21 septiembre, 2021

DE FIGURA A FIGURA.

Comparar es necio pero casi siempre inevitable. La última ocasión que vimos un tumulto en la ciudad de Tijuana, por una corrida de toros, fue la última vez que se presentó Julián López, “El Juli”

Comparar es necio pero casi siempre inevitable. La última ocasión que vimos un tumulto en la ciudad de Tijuana, por una corrida de toros, fue la última vez que se presentó Julián López, “El Juli”, en el coso de “Playas de Tijuana”. En aquella ocasión la plaza reflejó una buena entrada; la gente acudió a los tendidos ávida de gritar ¡olé! a cada lance o pase de Julián. Todo estaba en su sitio. Pero, resulta que el joven madrileño no venía con ganas de torear, o, para nada. Más bien quería hacer berrinche porque sus veedores se habían equivocado y el encierro reseñado para aquella tarde de la ganadería de “Medina Ibarra” fue rechazado atinadamente por la autoridad. La tormenta se veía venir desde a mediodía cuando un niño de escasa edad hacía guardia en el lobby del hotel en donde se hospedaba “El Juli”, en cuanto lo vio pasar rumbo al restaurante se le puso enfrente para solicitarle un autógrafo, Julián ni si siquiera lo volteó a ver, se pasó de largo ignorando totalmente las súplicas del niño. Ya en el sorteo apareció el matador Roberto Domínguez queriendo imponer sus condiciones al enlotar. Parecía querer atropellar a quien se pusiera en su camino. Aquello era un herradero, apoderados iban y venían de los corrales de la plaza. Autoridades daban indicaciones y ultimátum´s por diestra y siniestra indicando que de no ponerse de acuerdo en los lotes, sería necesario sacar “toro por toro” del sombrero de Usía para saber qué materia prima le tocaría a cada diestro. Al final un enrabiado Roberto Domínguez accedió a la razón y se celebró el sorteo. Ya en el ruedo, “El Juli” no quiso saber nada de su lote; se concretó a darle trámite y a encarar al público cuando éste reclamó su actitud de “habernos hecho el favor” de torear en nuestras tierras. Por cierto, esa tarde el torero de la tierra Alejandro Amaya, le dio un baño al madrileño jugándose la vida con un enrazado toro de “Xajay” al que le cortó una merecidísima oreja. Todo esto que cuento yo lo ví. Y ahora que visitó mi natal Tijuana el maestro Enrique Ponce, “otro cantar” totalmente distinto. Se lidiaron toros con toda la extensión de la palabra; y aun pechando con lo menos propicio del encierro de “Teófilo Gómez” durante la lidia ordinaria, el valenciano se esforzó y brindó una tarde en donde dejó ver por qué ha sido figura del toreo por casi 20 años. Vino luego el de regalo, mostró los duendes que guarda en su inspiración y bordó el toreo. Enhorabuena por él y también hay que decirlo por la empresa BUSA, que en esta ocasión apostó por hacer las cosas cómo Dios manda y obtuvo un excelente resultado. “El Juli” es figura del toreo, al igual que Enrique Ponce. Los dos atesoran una forma de torear que los hace gigantes entre los grandes de la historia del toreo. Sólo qué yo, y creo que muchos tijuanenses, nos quedamos con Ponce no sólo por su maestría, sino por tener ese corazón de león que posee y darle a Tijuana una tarde toros que nunca se olvidará.

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