26 octubre, 2021

EL ESPACIO DE GASTÓN RAMÍREZ CUEVAS.

LA RESURRECCIÓN DEL ARTE DE PICAR TOROS BRAVOS… Sábado 26 de septiembre del 2009… Décima y última novillada de la temporada de la plaza de toros “Antonio Velázquez”, concurso de ganaderías…

LA RESURRECCIÓN DEL ARTE DE PICAR TOROS BRAVOS… Sábado 26 de septiembre del 2009… Décima y última novillada de la temporada de la plaza de toros “Antonio Velázquez”, concurso de ganaderías… Novillos: Cinco de diversas ganaderías: “De Haro”; Huichapan”; “El Vergel”; “Caparica”, y “Marrón”. Al segundo, al tercero y al cuarto les fue concedida la vuelta al ruedo… Novilleros: Carlos Rodríguez, el novillo de “De Haro” le rompió el cubito y el radio del antebrazo izquierdo. Escuchó los tres avisos pues le fue imposible matar al animal… Adrián Padilla, estocada entera entregándose, para cortar una oreja… Paulo Campero, mató de pinchazo y entera caída, cortó una oreja que fue protestada por un sector del público… Carlos Peñaloza, estocada entera y perpendicular: dos orejas… Oscar Amador, pinchazo sin soltar, entera y un descabello. Fue tardíamente ovacionado en los medios… Ante un lleno, César Morales, Carlos Domínguez y “Curro” Campos, tres señores picadores de toros, se llevaron la tarde por interpretar soberbiamente la suerte de varas. Morales picó al segundo de la tarde chorreando la vara y alegrando al toro con el castoreño. Salió al tercio junto con el extraordinario banderillero Christian Sánchez. Adrián Padilla les brindó a ambos la muerte del novillo de “Huichapan”… Domínguez hizo lo propio con el de “El Vergel” dando una cátedra de bien montar y bien picar. Dio la vuelta al ruedo junto con el novillero Paulo Campero. “Curro” Campos no se quedó atrás y se llevó una ovación de gente grande por la manera de emplear la vara de detener frente al novillo de “Caparica”. También fue ovacionado en una vuelta al ruedo con los ganaderos y Carlos Peñaloza… Hacía mucho tiempo que la gente no se emocionaba tanto en el primer tercio. Uno se pregunta si no sería una buena idea hacer obligatoria la modalidad de picar como en las corridas concurso en todos los festejos taurinos. Es decir, dejar al toro de largo para un mínimo de dos varas y obligar a los montados a picar con una puya mucho menor. Estoy seguro de que los picadores de verdad aceptarían gustosos el reto y la oportunidad de rivalizar en guapeza y habilidad. Además, la afición lo agradecería infinitamente… Pasemos a lo hecho por los novilleros triunfadores de esta temporada en Arroyo… A Carlos Rodríguez le tocó bailar con la más fea. El cárdeno de “De Haro” fue, para no olvidarnos de la realidad cotidiana, picado en forma atroz por un fulano que no merece ser mencionado. Así, el cornúpeta llegó hecho polvo al último tercio, defendiéndose y buscando al torero en todo momento. Al intentar Rodríguez pasárselo al natural, que es su fuerte, el toro se frenó en seco y se lo echó a los lomos. La aparatosa voltereta tuvo como resultado dejarle inservible el brazo zurdo al muchacho… Se tiró a matar sin éxito, procuró descabellar sin muleta, etc., pero todo fue en vano. En uno de los pocos momentos acertados del juez Gilberto Ruiz Torres, éste ordenó que le tocaran rápido los tres avisos para poner fin al calvario de Carlos, quien necesitaba pasar a la enfermería con urgencia… Vino el turno de Adrián Padilla, quien nos regaló una actuación muy entonada y bastante torera. Primero quitó por chicuelinas sabrosas y elegantes. Luego, con la muleta en la mano derecha se estiró con gusto logrando tandas templadas y de trazo largo. El de “Huichapan” no colaboró mucho pues era débil y comenzó a quedarse corto muy pronto. Adrián montó la espada y se fue tras de ella con alma, vida y corazón, tan es así que el novillo le levantó los pies del suelo y estando ya el novillero en la arena, le abrió la cabeza de un pezuñazo. La oreja fue pedida con fuerza y el palco la concedió. Hasta ahí las cosas iban bien, pero de pronto la autoridad tuvo la brillante idea de darle la vuelta al ruedo a los despojos del pupilo de don Adolfo Lugo Verduzco. Durante el resto de la función ya no hubo marcha atrás y fue imposible cerrar el grifo de las orejas para los coletudos y las vueltas para los toros… Para quien esto escribe, el novillo de “El Vergel” corrido en tercer lugar, fue el más bravo y completo de la novillada concurso. Quizá este burel sí mereció la vuelta al anillo. Campero estuvo bien con el percal, lanceando a la verónica con una rodilla en tierra y quitando por gaoneras… Con los palos salió del paso con más voluntad que acierto y con la muleta no aprovechó al morito. A Campero le cuesta trabajo completar el muletazo y tiende a echarse encima a los astados. Sufrió una voltereta al esbozar un pase natural y volvió a la cara con decisión para rematar su faena con pases de costadillo y lasernistas. Pese a que pinchó en el primer viaje y que después la espada cayó bastante baja, muchos parroquianos sacaron el pañuelo. Al serle concedida la oreja, la gente más entendida le pitó a Paulo, quien en un gesto tremendamente soez procedió a mentarle la madre a sus detractores. Ahí se hizo patente que este niño necesita que su maestro, el gran Pepe Luís Vázquez mexicano, le de unas clases de educación… Cuando el cuarto de la tarde salió por toriles, llevábamos como dos horas y media de festejo y el cónclave estaba ya sufriendo los embates de la cerveza, los tequilitas y los whiskys con soda. Esto le convino a Carlos Peñaloza quien hizo de todo: pegó un farol de rodillas, lanceó a la verónica, puso un par al violín y otros en las costillas, etc. Su faena de muleta fue un compendio de enganchones y detalles sueltos que, vaya usted a saber por qué, pusieron al público al rojo vivo. Mató con fé y eficacia, y fueron a parar a su espuerta las dos orejas del de “Caparica”, un novillo que fue noble y alegre y al que el biombo ¡cómo no! le dio la vuelta al ruedo… Pasadas ya las tres horas de fiesta, cerró plaza un ejemplar de “Marrón” que desde que salió acusó una preocupante falta de fuerza. Óscar Amador quitó por saltilleras y remató con una revolera. Luego cubrió el segundo tercio clavando dos buenos pares y otros dos más con piruetas y recortes. Con la franela pegó los dos mejores derechazos de la tarde: hondos y larguísimos. Pero, el novillo tiró la toalla con prontitud. Amador tragó en las joselillinas finales y mató con eficacia, tras un pinchazo. Desgraciadamente, y a pesar de que hubo petición, el juez ahora se puso tacaño… En otro momento de poca urbanidad torera, Peñaloza fue cargado a hombros y los otros alternantes tomaron las de Villadiego, robándole al de Tlaxcala una merecida vuelta al ruedo, mientras buena parte del público iniciaba el éxodo hacia el restaurante. La imagen final de esta buena temporada en Arroyo fue la de Óscar Amador recibiendo en los medios la ovación de los cabales.

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