EL NOVILLO OLÍA A “HULE”.

En la jerga taurina se utiliza el término “hule” para denominar una cornada, voltereta o percance. Y así fue el novillo jabonero de “Montealto” que le tocó en suerte a Javier Herrero, un novillo de hule… Ya por la mañana en el apartado las cuadrillas vaticinaron lo que podría suceder por la tarde. El comportamiento del novillo era de ser muy “espabilao” y de aviesas intenciones. Y así fue, sacó genio y aprendió muy pronto lo que se dejaba atrás. Hay que matizar que la lidia del animal fue desastrosa por parte de la cuadrilla y eso hizo que el novillo se convirtiese en el dueño del ruedo… Anduvo el novillero muy puesto, muy asentado y toreándolo como si fuera bueno y eso que al principio del trasteo con muleta el burel lo avisó. Y como era de esperar llegó la cornada. Una herida por asta de toro de 20 centímetros en la parte interior del muslo con destrozos musculares, contusionando la femoral y rozando el fémur… Pero estaba en “Las Ventas” y en la novillada que daba el pistoletazo de salida a la “Feria de Otoño” y, en tardes como esa, hay que salir a darlo todo, sin mirar siquiera las condiciones del novillo. Y como torero que es, se levantó Javier y cogió los trastos para matar al novillo, con pundonor, con vergüenza torera. El público empezó a increparle al ver la herida que llevaba, urgiéndole que pasara a la enfermería sin más dilación. Suerte Javier, tus esfuerzos y tesón al final tendrán recompensa.

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