar su dolor. Cierto que lo siente, pero no es lo mismo un organismo que puede controlarlo y contrarrestarlo, hasta casi no sentir sufrimiento, que otro que no puede poner en funcionamiento este mecanismo». Las críticas le han llovido de todas partes desde que el pasado 24 de enero la revista taurina 6 toros 6 publicó una extensa entrevista en la que Illera explicaba de forma pormenorizada los hallazgos de la investigación. En sólo unas semanas, su correo electrónico se ha llenado de amenazas de muerte e insultos de todo tipo. Es la ira de algunos sectores de la comunidad antitaurina. Hasta Rosa Montero, escritora e hija del torero Pascual Montero, le dedicaba hace escasos días una de sus columnas en la contraportada del diario El País. Como podrán imaginar, nada de bonito había tampoco en sus palabras. Illeras no consigue comprender el tremendo impacto que ha causado la difusión del estudio… Dice que en absoluto se considera defensor de las corridas. Como veterinario, asegura ser un gran amante del toro de lidia por su belleza y por su fortaleza pero no como el simple pelele de un espectáculo violento. «Mi padre era un gran amante de la fiesta de los toros. Era catedrático del Departamento de Fisiología Animal de la Complutense y durante muchos años fue el veterinario de Las Ventas. Pero a mí no me gustan especialmente las corridas. El ambiente sí. Pero no entiendo demasiado bien lo que pasa en el ruedo y no lo disfruto. En mi vida habré ido a seis o siete corridas». Amenazas de por medio, Juan Carlos Illera asegura que todavía tiene muchas ganas de seguir trabajando y que en pocos meses retomará la investigación con algunas variaciones. Ahora le tocará a los toreros. «Los cirujanos de una plaza de toros nos comentaron el año pasado que era más que posible que la misma reacción hormonal que tenían los toros ante el dolor la tuviesen los toreros». El vídeo con el que los cirujanos trataron de probar esta teoría mostraba cómo un diestro había conseguido acabar la corrida con el puyazo de un toro en el pecho. La cornada había sido tan brutal que cuando le abrieron la chaquetilla en la enfermería, la piel se separó dejando ver el movimiento de los pulmones. Además le cosieron sin ningún tipo de anestesia, porque así lo pidió él, y sin que su cara mostrase el más mínimo signo de dolor» Un estudio revela por qué el toro no sufre en la Plaza… El profesor Juan Carlos Illera del Portal, director del Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, ha realizado un estudio que demuestra de manera científica que el toro tiene menos estrés durante su lidia que durante el transporte. En el trabajo, en el que colabora Fernando Gil-Cabrera, también se aclara que el toro, ante el dolor, libera unas hormonas, las betaendorfinas, que contrarrestan el sufrimiento, que llega a ser casi nulo. En una amplia entrevista concedida a la revista 6Toros6, realizada por José Luís Ramón, Illera explica con detalle el estudio que se está realizando en la Facultad de Veterinaria y del que forma parte la Tesis Doctoral de Fernando Gil-Cabrera. Los resultados preliminares ya se presentaron en el VII Symposium de Zafra en el 2005 y sus conclusiones fueron recogidas y publicadas por el director de este medio… En la entrevista, Illera explica que lo primero que encontraron al comenzar a trabajar es que “el toro es un animal, entre comillas, especial endocrinológicamente hablando, ya que tiene una respuesta totalmente diferente a la de otras especies animales. Hemos llegado a comprobar con medidores del estrés, que el toro tiene durante la lidia menos niveles hormonales que durante el transporte”. Estas mediciones han sido realizadas a toros que son devueltos a los corrales, unos antes de ser picados, otros después y otros incluso con banderillas: “Así hemos podido comprobar que el momento de mayor estrés para el toro es cuando sale a la plaza, desde que está en los corrales hasta que aparece en el ruedo. (…) El toro es un animal especial, que está perfectamente adaptado para la lidia. Y es que todos sus mecanismos endocrinos (hormonales) se ponen en funcionamiento de una manera totalmente distinta a la de cualquier otro animal o incluso las personas. Los novillos se estresan un poco más, pero en los toros, durante su lidia, los niveles llegan a ser prácticamente normales”, explica Illera. En concreto, los toros en el ruedo liberan betaendorfinas, también conocidas como la “hormona de la felicidad”, que “bloquea los receptores de dolor en el sitio donde éste se está produciendo hasta que llega un momento en que el dolor y el placer se equiparan, y deja de sentirse dolor”, afirma Juan Carlos en la entrevista… Gracias a estas mediciones, descubrieron que “el umbral de dolor en los toros es grandísimo. Es decir, durante la lidia liberan diez veces más betaendorfinas que un ser humano. Y siete veces más que durante el transporte”, lo que explica que el sufrimiento en los traslados sea mayor ya que se libera menos cantidad de dicha hormona. Illera comenta que en una corrida incruenta el sufrimiento del toro sería mayor: “Si no se le picara ni banderilleara, posiblemente siguiera con el altísimo nivel de estrés que tiene al salir al ruedo. La puya provoca un mecanismo doble en el toro: por un lado le estresa y por otro le produce dolor: y, por consiguiente, al sentir dolor, comienza a liberar las betaendorfinas que lo matizan. (…) Incluso hemos visto que el toro tiene mucho más estrés cuando es recortado que cuando es lidiado y toreado. Como no hay dolor, liberan menos betaendorfinas y, por tanto, éstas no suplen la sensación de estrés y de sufrimiento”. En Illera del Portal explica las razones por las que un toro vuelve al caballo después del primer puyazo: “Se trata de un animal con un mecanismo especial que responde rápidamente, en milisegundos, con la liberación de cortisol y catecolaminas. Un humano tarda más en responder. El toro es distinto a los demás animales porque, en cuanto tiene estrés, en mucho menos tiempo que un segundo ya está liberando hormonas para contrarrestar esa situación”. Una vez que ya se han llegado a estas conclusiones, ahora el objetivo del estudio es recoger muestras de músculo y ver cuántos receptores están bloqueados ante el dolor. Y en cuanto tenga medido el número de receptores bloqueados, yo podría aseverar perfectamente que ese animal no sufre. Así como lo digo: no sufre dolor. De momento sólo puedo decir que creo que no sufre demasiado dolor, pero en cuanto avancemos en la investigación, y sepamos que los receptores están bloqueados, podré afirmar que ahí no hay ninguna sensación de dolor”, sentencia el veterinario… ENTREVISTA. Lugar de nacimiento: Madrid. Fecha: 24 de noviembre de 1958. Cargo: Profesor titular y director de departamento de Fisiología Animal de la facultad de Veterinaria de la universidad Complutense de Madrid. Juan Carlos Illera y su equipo han demostrado que el toro siente menos estrés y menos dolor durante la lidia de lo que siempre se ha creído, y eso gracias a un mecanismo especial, a una respuesta hormonal distinta a la de cualquier animal, que los contrarresta. Illera, que ha recibido críticas, incluso amenazas, de sectores antitaurinos, adelanta en esta entrevista algunas de las claves de su estudio del que hablará mañana en Córdoba, dentro de las jornadas organizadas por la Federación Provincial Taurina. -¿Cuál ha sido el objeto de su trabajo? –Nuestro trabajo comenzó hace cinco años y lo que queríamos ver han analizado 300 reses en la plaza de Madrid es la capacidad de respuesta del toro de lidia frente al estrés. El trabajo se basa en el estudio endocrino del animal frente al estrés. Es decir, qué hormonas y en qué cantidad se liberan durante una fase de estrés como puede ser la corrida. Entonces, como parte de las hormonas implicadas en el estrés también lo están en el dolor, en intentar paliarlo, abordamos los dos estudios. –¿Y qué descubrieron? –En cuanto al estrés, lo que hemos visto es que el toro de lidia presenta una glándula adrenal, un sistema endocrino, podríamos decir, diferente a otras especies animales, y que, por tanto, su respuesta es diferente a la de otras especies de ganado vacuno. Un animal frente al estrés libera una cantidad muy grande de hormonas, como puede ser cortisol, para combatirlo. Sin embargo, en el toro de lidia, durante la corrida, por un mecanismo especial que seguimos estudiando, libera hormonas pero no en cantidades como para decir que es una acción antiestrés. Libera menos hormonas durante la lidia que durante el transporte, con lo cual podemos decir que el animal presenta un mecanismo especial de respuesta frente a otras especies, y que el estrés lo sufre más en el traslado en el camión que en el ruedo. Y además, lo que hemos visto también es que se produce una liberación muy grande de betaendorfinas, cuya función es paliar el dolor. Cuantas más endorfinas haya, aumentamos o disminuimos el umbral de dolor. No quiere decir que el animal no tenga dolor, pero sí que así disminuye notablemente la percepción de dolor. –Por tanto, decir que el toro no sufre dolor en una corrida, es mucho decir, ¿no? –Desde luego yo no puedo asegurar que el toro no sufra, y por una razón: como fisiólogo sí que tengo mecanismos para poder medir el estrés y el dolor, pero para el sufrimiento no tengo ningún mecanismo. –Lo que sí es cierto es que frente a la idea generalizada, el toro no sufre tanto… –Sí, podríamos decir que no sufre tanto, pero nunca aseverar que no sufre, porque, por supuesto, estoy seguro de que el animal sufre. Lo que tiene este animal es que posee un mecanismo diferente a los demás, que responde rápidamente a ese dolor combatiéndolo, con lo cual el umbral o la sensación de dolor puede ser en un momento, pero posteriormente disminuye notablemente… -Pues le desmonta usted los argumentos a los antitaurinos… –Eso ya no lo sé. Ahí no me meto (dice sonriendo). Digo eso y mañana estoy recibiendo otra vez correos electrónicos, que algunos hasta amenazaban de muerte. Nosotros no queremos ponernos a favor de unos ni de otros. Yo estoy a favor de la Fiesta, pero no quiere decir que mis estudios vayan encaminados a eso. Nosotros estudiamos el toro por su especialidad, por esa característica especial que tiene de cómo combate el estrés y cómo combate el dolor. Y además estos son estudios preliminares, porque donde se centra la regulación del dolor y el estrés es a nivel cerebral, que es lo que queríamos investigar, pero con las vacas locas, al ser el cerebro un producto MER, no podemos recoger ninguno. Posiblemente, cuando se acabe esta ley empecemos a estudiarlo y veremos qué resultados obtenemos, porque a lo mejor son contrarios. No creo, porque está relacionado con su liberación hormonal. Entonces sí que podríamos asegurar algo más, como que tiene un mecanismo especial a nivel cerebral para regular su propio estrés y su propio dolor, cosa que otros animales no lo tienen. –Siempre se ha considerado al toro como un animal único, y a partir de este estudio aún más. ¿Cree que su protección solo es posible con la existencia de la Fiesta? –Creo que sí. Si desaparece la Fiesta, esta raza se perdería. Podría existir en algún zoo o en alguna dehesa en la que alguien, por capricho, quisiera tenerlo. Pero vamos, toda la genética y todos los estudios que se están realizando de mejora de este animal…, desaparecería, porque económicamente no tendría ningún sentido. Y a parte de perder el toro perderíamos un montón de otras especies de nuestro hábitat en España, porque gracias al toro de lidia se mantienen cantidad de dehesas donde se conservan muchas especies autóctonas españolas. –¿Ahora va a estudiar si los toreros también tienen un mecanismo especial para luchar contra el dolor? –Estamos en ello, a ver si los toreros nos dejan poder estudiarles. Más que el dolor, el cómo combaten ellos la situación de estrés de una corrida. Sería analizar la saliva para medir sus niveles hormonales. Parece ser que sí, que ya tenemos algunos toreros dispuestos y posiblemente para finales de año tengamos algún resultado. ¿Esperaba usted que tuviera tanta repercusión su estudio? –Nunca, estamos asustaditos (dice sonriendo). La verdad es que estamos asustados, aunque ahora ya gracias a Dios no recibimos ningún correo. Cuando salió por primera vez recibí 200 o 300 correos insultando, amenazando, unas cosas que un científico nunca espera leer en esta vida, porque lo que nosotros realmente decimos es que del animal esto es lo que hay. Sirva para una cosa o para otra, eso ya no lo sabemos. Lo que sí podemos decir es que nuestros datos son verdaderos. Yo puedo medio aseverar que el animal tiene un mecanismo especial frente al estrés y el dolor, pero no más. Que haya gente que se lo tome de otra manera para insultarnos, pues tampoco entra dentro de una cabeza razonable…

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