19 junio, 2021

SE LOS RECOMIENDO… AMENOS ESCRITOS DE MARIO CARRIÓN.

2ª parte… Quito… La Plaza Monumental de Iñaquito, con una cabida de cerca de 17,000 de espectadores, al construirse estaba a unos kilómetros del entonces centro de la ciudad

2ª parte… Quito… La Plaza Monumental de Iñaquito, con una cabida de cerca de 17,000 de espectadores, al construirse estaba a unos kilómetros del entonces centro de la ciudad, lo que creaba un problema para el aficionado, que a menudo no llenaba la plaza en los pocos festejos que se celebraban en las primeras ferias. La plaza se halla hoy en pleno centro, pues la ciudad se ha expandido al crecer su población, de menos del medio millón de habitantes en los años cincuenta a más de dos millones en la actualidad. Su feria del “Señor del Gran Poder”, en diciembre, se ha convertido una de las más importantes de América, donde cada año aparecen las figuras más relevantes de España. Este año se anunciaron siete corridas y dos novilladas, y en todas se ha llenado la plaza. Una variable que ha permanecido constante a través de los años ha sido la actitud del público taurino quiteño. Es un publico alegre y apasionado que va a la plaza a divertirse, más que a juzgar. Aprecia el esfuerzo del torero y no escatima el aplauso, pero a la vez no admite gato por liebre, pues es una afición sapiente. El ambiente en la ciudad esos días se respira toros. La prensa dedica secciones especiales, la televisión programa coloquios y resúmenes diarios de las corridas y las emisoras de radio transmiten las corridas en directo. En las calles, hoteles, taxis y todas partes se habla de toros. Este año el tópico de la conversación parecía ser “El Juli”, a quien no vi actuar pero que pude comprobar la fascinación del pueblo con este precoz maestro… Reflexionemos ahora sobre la novillada y las dos corridas que presencié. Hay que advertir que por el peculiar clima quiteño donde las mañanas son soleadas y a menudo llueve por las tardes, los festejos taurinos comienzan a las doce o doce y media. La anodina novillada del viernes 4 de diciembre se salvó gracias a al actuación del fenomenal rejoneador llamado Pablo Hermoso de Mendoza. Este caballero torea a caballo con el mismo valor, temple y dominio que lo hace un torero de a pie. Hace que sus caballos, al galope o al paso, quiebren, anden hacia el lado, hacia atrás o adelante para meterse en los terrenos del toro, donde a este no le queda mas remedio que embestir. Clava rejones y banderillas con emoción y facilidad, sin alargar la duración de las suertes. Su actuación levantó al público de los asientos. Por pinchar una vez, solo recibió una oreja en el toro de Huagrahuasi, bravo pero que se aplomó a mitad de la lidia. No podemos decir lo mismo de los cuatro novillos nacionales del “Charrón” que, por mansos y difíciles, no dejaron lucirse ni al español Jesús Millán ni al francés Juan Bautista. Ambos solo tuvieron detalles de buena clase y simplemente cumplieron en su cometido sin agradar, pero tampoco desilusionar. En su primero, el nacional Juan Pablo Díaz estuvo valiente con capote y muleta, aunque algo bullidor. Cuajó un espectacular tercio de banderillas y al matar bien se le concedió una oreja. En su segundo no estuvo a la altura del único buen novillo, un remiendo de Campuzano Núñez, notándosele la falta de experiencia en su actuación… El sábado hubo otro llenazo para ver al nacional Juan de la Cruz, al valenciano Vicente Barrera y al joven diestro toledano Eugenio de la Mora enfrentarse con cuatro toros españoles de Saltillo Gutiérrez, uno bueno y otro extraordinario, y con dos toros nacionales. El día amaneció nublado y así comenzó la corrida hasta el quinto toro, cuando el agua cayó como si de un segundo diluvio universal se tratara. Una muestra de la afición existente la dio el que pocas personas abandonaron los tendidos, a pesar de la tromba de agua que caía. Lo mismo sucedió el domingo cuando el aguacero era menos potente, pero más persistente. Juan de la Cruz se lució en banderillas y estuvo valiente, aunque sin acoplarse en su lote, que ofreció dificultades. Se aplaudió su labor en su primero y se le pitó en su segundo por fallar con la espada. Barrera toreó con su estoica elegancia en un par de series con la derecha al manso de “Santo Domingo”, pero no pudo rematar la faena. En cambio en el quinto, bajo una intensa lluvia, hizo una excelente faena a un toro bueno, al que le hubiera cortado las orejas si no hubiera pinchado con la tizona. Se le aplaudió fuertemente. De la Mora fue el triunfador, en su primero estuvo muy valiente templando a un toro deslucido de Campuzano Núñez. Fue aplaudido. La gran faena la realizó en el bondadoso toro sexto. Comenzó de rodillas por alto y continúo postrado con un par de series de insuperables derechazos con temple y hondura. Ya de pie con un toro entregado toreo con majestad por naturales largos con la izquierda y derecha. Endereza una serie detrás de otra, ignorando el aguacero, y después siguió con el toreo de adorno. El público, sin razón, pedía el indulto del toro que, aunque de calidad, no se lo merecía. Eugenio hizo un error, en vez de matar en seguida, pidió obstinadamente a la presidencia que lo hiciera. Seguía toreando y el público injustamente insultaba al presidente. Finalmente entró a matar, realizándolo de pinchazo y estocada. El resultado fue el delirio del público mientras que se paseaba con las orejas del noble animal y dejaba la plaza a hombros. Esta faena le mereció el premio de la “Mejor Faena de la Feria”… En la prensa se había criticado bastante la falta de casta que habían mostrado la mayoría de los toros nacionales durante la feria. Sin embargo, cuatro bravos toros de “Campo Bravo”, que se lidiaron el domingo en la última corrida del serial, añadieron puntos positivos para la cabaña brava nacional. No así el mansísimo toro de Cobo, con él que Hermoso de Mendoza no pudo triunfar como acostumbra, a pesar de los grandes esfuerzos que hizo, exponiendo la piel de sus caballos al clavar rejones y banderillas en la misma puerta de chiquero, donde el cobardón animal se había emplazado. Se reconoció el mérito de su quehacer y se le despidió con grandes aplausos. José Ortega-Cano se despedía de este público y no lo hizo con éxito, pues con el marrajo primero no pudo hacer nada y con su segundo más toreable no lo intentó. Mató mal a los dos, con lo que consiguió que el público mostrara ruidosamente su descontento por la mediocre actuación de esta gran gloria del toreo, quien tantas buenas tardes ha dado en Quito. Los públicos olvidan y es natural. Una revelación para mí fue la calidad del toreo del nacional Carlos Yañez quien con un buen lote dio un curso de buen torear con clase y valor. Lástima que lo que pudo ser una actuación de ‘puerta grande’ se convirtió en solo dos vueltas al ruedo por matar deficientemente. Su último toro ganó el premio de ” Mejor Toro de la Feria” y Carlos el de “Mejor Torero Nacional”. Hay que añadir que una aparatosa cogida en el cuello asustó a todos menos a él, que con disminuidas facultades salió de la enfermería para rematar su toro. Además la faena se realizó mientras que llovía a cántaros y el ruedo se convertía en piscina. Cuando parecía que la corrida se iba suspender, Miguel Abellán decidió heroicamente lidiar su último toro, aunque fuera yendo de charco en charco. Gesto de torero que quiere ser figura, especialmente si se considera que ya en su primero había cortado una oreja. Pero él quería la ‘puerta grande’, y la consiguió al cortar la segunda oreja. Este torero lo tiene todo, valor, arte, inteligencia y variedad en su toreo. Todo lo hizo en dos buenas faenas a toros toreables. Una incidencia sucedió en el primer toro, cuando al saltar este al callejón, hirió levemente en la cabeza a Rafael Corvelle, apoderado de Miguel, quien pasó brevemente por la enfermería. La Feria tuvo un broche triunfal y al concluir el festejo se reunió el jurado para elegir a los triunfadores de la feria, a los que ya hemos mencionado, excepto al del premio mayor: “El Juli” que fue nombrado por unanimidad el “Triunfador de la Feria”… Continuara.

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