25 septiembre, 2021

LA VOZ DEL AFICIONADO.

De nueva cuenta Arturo Macías tumbó las orejas, logró el triunfo y salió a hombros de la Plaza México.
La tarde del domingo 29 de noviembre deberá grabarse en la memoria de muchos aficionados a la fiesta brava, en la México, José Tomás aceptaba torear en mano a mano con Arturo Macías “El Cejas”, quien venía precedido de importantes triunfos en este mismo coso y en otros de la República Mexicana.
De Tomás sería poco lo que se dijera, está dicho todo, en la tauromaquia del siglo XXI es él quien parte el queso, quien marca la pauta y es al que hay que seguir como aficionado y es a quien los toreros deben aprender, es detrás del que se forman.
La entrada a la plaza era como de 5 de febrero, emoción, expectación, reventa a todo lo que daba, boletos de 230 pesos hasta en dos mil, barreras cotizadas en las 5 mil lanas. La gente entraba desde temprano y aunque no se llenó, fue una tarde que no requería a nadie más ahí, con los presentes se logró la magia del arte.
Tomás estaba empeñado en triunfar, así comenzó y así debió de haber sido, de no ser por el juez Cardona que escamoteó la oreja y José hubo de conformarse con la vuelta al anillo, con el segundo de su lote las cosas siguieron en el rumbo, ese que marca el de Galapagar y ahora sí llegó la peluda, con su último de la lidia ordinaria dio la impresión de que poco quiso hacer al mulo de “Xajay”.
Comprometido o no, regaló un séptimo, de manera ociosa para muchos y de gran satisfacción para otros, lo cierto es que ver a Tomás es aprender, rescató lo poquísimo que tenía el burel y se dio el arrimón enseñándole al astado por dónde debía ir.
Arturo Macías, ya apodado “El Rey Arturo”, se sublevó y sublimó a los asistentes a la plaza, “Cuatro Caminos” se llamó su primer toro, el mejor de la tarde, al que entendió, llevó y cuajó, estatuarios cambiados por la espalda que lograron captar la atención y no dejar de verle en el ruedo, pocos pestañeaban y al matar recibiendo en la suerte suprema se empapó la mano, todo indicaba que tendría otro rabo en su haber, pero no, otra vez el juez quiso ser el protagonista de la tarde y otorgó solamente dos orejas.
Sí dos orejas, pero de peso, de gran valor, de sabor a triunfo grande, estas dos peludas le dan a Arturo una mayor proyección, deja en los aficionados esa impresión de que merecía más, y eso, por mucho es bueno.
Los otros dos toros que correspondieron al de Aguascalientes fueron malos como la influenza AH1N1, sin embargo el matador estuvo ahí, con pundonor, en búsqueda de triunfo, pero las condiciones de los cornúpetas de la dehesa de Javier Sordo Madaleno Bringas, no correspondieron para que se hubiese sumado más pelo en la espuerta de Macías.
La salida a hombros se dio por antonomasia a lo realizado y así Arturo Macías volvió a cerrar las calles de la colonia “Noche Buena”, la gente desde sus autos le loaban, de los restaurantes le aplaudían y quienes en su rededor íbamos gozábamos al alimón del triunfo, la avenida de los Insurgentes se convirtió en un río de “Cejistas”, todos a una sola voz hacían cánticos de ¡Olé, olé, olé, Cejas, Cejas!, también las porras tradicionales de “Chiquitibum” y los ¡Viva Aguascalientes!, que no dejaron de escucharse durante todo el domingo continuaban en la calle.
El último tranco del camino me tocó, de nueva cuenta ser el costalero, la emoción me gana y me convierto, en lo que soy de inicio y al final, un aficionado más y dicho con seriedad, un seguidor del Arturo, un amigo al que sin coba se lo digo: “Vas en el camino, pero aun las varas no han caído para ser el primero, hay que seguir lanzando esos cohetes, que a menudo son cohetones. Ya llegará, no falta mucho, venga matador”. Joaquín Chávez Pérez.

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