15 junio, 2021

ARRÍMATE… ¿Y LUEGO?.

Nadie dude, ni los más escépticos ni grandes detractores de La Fiesta, que todo aquel que le sale al toro es un valiente a carta cabal

Nadie dude, ni los más escépticos ni grandes detractores de La Fiesta, que todo aquel que le sale al toro es un valiente a carta cabal; y hablo de todo tipo de toreros, de oro y de plata, montados o a pie, caporales o charros, ayudas o cabos de pega. Quienes hemos estado cerca (no digamos dentro de un corral o chiquero) de un toro de lidia a nivel de piso y que casi se pueda tocar el animal con estirar la mano, sabemos de lo imponente que es “Su Majestad”. Por eso cómo inicio para ser torero, el valor es importante. Es más, creo que es lo único válido cuando se comienza en la dura profesión de la tauromaquia. Se ocupa de mucha valentía para qué, en contra de todo instinto natural, un torero se ponga en zona de peligro y se quede quieto. La esencia del toreo eso es: Burlar al toro con los engaños y mantener los pies plantados en el suelo. Y esa cualidad ha llevado a muchos en determinados instantes y por momentos, a los triunfos y a la gloria. Pero, y éste sabemos que siempre lo hay, ese mismo valor que enjundia a quien lo porta y exhibe cómo parte de su quehacer torero, a la larga sólo te lleva hasta un sitio, sí bien privilegiado, pero no absoluto; no te guía a la tierra a prometida. No te traslada al Edén con que todos los toreros sueñan. Pues sin arte y sentimiento, las pupilas no retienen por mucho lo tiempo lo observado. En sus inicios, tanto el “Zotoluco” cómo Rafa Ortega hicieron de las plazas de Tijuana, su segundo hogar y forjaron los inicios de lo que hoy en día son fructíferas carreras cómo Matadores de Toros. Muchas tardes de triunfos y de verdaderos arrimones vimos plasmados en los cosos tijuanenses por parte de estos dos valientes. Pero, y de nuevo aparecen estas cuatro letras, recuerdo los triunfos, quizás los toros o los trofeos ganados, pero no la faena o alguna parte de lo que conformó aquellos triunfos. Claro que estuvieron muy bien con los toros de su lote. Se obvia que agradaron a los tendidos y que las palmas hicieron eco. Pero no recuerdo si fueron por naturales o derechazos o algún otro detalle similar que retenga de aquellas tardes. Sin embargo recuerdo cómo si fuera ayer la única presentación que hizo en estas tierras “Rafi” Camino; y la recuerdo porque a su primer toro le dio siete verónicas del tercio hacia los medios y remató con una media escultural. Y la recuerdo porque bajo mi concepto no he visto torear mejor a la verónica que en esa ocasión. No recuerdo cuantos desplantes hizo “Rafi” aquella tarde, si toreó de rodillas o por alto. Pero esos lances perdurarán por siempre grabados en mi memoria. Y si me apuran tantito, cómo dice mi mejor amigo Daniel, a Jerónimo lo vi lancear a un toro (que a la postre se le fue vivo a los corrales) con tanta cadencia y tanto sabor, que la piel se me erizó y el olé me salió del alma, no de la garganta. ¡Arrímate! es un grito muy común en las plazas de toros del mundo. Y ese grito no es una sugerencia o una petición. Es una exigencia por parte de quien, de manera justificada o no, considera que exista espacio en demasía entre toro y toreo…Cómo dista mucho en el recuerdo la valentía a secas, y la unión de ésta con el arte.

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