27 octubre, 2021

TOMASITO, UNA MANERA MÁS DE LUCHAR POR ESTA FIESTA.

El pasado domingo, con un calor asfixiante, tres docenas y media de japoneses en los tendidos…

El pasado domingo, con un calor asfixiante, tres docenas y media de japoneses en los tendidos… ya se sabe el gran ambiente taurino que hay en Osaka, en Nagoya o en Saitama. De sobras es conocida esa frase que dice: ¡”Quien no ha visto toros en Saitama no sabe lo que es un día de toros…!” ¡Y cómo se abarrotan los típicos izakayas japos cuando en JAL TV emiten las corridas de la feria de Tokyo!… Y en torno a un buena copita de sake hacen tertulia y piden enojados, oshibori en mano, que devuelvan un toro por chico… ¿Qué no ha visto usted nunca el famoso Akachōchin de luz roja con el relieve del toro en puntas y la frase de Peña Taurina El Sol Naciente? ¿Qué me está usted contando? Se ve que usted, querido amigo, es muy mal aficionado. Tan malo como esos que se parten la jeta por una entrada para ver a Tomás en el regreso a Las Ventas; bueno, para ver y para que les vean con el clavel reventón en la solapa, el Cohiba Siglo VI humeante en la boca y las gafas, cuanto más grandes mejor, de sol, aunque la tarde venga preñada de nubes cárdenas de Toledo; y luego ni se enteran de que otro Tomás, en este caso con diminutivo torea en esa misma plaza a finales de julio. ¡Menos mal que siempre nos quedará Japón!… Les decía que el pasado domingo un chavalín de Francia. -¡Ay, Francia, Francia!, donde pronto tendremos que peregrinar como cuando el Último Tango…- emocionó a los japoneses de Las Ventas, aderezados por un irreductible puñado de aficionados patrios con el Rosco a la cabeza. Y también emoción a los, imagino que, pocos que veíamos la novillada por la televisión… Allí, en la soledad de esa plaza tan sumamente especial, aparecía en el patio de caballos un chico vestido de malva y oro (dicen que el hábito no hace al monje, pero el traje lila, violeta, malva o como queramos llamarlo, tiene que tener algo especial sino ahí están los casos de JT, Talavante, Castella…hagan memoria, y verán como en sus cabezas aparecen fogonazos violáceos…)… Thomas Joubert se llama el chico de los ojos tristes, el joven de 19 años que debutaba en Las Ventas con el único terno que posee. Thomas Joubert, en los carteles Tomasito, y que inspiraba, al verle caminar arrastrando sus miedos hasta la puerta de chiqueros, ternura de madre que sufre junto a la cama del hijo febril… El mundo del toro, ese mundo que ahora toca borrar del mapa con la goma de la ignominia, siempre ha estado jalonado de Tomasitos que acudían a tirar la moneda, la única que poseían, al aire. Antaño esos gestos eran recogidos en libros, coplas, y hasta en películas de cine…Hoy, en España estos gestos y gestas pasan tan desapercibidos como el tradicional Kohaku Uta Gassen japonés. ¿Que eso qué es? Ay, amigo, pronto también nos haremos la misma pregunta con lo otro… Tomasito nos ganaba para su causa cuando con los ojos anegados de lágrimas confesaba a David Casas que tenía miedo. Pero no el miedo que usted o yo podemos tener al enfrentarnos a un novillo con hechuras de toro de plaza, como por ejemplo…a ver que piense… ¡Atarfe!. No, tenía miedo de que su paso por Madrid fuese gris, plano, sin sabor, sin aroma, en definitiva sin eco que se tradujera en contratos, porque acudía a la primera plaza del mundo, sobre el papel que no sobre el cemento, sin nada para mañana, ni para pasado mañana…Acudía sólo con su miedo a no poder vivir sin torear. Torear, única polea que mueve su mundo. Miedo sí, como el que sentía El Filigranas de “Los Clarines del Miedo” en la posada de El Quebrao… Y Tomasito nos ganó definitivamente para su causa cuando en el sexto, un bonito jabonero de 490 kilos de peso, herrado con el 2, encintado con las divisa azul, amarilla y roja del hierro de Guadaira, y que llevaba por filiación el nombre de Tutor. Y como tal se portó con su discípulo, el torero, porque al primer equívoco le metió un sopapo en forma de herida en el tercio inferior del muslo derecho con trayectoria hacia dentro de 10 centímetros que alcanzaba el fémur… Y con esa herida, con un torniquete que intentaba parar el manantial de sangre, fue desgranando, primero verónicas de tacto sutil, y luego muletazos a media altura porque el toro no permitía más hondura, serenos, sobrios, templados, algunos geniales como el fantástico cambio de manos del inicio de faena… Al final, cuando se lo llevaban para la enfermería tras pasear la oreja ganada escuchó, con la emoción asomando a sus ojos, su nombre en la megafonía anunciando que repetiría el próximo domingo en la final… A donde acudirá de nuevo con su traje malva y oro… Antonio Girol, con especial cariño para M. & R… Nota de la redacción de www.noticierotaurino.com: Desgraciadamente el jovencito francés no se recupero de la herida mencionada por Antonio Girol y quedó fuera de la tan bien merecida repetición.

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