17 septiembre, 2021

30 DE SEPTIEMBRE DE 1915, EN SEVILLA JOSELITO, “EL GALLO” CORTÓ LA PRIMERA OREJA DE LA HISTORIA.

La tarde es espléndida, aunque ventosa. El reloj de la plaza marca las siete de la tarde. Joselito vistiendo un terno violeta y azabache sale a la dorada arena en compañía de su cuadrilla

La tarde es espléndida, aunque ventosa. El reloj de la plaza marca las siete de la tarde. Joselito vistiendo un terno violeta y azabache sale a la dorada arena en compañía de su cuadrilla: el inseparable Blanquet, “Almendro”, “Chiquilín”, “Cantimplas”, “Mundito”, “Cuco” y Camero… En los corrales le espera un encierro del “Conde de Santa Coloma”… La banda del maestro Tejera rompe a tocar y da comienzo el paseíllo. A su término, el diestro de Gelves es fuertemente ovacionado por los aficionados que pueblan las gradas, unas gradas que no están todo lo llenas que la ocasión merece… Terminado el saludo resuenan clarines y sale al ruedo el toro que rompe plaza. “Jilguerito”, negro y bien puesto de defensas; al que José saluda con varias verónicas… La tarde está resultando jubilosa aunque el viento dificulta las faenas. Lo que no impide para que Joselito, muy estirado, muy derecho, ejecute con precisión verónicas inmensas y practique toda suerte de quites… Y llega la hora de la apoteosis, del culmen, cuando salta la ruedo el quinto, que hace bueno el axioma aquel de no hay quinto malo. Negro lucero, listón y girón, herrado con el 131 en los costillares, y que ha dado un peso de 460 kilos en la romana. Por nombre acude al de “Cantinero”… Joselito lo recibe con el cambio de rodillas de la familia y una larga serie de verónicas. Salen los varilargueros y toma cuatro varas. “Gallito” le receta otros tantos quites rematados con una larga cordobesa en los medios de la plaza de antología… A los sones de la música, que resuena nítida y clara entre el griterío de gozo de la gente en los tendidos, toma los palos y entre palmas hace varios jugueteos para colocar un buen par cuarteando; repite con otro mejor y termina con otro bueno. La plaza le ovaciona… Se acerca a la barrera y toma los avíos de matar. Espera unos segundos para que el animal se refresque y luego con paso garboso y decidido se encamina a los dominios del santacoloma. Se perfila y empieza la faena con un pase cambiado por la espalda, el pase de la muerte le llaman sus coetáneos.Y sigue con tres naturales, en redondo, colosales, sublimes, monstruosos… Ahora le sigue un molinete que remata con un ayudado por bajo, dos de pecho y otros dos molinetes, uno de ellos de rodilla. Está toreando más derecho que una vela. ¡Con los pies quietos!… El público puesto en pie enloquece gritando ¡olé! Empiezan a caer al ruedo sombreros, y uno de ellos, del tipo mascota, es recogido por José que le sirve para conseguir sus adornos colocándolo en el cuerno derecho del toro. Obligando enseguida a éste para que tome la muleta. Cae el sombrero al suelo, y el espada volviéndose de espalda al bicho lo coge y lo entrega a su dueño. El delirio del público es frenético. Iguala al toro y en corto y por derecho dibuja un volapié en las agujas que hace que “Cantinero”, de “Santa Coloma”, ruede por el albero sevillano. Miles de pañuelos se agitan en demanda de que la faena se premie con una oreja. El presidente, rompiendo la tradición de la plaza sevillana, concede la oreja, entre una formidable ovación, como no se recuerda otra en la ciudad del Guadalquivir… Tras la muerte del sexto, “Gitano”, de nombre, es sacado en hombros por sus paisanos que obligan a que lleven al paso el coche en que va el torero, marchando delante la banda de música, y así en esa apoteosis llegó a su casa… Así fue como Joselito, “El Gallo”, el más grande de todos los tiempos, fue el primer espada en cortar una oreja en Sevilla La oreja de “Cantinero”. Gracias a una faena de muleta insólita para su época, por su duración, su variedad y su amplitud hasta en los adornos. En definitiva una faena HISTÓRICA.

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