17 septiembre, 2021

LA INDUMENTARIA.

Oro, plata y seda es la funda de la piel, lo que hace que nos olvidemos de que los toreros son de carne y hueso, para sólo ver la valentía y el arte. Adornos que esconden el miedo de estar jugándose la vida.

Oro, plata y seda es la funda de la piel, lo que hace que nos olvidemos de que los toreros son de carne y hueso, para sólo ver la valentía y el arte. Adornos que esconden el miedo de estar jugándose la vida. Este escudo es el traje de luces, que recibe este nombre, por los efectos luminosos que tiene al reflejar la luz las lentejuelas que lo adornan. El toreo no ha dejado nunca de evolucionar, como tampoco lo ha hecho la indumentaria, además no sólo la forma sino también los materiales y los complementos. El origen de los ternos que conocemos actualmente están en los trajes de corte goyesco del siglo XVIII, precisamente cuando se comienzan asentar las bases del espectáculo tal y como las conocemos.
En la primera etapa del toreo (siglo XVI), no existía el traje de luces como tal. El lidiador a pie empleaba el terno normal que correspondía a su jerarquía o profesión. En el siglo XVII se produce un cambio, ya que los organizadores de los festejos comienzan a reclamar cuadrillas de lidiadores profesionales. Estos diestros lucían una banda, así se les identificaba como los contratados, mientas que los que no llevaban ninguna cinta eran los aventureros, es decir, los que acudían e intervenían por su voluntad.
Con el paso de los años, la fiesta va adquiriendo más popularidad, y ganando aficionados. En esta etapa hay que destacar a Francisco Romero, a quien se le atribuye la invención de la muleta. Este diestro en un principio iba a ser carpintero, pero pronto se evidencio su mando en los ruedos, convirtiéndose en un aclamado matador de toros. La vestimenta que entonces lucía este torero era: calzón y coleto, vestidura que cubre el cuerpo ciñéndolo hasta la cintura, de ante (el material utilizado en este momento, por su dureza, a la vez que flexibilidad) cinturón ceñido y mangas acolchadas de terciopelo negro.
No será hasta el siglo XVIII que comiencen a utilizarse los ternos en ante. El gran paso lo da la Real Maestranza, que en 1730 vestía a todo el personal participante en el festejo con unos característicos trajes grana tocados con galón blanco. Esto sólo ocurría en la plaza de Sevilla, en el resto (Madrid, Granada y Aranjuez) cada matador podía elegir su indumentaria, pero sin que se les olvidara la sobriedad.
La primera gran reforma llega de mano de Joaquín Rodríguez Costillares. En 1793 reclama la preponderancia del toreo a pie y solicita que, en función del cambio de protagonismo en el espectáculo, se incorpore al terno del matador un galón de plata, como venían empleando los picadores, que hasta el momento estaban mucho mejor considerados que los espadas. La Real Maestranza accede a la petición de Costillares. Así, el terno cambia casi por completo.
Pero la aportación de Costillares no queda aquí, sino que añade adornos al traje de luces que han influido mucho en su evolución. Su innovación es el adorno de los galones, por ejemplo, se complementa con rapacejos, botones y bordados. La mejor representación de los cambios que introduce este torero, son los retratos de Goya. En estos se puede percibir perfectamente traje de torear: chaquetilla con alamares metálicos, chupa con pasamanería de oro, chorrera y pañuelo sobre ésta, calzón o taleguilla, todavía corto, media de seda blanca y zapatilla atada con cintas. En este apartado cabe destacar otras grandes aportaciones para el mundo del toreo, y es que Costillares no sólo aportó novedades al traje de luces, sino que inventó la elegante verónica, tan presente en todos los espectáculos taurinos. También se le atribuye la creación del volapié.
En cuanto a la indumentaria de la cabeza también nos encontramos con una nueva aportación en estos años, ya que comienza a utilizarse la rejilla negra que lía el cabello trenzado por encima de la nuca. Esta redecilla se fija con un pañuelo o cinta de seda negra, que con los años se convertiría en la actual castañeta. Sobre 1830 esa redecilla se empieza a sustituir por una pequeña montera adornada con borlas y mucho más altas que las actuales, que evolucionará hasta convertirse en la actual.
El gran impulsor del traje de luces que conocemos hoy en día fue Francisco Montes, “Paquiro” que introduce el uso de borlas y machos, de alamares, de lentejuelas o luces y de los adornos de pasamanería. Además, acorta la chaquetilla y amplia las hombreras. En 1835 adaptó los tocados que se utilizaban entonces, los adornaba con cordones y pasamanería negra y rematada a los lados con borlas. Tanto la forma como el volumen en la actualidad son menos exagerados. Ahora están confeccionados en astrakan en cordoncillo de seda y las más artesanales, hechas completamente a mano en morita, una seda de cárieles.
En tiempos goyescos el moño era de pelo natural, pero finalmente ha derivado en la castañeta. Según recogen los libros, el primero en negarse ha dejar un mechón largo fue Juan Belmonte. Desde entonces se utiliza la castañeta, excepto en las corridas goyescas, como la tradicional de Ronda, en la que se lucen redecillas.
El corbatín también ha evolucionado, ya que los toreros antiguos utilizaban anchos pañuelos a modo de corbata. Los espadas siempre cuidan que esta fina tira de seda sea del mismo color que la faja, la cual también ha evolucionada. Hasta 1925 era mucho más larga, el torero la sujetaba por un extremo y el mozo de espadas por otro, mientras el diestro se enrollaba en ella. Este complicado ritual a la hora de vestirse hizo que derivara en la que conocemos hoy en día.
Sin lugar a dudas, uno de los elementos más bonitos de la indumentaria torera, es el capote de paseo, que también ha variado mucho con el paso de los años. De tal forma, que en sus inicios era mucho más largo, les llegaba a los diestros hasta media pierna. Además, no hacían el pasillo con él liado, sino que lo llevaban colgado al hombro sin más. Más adelante se fue acortando y se enriquecieron los bordados de adorno hasta que se recogió y se envolvió alrededor de la cintura. En la actualidad son comunes los bordados de imágenes religiosas.
El traje de luces ha sufrido una gran evolución, pero en la actualidad también hay modas y muchos trucos para estilizar la figura del diestro. Por ejemplo, los toreros con piernas cortas, suelen acortar las chaquetillas y subir los bordados de la taleguilla para estilizar el conjunto.
En los bordados de los trajes no sólo marca la diferencia las formas de los mismo, sino el precio, ya que varía en función del oro que lleve. El costo medio gira entorno a los 3.000 euros, lo que se entiende sabiendo que pueden llegar a confeccionarlo hasta cuarenta personas a lo largo de un mes y medio, Así, uno de los más caros de la historia es el que lució Espartaco en una corrida de la Expo 92 de Sevilla. Era negro y oro, que lo hizo bordar con hilo de oro de 18 quilates.
El traje de luces es muchos más que una simple indumentaria, es parte de la fiesta que nos da mucha información sobre los toreros y que influye en la visualidad del arte más puro.

Deja un comentario