25 septiembre, 2021

SE LOS RECOMIENDO… AMENOS ESCRITOS DE MARIO CARRIÓN.

3ª y ultima parte… Guayaquil. El panorama taurino difiere en Guayaquil ya que el toreo solo tiene una minoría de seguidores y las corridas no crean un ambiente festivo en la ciudad.

3ª y ultima parte… Guayaquil. El panorama taurino difiere en Guayaquil ya que el toreo solo tiene una minoría de seguidores y las corridas no crean un ambiente festivo en la ciudad. Ni la radio, ni la prensa o televisión promueven la fiesta taurina. Por lo menos no lo hicieron para anunciar los dos festejos del 12 y 13 de diciembre a los que asistí, y, naturalmente la asistencia a esas corridas fue escasa. Tampoco se publicaron crónicas en la prensa para reportar lo sucedido en las dos corridas. En los cincuenta, sin embargo, aunque no existía una gran afición, había curiosidad y se creaba expectación en la prensa y radio sobre los festejos. El resultado era que la pequeña “Plaza Macarena” a menudo se llenaba. Ahora, por el contrario, la ciudad tiene una original plaza, aun sin completarse, quizás única en el mundo por la novedad de su construcción. La novedad consiste en un burladero que circunda el callejón, con asientos detrás de él para acomodar a los aficionados con medios para comprar esas entradas. Sin duda, presenciar cómodamente desde el callejón una corrida provee una experiencia para el aficionado difícil de igualar. Se está cerca de la acción y es posible relacionarse con los directos participantes de la fiesta. Otra novedad es la naturaleza de los palcos arriba del callejón. Cada palco tiene una terracita cubierta por una cornisa que está separada por una cristalera de otro palco interior climatizado. Este tiene bar, televisión, sofás y otras amenidades. Los usuarios son propietarios teniendo el derecho a un número de entradas gratis mientras que exista el inmueble. Aprovechan las corridas para atender y festejar con los amigos como si estuvieran en su casa. Encima de los palcos están los tendidos, con una capacidad actual para unos siete mil espectadores. Aún falta por terminar una segunda andanada que doblara la capacidad la plaza. Un inconveniente de la plaza es el estar situada en Durán, a las afueras de la ciudad. Aquí anualmente se dan algunas corridas sueltas y una feria en octubre con carteles bastantes atractivos, pero generalmente sin traer a las grandes figuras. Las corridas a que nos referimos a continuación fueron televisadas para todo el país por “Teleamazonas”… En la corrida del sábado 12 se lidiaron toros del ganadero sevillano Joaquín Buendía, antigua ganadería procedente de Santa Coloma para los rejoneadores Borja Baena, español, y el joven principiante Juan Sebastián Roldán, quiteño, y para los matadores Eduardo Dávila Miura, sevillano, y López-Cháves, salmantino. Los toros fueron encastados, buenos en general, pero con las lógicas dificultades que tiene el toro verdaderamente bravo. Baena mostró la buena doma de sus caballos y estuvo muy lucido, aunque los rejones de muerte cayeron bajos. Al tardar el toro en morir perdió las orejas que ya tenía ganadas, pero dio la vuelta al ruedo. Esta tarde la espada sería el Némesis de todos los actuantes. Juan Sebastián demostró gran actitud y entusiasmo en su rejoneo. Es buen jinete y posee una buena cuadra. Le falta experiencia, especialmente en la suerte suprema. Fue aplaudido. Eduardo toreó con arte y enjundia con el capote a ambos enemigos. Con la muleta tiene temple en su toreo majestuoso. Sus dos faenas nos entusiasmaron, especialmente la de su segundo, donde los naturales tenían sabor de torero caro. La dichosa tizona no remató bien su bella obra que fue premiada con vuelta ruedo en los dos. Los toros de López Chávez tenían más que torear y el diestro se arrimó bastante, haciéndoles faenas efectistas que llegaron al público. También dio una vuelta al ruedo al rematar defectuosamente a cada uno de sus bureles. Corrida entretenida a pesar de la falta de trofeos. Quiero observar que el público guayaquileño ahora tiene el defecto de no pedir las orejas, por lo que, a pesar del fallo de la espada, algunas se hubieran cortados con el beneplácito del respetable… El domingo se lidiaron dos toros y cuatro novillos nacionales de “La Ensenada”. Los toros no tuvieron mayores dificultades. Tres de los novillos fueron buenos y uno manso, que fue devuelto al corral. Otra corrida que da buen crédito al ganado local. Baena fue el triunfador de la corrida. Después de poner rejones y banderillas a dos manos, a la suerte del violín y en otras modalidades, mató bien y cortó dos orejas en cada toro, saliendo a hombros de la plaza. Juan de la Cruz estuvo valiente en sus dos toros, consiguiendo una segunda faena lograda con buenas series de pases con la izquierda y la derecha, y como mató pronto se le dio un apéndice. El primer novillo de Mariano Cruz Ordóñez fue devuelto a los corrales, y con el substituto no se acomodó lo debido. Fue levemente aplaudido. Sin embargo con su segundo, encastado y noble animal, Mariano entusiasmó al público y a los aficionados con un toreo de gran clase, tanto con el capote como con la muleta. La faena fue de menos a más. Los naturales eran interminables, componiendo la figura elegantemente pero sin exageraciones. Después de varias tandas de pases fundamentales se adornó con gracia. A pesar de no matar bien su faena fue recompensada con una merecida oreja. De nuevo otro festejo con toros que embisten y no se caen y toreros que entretienen… En la misma plaza se entregaron los trofeos en disputa: “Triunfador de la Mini-Feria” Borja Baena; “Mejor Faena” Dávila Miura; y “Mejor Toro” el quinto toro de Joaquín Buendía… Conclusión… La quincena que pasé en el Ecuador me ha dado ocasión de comprobar como la semilla taurina que yo ayudé a plantar, con Victoriano Posada, “El Pando”, Manolo Cadena, Jerónimo Pimentel, Cayetano Ordóñez, Enrique Vera y Bernardino Lándete, en esa tierra a mediados de los cincuenta ha germinado y florecido. El panorama taurino antes de esa época era tal que solo de cuando en cuando se daban corridas, con la frustración de la buena afición existente, y el lejano mundo taurino ecuatoriano, escondido en los Andes, contaba poco, pues no existían ni feria ni temporadas anuales. Esas temporadas iniciadas en el año 1956 se hicieron regulares y permanentes, y esas plazas que acomodaban a solos unos millares de personas, han sido reemplazadas por otras más amplias, y en ciudades donde no se existían otras se han construido. Hoy la Feria del Señor del Gran Poder de Quito es mundialmente conocida; en Ambato, Riobamba y Guayaquil se organizan mini-ferias con toreros de interés; y en Cuenca e Ibarra también se dan una que otra corrida. Las ganaderías se han multiplicado, y aunque algunas necesitan refrescar la sangre, el germen bravo está establecido. También hay toreros nacionales que prometen, lo que necesitan es expandir sus horizontes en el vasto mundo taurino para ganar experiencia y fama. En fin, la fiesta brava vive y crece hoy en esa tierra donde encontré tanta satisfacción profesional y personal.

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