20 junio, 2021

2a PARTE… POR ESOS PUEBLOS OLVIDADOS.

Nos quedamos en que el novillero o maletilla que se hacia presente en los arcaicos novenarios, ya desaparecidos, era la viva imagen de un ser displicente con él mismo

Nos quedamos en que el novillero o maletilla que se hacia presente en los arcaicos novenarios, ya desaparecidos, era la viva imagen de un ser displicente con él mismo, que disfrutaba al máximo todo lo que hacia, que vivía con intensidad cada momento y que fue una real aula para ellos… Nos habíamos quedado en que la gran mayoría eran buenos para los alipuses, muy facilitos para aceptar las invitaciones de los nativos de los lugares donde se les anunciaba, imaginen ustedes si tenían invites, nueve días de fiesta, a eso iban, a ser parte de las festividades y algunos tomaban muy en serio eso de no ser descorteses y dejar a sus ocasionales amistades con la mano, botella en estos casos, estirada. Las noches eran con variedad de actividades, las vueltas al jardín en busca de nuevas novias, las cenas en casa de las personas a quien se le brindaba “la toreada” de horas antes, coser capotes, muletas y la vieja ropa de torear, jugar conquian, todo esto acompañado con traguitos del liquido que por lo general era con destilados de la región. Nueve días sin apuros de comida y esto me recuerda lo que les sucedió a varios amigos… Saliendo de una de esas placitas, la ultima de las tardes contratadas, uno de sus ya tantos nuevos conocidos se les acerco para invitarlos a cenar a casa de un pariente, de inmediato aceptaron, en cuanto cambiaron las ropas de torear por las de calle se encaminaron a donde parecía se les despediría con todo un banquete, jamás imaginaban que el propietario del lugar tenia un fuerte recelo en contra de los toreros, años pasados un vívales supuesto empresario taurino lo había timado con una regular suma de supuesto anticipo y nunca lo volvió a ver, de ahí partía su fobia contra los toreros… Debo anticiparles que el pueblecito estaba a un día de veredas y brechas para llegar a tomar un autobús que les regresara a la civilización y de ahí viajar a casa. Al entrar a la casona, Carlos Peña, “Peñita”, notó un gran ambiente, la mitad de la población estaba presente, en largas mesas estaban enormes cazuelas repletas de arroz, mole, frijoles, guisos y una enorme “pirámide” de pollos listos para ser acompañados, degustados y bañados con el rico mole, Antonio Duarte, “El Nayarit”, lucía, que aun ya vieja, enorme chamarra de pana, discretamente se acerco al lugar donde estaban los pollos, con habilidad y disimulo, para que nadie lo notara, entre sus ropas depositó dos de ellos. “Peñita” se dio cuenta y le obligaba a regresar el hurto, exacto momento que el anfitrión se da cuanta de la presencia de los toreros y de inmediato los corre al recordar al pillo que le sorprendiera en años pasados, ni tiempo a acción alguna de regresar lo hurtado, aun Carlos así lo creyera, de inmediato se alejaron y felices de que las cosas no pasaran a mayores… A la mañana siguiente muy de temprano hicieron el último desayuno en el pueblecito y se encaminaron a la salida, varias horas de caminata les esperaban, ocho exactamente para llegar a donde los pudieran transportar a tomar un camión, el que les dejaría en Guadalajara por la madrugada, me cuenta Antonio que horas mas tarde, cuando el suculento almuerzo ya había sido digerido y el hambre daba a sus estómagos la primer llamada, él comenzó con bastante discreción a degustar una fría pierna, dos, un pellizco de pechuga, es cuando “Peñita” se da cuanta de que consumado era el robo de la noche anterior y solicitó se los compartiera… Grande fue su sorpresa al ver que todos sus compañeros comenzaron a sacar de entre sus ropas y avios de torear, panes, cachos y añicos de queso envuelto con papel entre capotes y muletas, envoltorios en burdas y floreadas servilletas bordadas a mano o deshiladas con chiles rellenos e inclusive como “por arte de magia” aparecieron seis botellas de tequila, omito decirles la fiesta que se improviso ante los incrédulos ojos de “Peñita” que no lo podía creer, había comida para varios días, Carlos se apaciguó al quedar mas que satisfecho con la sorpresa dada por sus amigos, así continuaron su camino a esperar fueran llamados para el siguiente novenario, eran muy solicitados esos muchachos llamados guerreros quienes por cierto ganaban bien en esos nueve días, mas que los novilleros actuales que torean casta… Ya tendremos tiempo para más, esos años nos dan más motivos y espacio que tiempo, por hoy tenemos que dormir, la cansada en Lagos de Moreno nos obliga meternos a la cama… Nos Vemos.

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