20 septiembre, 2021

NO PASA DE MODA… NOVILLEROS Y NOVILLADAS DE ANTES Y DE AHORA.

El factor principal que ha mantenido al toreo fresco e interesante es la irrupción en los ruedos en cada temporada europea de algunos novilleros, dotados con excelentes cualidades toreras

El factor principal que ha mantenido al toreo fresco e interesante es la irrupción en los ruedos en cada temporada europea de algunos novilleros, dotados con excelentes cualidades toreras que, al tomar la alternativa inmediatamente retaban a las figuras establecidas a defender sus posiciones privilegiadas en la cima del toreo… Esta infusión de novedad taurina es la sabia de la tauromaquia y es necesario que afluya sin interrupción para mantener a la fiesta brava vibrante, a los toreros competitivos y a los aficionados entusiastas e interesados en el desarrollo de las temporadas taurinas. Sin embargo si, por alguna causa, el flujo de la sabia disminuye, la falta de presión desde abajo permite a los diestros maduros mantenerse estáticos como figuras por más tiempo y con menores esfuerzos… Históricamente esta infusión renovadora de la fiesta ha fluido regularmente, pues casi anualmente en casi todas las temporadas una media docena de novilleros punteros tomaban la alternativa con tal fuerza que se abrían inmediatamente un hueco en las ferias en competición con los establecidos maestros. Por el contrario, en la última década del siglo este clásico proceso de renovación ha ido cambiando, ya que paulatinamente ha ido disminuyendo el número de novilleros que pasaban directamente de ser una figura estelar como novillero a ser como matador un protagonista de la fiesta. Desde hace pocos años, salvo raras excepciones, la norma ha sido en que los novilleros estrellas al doctorarse, en vez de tener al menos una docena de contratos en las ferias importantes, entrando en carteles selectos en los que puedan revalidar su valía, estos novatos matadores tienen que ganarse los contratos uno a uno, toreando a menudo corridas duras y en lugares en donde el éxito, aunque difícil de conseguir, repercute poco… Las consecuencias de esta nueva norma son negativas para la fiesta. Por un lado, muchos de los noveles matadores, a pesar de poseer buenas cualidades, no pasan esta difícil prueba, quedándose estancados en el camino al estrellato. Además, los pocos que triunfan tardan algunos años en encontrar un sitio entre los privilegiados como, por ejemplo, ha sucedido con Antonio Ferrera y “El Fandi”, quienes se doctoraron en el 1997 y el 2000 respectivamente, y hasta la temporada europea 2002 no entraron regularmente en los carteles estelares de las ferias. La otra consecuencia es que al aumentar el tiempo de maduración de los nuevos valores, y habiendo una gran demanda empresarial para cubrir los puestos de los carteles con nombres conocidos, algunas de las figuras consagradas no sienten la presión para apretarse los machos. Además, otros notables diestros veteranos, bien pasado sus mejores tiempos, por falta de competencia, permanecen en activo y, aun más, uno que otro de los retirados patriarcas toreros se atreve a reaparecer como novedad para llenar el vacío… Si repasásemos los escalafones de final de las temporadas pasadas de las revistas taurinas, notaríamos que durante algunos períodos del toreo ha habido interrupciones en el proceso renovador, ya que entre los líderes de los escalafones de matadores se encuentran pocos o ningunos nuevos nombres. La realidad es que en el toreo, como en todas las artes, la sabia creadora a veces se seca y los retoños no brotan. O sea, que durante esos periodos áridos del toreo no existían bastantes novilleros con el talento necesario para hacerse figuras como matadores. No obstante, opino que en los últimos años las causas de que los novilleros no triunfen inmediatamente en el escalafón superior, radican tanto en la calidad personal de los aspirantes como en el proceso de como los novilleros se forman, y en la percepción que la afición, el público, la crítica y las empresas tienen de los novilleros… Antes de razonar lo que está sucediendo en la actualidad con los novilleros y las novilladas, demos un vistazo a vista de pájaro a como funcionaba el proceso de renovación en un pasado inmediato… Inmediatamente al concluir la Guerra Civil española en el año 1939 comenzó una era dorada para los novilleros que se extendió hasta el comienzo de la década de los setenta, ya que anualmente entraban en el escalafón de matadores media docena de jóvenes que, como novedad, formaban parte de los carteles feriales. Esto forzaba y adelantaba la renovación del plantel de matadores. La lista de las figuras que llegaron a la cima como matadores en su primer año de alternativa es larga, por lo que menciono solo unos pocos nombres que se me vienen a la mente: Domingo Ortega, Pepe Luís y Manolo Vázquez, Antonio Bienvenida, Pepín Martín Vázquez, Manolo González, Luís Miguel Dominguín, “Parrita”, Aparicio, “Litri”, Antonio Ordóñez, “Antoñete’, “Jumillano”, Pedrés, César y Curro Girón, “Chicuelo II’, “Chamaco, Paco Camino, “El Viti”, Diego Puerta, “Mondeño” y “El Cordobés”… La gran diferencia entre los novilleros punteros de esos tiempos y los de los años recientes es que tantos estos figurones como otros muchos novilleros punteros, que no cuajaron luego como figuras de novillero, atraían al público a las plazas, y los empresarios los buscaban y les remuneraban adecuadamente—a veces mucho mejor que a los matadores no-figura—. Además, los novilleros triunfantes gozaban de una popularidad, bien a nivel nacional o regional, comparable a la que tenían los maestros bien conocidos. O sea que a los novilleros punteros se les consideraba como verdaderos profesionales y se esperaba que el éxito como matador fuera una progresión lógica del éxito que ya habían obtenido como novilleros… En las décadas de los setenta y los ochenta hubo una disminución en los novilleros que pasaban al escalafón superior manteniendo el cartel que tenían en las novilladas. La consecuencia fue que, como muestran las estadísticas de esos tiempos, pocos nuevos nombres aparecían entre las figuras. También sucedía que algunos de los noveles matadores que se abrían paso como matador solo tenían un éxito fugaz. Además, en estos años comenzó también a suceder, lo que es más común en la actualidad, el que algunos jóvenes prometedores matadores se abrieran paso después de unos años de lucha como matadores, como fue el caso extremo de José Ortega Cano, que tuvo que estar cerca de diez años toreando corridas duras antes de llegar a la cima. No obstante, hubo algunas excepciones que saltaron de las novilladas a las corridas en plan de figura, entre ellos Palomo Linares, Dámaso González, Antonio José Galán, “Niño de Capea”, José M. Manzanares, Paco Ojeda, “El Yiyo”, “Paquirri”, Emilio Muñoz y “Espartaco”… Es curioso que esta observación ya era expresada en una entrevista en la revista DIGAME del el 24 de noviembre, 1970, por Victoriano Valencia, entonces presidente del sindicato de los toreros. En el texto se lee que “otras de la causas que quizás hayan anquilosado la fiesta es debida a las pocas figuras nuevas que surgen”. También en el resumen de temporada del 1974 en El RUEDO, en el título de uno de los artículos, se expone un concepto similar: “Los alternativados no dieron guerras a los veteranos”… En cambio, empezando en el año 1986 con el tremendo éxito del nuevo doctor Miguel Arroyo “Joselito”, y con los triunfos como matadores de una serie de buenos novilleros como Julio Aparicio. “El Litri”, Fernando Cepeda, “Chamaco” un nuevo proceso de renovación se inició y luego se aceleró en la primera parte de la última década del siglo, con Enrique Ponce, “Finito de Córdoba”, Manuel Caballero, “Jesulín de Ubrique”, Vicente Barrera, “El Cordobés”, Víctor Puerto, Francisco Rivera Ordóñez, José Tomás, “Morante de la Puebla”, Eugenio de Mora y otros…

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