13 junio, 2021

LUQUE RELUMBRA EN LA FERIA DE SAN MIGUEL DE SEVILLA.

Sevilla, octubre 2009… Otro año más, ya en casa en los Estado Unidos, reflexiono sobre lo que presencié en el ruedo maestrante de mi Sevilla en septiembre, y a diferencia del fiasco de la Feria de San Miguel del año pasado

Sevilla, octubre 2009… Otro año más, ya en casa en los Estado Unidos, reflexiono sobre lo que presencié en el ruedo maestrante de mi Sevilla en septiembre, y a diferencia del fiasco de la Feria de San Miguel del año pasado, en la que por la lluvia y otros controversiales factores, dos de los tres festejos anunciados se suspendieran, en esta edición, sin embargo, el tiempo permitió que las dos corridas programadas se dieran y que viésemos como en la segunda corrida un torero sevillano confirmara que tiene madera para ser una gran figura del toreo.
La Feria de San Miguel se redujo a un interesante fin de semana taurino, pues se dieron solamente dos corridas de toros, una el sábado 26 y otra el domingo 27 de septiembre.
El sábado se anunciaba a “Morante de la Puebla”, alternando con “El Cid” y Sebastián Castella y lidiando un encierro de Juan Pedro Domecq con el hierro de “Parladé”, pero al caerse del cartel “El Cid”, quien había cortado su campaña por no estar completamente recuperado del grave percance que sufrió en Navalcarnero (Madrid) el 10 septiembre, el festejo se quedó en un mano-a mano entre el francés y el sevillano.
Este era un mano-a-mano de conveniencia para la empresa, pues hubiera sido difícil encontrar una figura que quisiera dar la cara en la Maestranza a estas alturas de la temporada. Realmente, esta confrontación no tenía mucho sentido, ya que el diestro Castella ni había tenido suerte en sus actuaciones en la Feria de Abril, y ni tampoco sostenía una notable competencia con Morante.
Aún así, no hubo devolución de billetes y los espectadores que llenaban la plaza aplaudieron fuertemente a los dos espadas al hacer el paseíllo, quienes tuvieron que saludar antes de cambiar la seda por el percal. Tal vez, estas fueran las ovaciones más intensas que se oyeron durante la tarde, pues el difícil encierro de “Parladé” se encargaría de hacer más sombría la entoldada tarde que nos amenazaba con lluvia.
Sorprendió que en Sevilla no se hubiera guardado un minuto de silencio en memoria de “Paquirri” cuando se cumplía el 25º aniversario de su trágica muerte, tal como se había guardado en Madrid y Barcelona. Luego, se publicó críticamente en la prensa que el presidente de la corrida, Gabriel Fernández Rey, había consultado con los dos espadas sobre ese acto de respecto, pero que Morante se opuso a que se guardara ese silencio por cuestión de superstición.
Solamente dos astados del encierro de Juan Pedro Domecq dieron algunas oportunidades, pocas, para el lucimiento, el débil y parado primero y el manso, y algo mas movido sexto. Morante, con el toro que abrió plaza, dio algunas muestras de su genial toreo, especialmente en un par de series de elegantes y templados naturales, rematados con apretados pases de pecho y algunos adornos. Al cambiarse de mano, el toro se rajó y los derechazos no tuvieron la misma calidad. Además, como al matar el maestro, echándose afuera, cobró dos pinchazos antes de descabellar a la primera, hubo solamente aplausos, entremezclados con algunas protestas. El de la Puebla poco más hizo digno de notarse con sus otros dos astados, pues al tercero, después de un intento de faena, abrevió y encima lo mató mal; mientras que con el quinto el intento de lucimiento fue aun más breve, quitándoselo de en medio habilidosamente con media estocada. Oyó algunos pitos al rematar al tercero y silencio al terminar con el quinto.
La decisión estuvo a cargo de Castella al intentar sacar partido de los tres toros de su lote, aunque el premio no llegó hasta enfrentarse con el sexto y último toro del festejo. Con el segundo bis, pues el toro de turno había sido retirado a los corrales por estar lastimado, y con el cuarto astado, ambos complicados y deslucidos, Sebastián no pudo hacer otra cosa que mostrar sus ganas de triunfar. A tal punto se arrimó que fue volteado, sin mayor consecuencia, por el segundo; y estuvo tan machacón con el cuarto que el inquieto público le pidió que terminara con el deslucido animal. Finalmente, cuando el aburrimiento cundía en los tendidos, el francés calentó el ambiente, al iniciar la faena con esos temerarios pases cambiados que asustan a todo el mundo, menos al torero. Continuó intentado lograr series de pases con ambas manos, pero el resultado fue solo logró ejecutar unos buenos pases sueltos, y al no conseguir completar las series, para compensar se pegó un arrimón que le sirvió para llevarse el único trofeo concedido esa tarde, a pesar de que la efectiva estocada cayó baja. Estos fueron sus resultados finales, silencio tras aviso, aplausos, oreja y una gran ovación al abandonar el ruedo
. El domingo 27 de septiembre, tal vez se recuerde como la fecha cuando Sevilla hizo suyo a un gran toreo tan valiente como artista: Daniel Luque. Antonio Ferrera, Alejandro Talavante y el mencionado joven torero lidiaron un buen presentado encierro de “Alcurrucén”, tres de cuyos bravos astados, 1º, 3º y 4º, dieron a los toreros oportunidades de lucimiento, aunque solamente Luque las aprovechó plenamente.
El sevillano dio el primer toque de atención, anunciando que venía en plan de guerra, al ejecutar un muy ajustado y artístico quite por chicuelinas al primer toro d Ferrera. La ovación fue ensordecedora, y aun lo fue más la que oyó al recibir al tercer astado con siete sentidas, clásicas y templadas verónicas, rematadas con una media belmontina. La plaza ardía.
Y continuó ardiendo cuando Daniel inició su labor con unos inmovibles estatuarios, estilo José Tomás. Luego, en el centro del ruedo, vinieron series de largos naturales, con la tela barriendo la arena y los pies asentados en ella. Los remates no fueron solamente solemnes pases de pecho, sino que, haciendo gala de su inspiración intercalaba quiquiriquíes, recortes y trincherazos. Culminó la faena con los adornos de su invención, en los que, sin ayudarse con el estoque, enlaza uno a uno naturales ejecutados con ambas manso, pasándose la muleta por la espalda. Una estocada, dando el pecho, puso punto final a esa inspirada faena, la que se premió con un doble trofeo. La Puerta del Príncipe lo esperaba semiabierta, pero el manso ilidiable y peligroso sexto, que no tenía un pase, a pesar de que el torero intentara dárselo, se encargó de que no se abriera. Ahora bien, si este joven de Gerena continua toreando con el mismo arte, sentimiento y valor, pronto la abrirá de par en par.
Por el contrario, Ferrera no se acopló con el manejable toro primero, aunque sí estuvo con él en maestro y voluntarioso, sacando buenos pases sueltos, pero sin ligarle la faena; además falló repetidamente con la espada, lo que le hizo oír un aviso. La brillantez la obtuvo con el emotivo tercio de banderilla, siendo obligado a saludar al completarlo. El triunfo le llegó al matar de una buena estocada al noble y bravo cuarto toro, al que también volvió a banderillear con la brillantez y emoción, para a continuación con la muleta seguir entonado para completar una faena que, aunque con altibajos, fue lucida. Sobresalieron un par de buenas series de derechazos. El público pidió y el presidente otorgó una merecida oreja al extremeño.
Talavante comenzó la faena al noble segundo con unos impresionantes y firmes estatuarios, los que prometían algo mejor de lo que luego vino, pues Alejandro, aunque estuvo decidido, y consiguió dar dos buenas series de derechazos, sin embargo, no se acopló con el animal al torearlo con la izquierda con un toro venido a menos. Remató su frío hacer con una estocad a que necesitó del descabello. Tampoco el extremeño se acopló con el quinto toro, al que le pegó pases sin aparente motivación y sentimiento, que aburrieron tanto al público como al mismo torero, y no encontró redención al matar de una estocada atravesada y envainada, más nueve intentos de descabello. Talavante sigue sin definirse en Sevilla.
Pongo punto final a estas reflexiones sobre una breve feria sevillana, en la que ha habido de todo, bueno, malo y regular, pero en la que también la excelencia se ha reflejado en la inspirada faena que Daniel Luque le bordó a un bravo ‘alcurrucén’ en el albero maestrante.
Reseñas:
Sevilla, sábado 26 de septiembre. Toros de “Parladé” (desiguales de presencia; mansos, flojos y descastados) para “Morante de la Puebla” (palmas tras aviso; pitos; silencio) y Sebastián Castella (silencio tras aviso; palmas; oreja). Entrada: lleno.
Sevilla, domingo 27 de septiembre. Toros de “Alcurrucén” (aceptables de presentación y juego; destacaron por su calidad y nobleza el 1º, el 3º y el 4º ; manso y con peligro el 6º) para Antonio Ferrera (saludos tras aviso; oreja), Alejandro Talavante (saludos; silencio tras aviso) y Daniel Luque (dos orejas; saludos). Entrada: 3/4.

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