22 septiembre, 2021

TAUROMAQUIA URUGUAYA.

La fiesta de los toros es un espectáculo que desde muy antiguo trascendió las fronteras de la Península Ibérica para extenderse a lo largo y ancho de toda la geografía mundial. Uno de los países donde la fiesta tuvo otrora un especial predicamento, hoy ya prácticamente extinguido, es en la República Oriental del Uruguay.

La fiesta de los toros es un espectáculo que desde muy antiguo trascendió las fronteras de la Península Ibérica para extenderse a lo largo y ancho de toda la geografía mundial. Uno de los países donde la fiesta tuvo otrora un especial predicamento, hoy ya prácticamente extinguido, es en la República Oriental del Uruguay. Los primeros antecedentes taurinos en este país se remontan al año 1761, fecha en la que por iniciativa del picador Sancho Escudero se celebraron tres corridas en honor de la proclamación del Rey Carlos III en un predio de la ciudad Vieja de Montevideo.
Según muy documentadas aportaciones del aficionado e historiador Ernesto Daragnés, en 1776 el Cabildo de Montevideo autorizó al Hospital de la Caridad a construir un recinto en la llamada Plaza Fuerte, de cara a organizar espectáculos con los que obtener ingresos con el fin de sufragar las diversas obras asistenciales atendidas por este instituto. Fruto de lo obtenido se pudo atender a las obras de construcción de El Cabildo, el Hospital de la Caridad, la Catedral así como acometer el empedrado de las calles adyacentes. Este citado coso, construido totalmente en madera y de forma octogonal, subsistió hasta 1780. Nueve años más tarde se levantó otro recinto en la Plaza Matriz que duró un año, y en el período comprendido entre 1792 a 1796 se llegaron a celebrar hasta 122 espectáculos en un circo levantado cerca de la calle Mercado.
Décadas más tarde se vio actuar en Montevideo, concretamente en la Plaza del Cordón, al célebre coletudo sevillano Manuel Domínguez “Desperdicios”. Estos acontecimientos tuvieron lugar durante los años 1834 y siguientes, y en estas ocasiones llevó con él, en calidad de medio espada, a otro espada legendario, Manuel Lucas Blanco. Otros toreros españoles de relieve que ofrecieron su arte taurino en el Uruguay fueron el singular catalán Pedro Aixelá “Peroy” (en 1870), Fernando Gómez “El Gallo” (en 1885) y el vasco Don Luís Mazantinni y Eguía, quien aprovechó su estancia en Montevideo para frecuentar las representaciones que tenían lugar en el Teatro Solís de la ciudad debido a su conocida afición por el teatro y la ópera. La plaza de La Unión.
El 18 de Febrero de 1885 tuvo lugar la inauguración de la plaza de la Villa de la Unión, uno de los más populosos barrios de la ciudad de Montevideo. La plaza se había comenzado a construir en el mes de Marzo de 1854, bajo el gobierno de Venancio Flores. El arquitecto encargado de su construcción fue Francisco J. Garmendia y el maestro de obras el catalán Antonio Fontgibell. El coste del inmueble se sufragó con las aportaciones de 271 accionistas, y este era capaz para albergar hasta 12.000 espectadores. El recinto ocupaba una superficie total de 6.082 metros, el diámetro externo de la plaza era de 100 metros y el coso estaba adornado con 36 bóvedas. Esta plaza duró en pie hasta 1923, fecha en la que fue demolida, después de haber sufrido dos incendios en los años 1869 y 1871.
En este inmueble resultó corneado mortalmente el diestro setabense Joaquín Sanz “Punteret” quien falleció, concretamente el 26 de Febrero de 1888, como resultas de las heridas que le infirió el toro “Cocinero”. El luctuoso suceso ocasionó fuertes debates parlamentarios, que finalmente determinaron la supresión de la fiesta de los toros en la República Oriental del Uruguay. Esto se produjo por la ley 2017 del 12 de Septiembre de 1888.
La última corrida formal de la que fue marco esta plaza, que estuvo durante muchos años dirigida por el empresario Antonio Rodero, fue la celebrada el 2 de Marzo de 1890 a beneficio del Hospital Asilo Español.
Del relieve que por aquellos tiempos tuvieron los toros en Uruguay da fe el hecho de la publicación de una revista taurina, “El Toreo Montevideano”, que vio la luz el 4 de Febrero de 1889. Esta revista salía a la calle con posterioridad a todos y cada uno de los festejos que tenían lugar en la citada “Plaza de la Unión”. Con todo, otra plaza en la que se celebraron festejos fue la de Villa Colón, un coso de carácter portátil que por aquellas calendas fue regentado por la sociedad “Curro Cúchares”. El periplo de actividad de este coso se extendió desde 1894 hasta el mes de Julio de 1899.
Posteriormente hubo una plaza, la de Campo Euskaro, inaugurada el 6 de Enero de 1900 y que cerró sus puertas el 20 de Enero de 1901. Construida por Juan Pedro y Bernardo Gazet, la plaza era de madera, con un diámetro de 30 metros de ruedo y era capaz para albergar 6.500 personas y con 50 palcos. En esta plaza actuó en espectáculos incruentos la llamada “Cuadrilla de Niñas Toreras” que dirigía Emilio Soler “Canario” y en la que como matadoras figuraban Isabel Cerro, Lola Salinas y María Soriano, a quienes auxiliaban las banderilleras Asunción Gregori, Dolores Calafeu y Francisca Díaz “La Cisca”.
LA PLAZA DE COLONIA.
Si bien en otras ciudades uruguayas se llegaron a celebrar con cierta asiduidad festejos taurinos, como los que tuvieron lugar en Paysandú, Mercedes, Melo, Salto y Rosario Central, singular importancia tuvo en la historia taurina del Uruguay la plaza de toros de Colonia de Sacramento, también conocida como de Real de San Carlos, un precioso inmueble que hoy todavía puede ser visitado en esta ciudad del Uruguay. La plaza fue inaugurada el 9 de Enero de 1910.
En tal ocasión se lidiaron astados de Juan Nandín por las cuadrillas de Ricardo Torres “Bombita” y Manuel Torres “Bombita”. Como sobresaliente hizo el paseíllo José Moyano y entre los banderilleros actuantes figuró el valenciano Vicente Gisbert “Pala”. El inmediato 2 de Febrero se repitió el mismo cartel de toreros, con la inclusión del rejoneador portugués Francisco Barreira, “Morgado de Covas”. Este coso, construido de hierro y cemento y de estilo neomudéjar, tenía un ruedo de 50 metros de diámetro. Contaba con un amplio callejón de metro y medio y tendidos rematados por dos filas de palcos. El recinto disponía además de todo tipo de dependencias, entre ellas: amplio patio de caballos, diez chiqueros, enfermería, capilla, sala de toreros y oficinas. Como complemento a la oferta puramente taurina, en este circo taurino había también una confitería, ruleta y era posible asimismo habilitarlo para espectáculos teatrales.
Es interesante reseñar como anécdota del festejo de inauguración que el buquebús procedente de Buenos Aires, que transportaba a muchos aficionados argentinos deseosos de presenciar el festejo, se retrasó en su llegada a Colonia más de una hora. Los viajeros, al llegar a la plaza y comprobar que el festejo había comenzado sin su presencia, montaron en cólera y la autoridad hubo, no sólo de mandar repetir el paseíllo, sino también regalar un toro más para compensar a los que llegaron con el espectáculo ya comenzado. El precio del transporte en el citado vapor era de 4 pesos y las oficinas de compra de tickets en Buenos Aires estaban situadas en el número 1066 de la Avenida de Mayo, donde se ubicaba el Agente del Real de San Carlos.
En otro orden de cosas, los precios de las entradas en aquel festejo de inauguración oscilaron entre los 7 pesos de la barrera de sombra a los 3 del tendido de sol y los 2.5 de la general de palco. Al año siguiente hicieron el paseíllo en esta plaza espadas como el alcarreño Julián Saiz “Saleri”, los sevillanos Manuel García “Revertito”, “Capita” y “Moreno de San Bernardo”, en corridas en las que se lidiaron astados de Félix Sanz, Luís Bueso, Campos López y Fernando Villalón, entre otros.
Años más tarde, concretamente el 9 de Julio de 1935 se autorizó la celebración de una corrida sin picadores y con toros embolados en Colonia y en la actualidad la plaza se mantiene en pie en un deficiente estado de conservación. Con todo, las autoridades están intentando emprender obras de conservación del edificio para destinarlo a albergar exposiciones y actos culturales.
LOS ÚLTIMOS AÑOS.
También existió en Montevideo otro inmueble en el Parque Central, erigido a instancias e iniciativa del “Club Gueuita” de Montevideo. En esta plaza llegó a torear, en función privada, el diestro José Gól11ez Oliega “Joselito”, el año en que realizó una escala técnica en Montevideo de regreso de su campaña por Perú. El evento tuvo lugar el 29 de Febrero de 1920 y el citado espada sevillano alternó con el aficionado local José Antonio Sotomayor, a quien simbólicamente concedió una alternativa en presencia de Gabriel Rernández “Posadero”. Más tarde, en 1930 se levantó en la cancha del Club de Fútbol Defensor, en el Parque Rodó otro recinto taurino.
Finalmente, los últimos vestigios de fiestas taurinas en Uruguay se remontan a los años 1936 y 1937. Por aquellos tiempos, el General Baldomir tuvo la iniciativa de erigir un nuevo inmueble destinado a espectáculos taurinos así como legalizar las corridas de toros durante los dos citados años. El recinto se construyó en unos terrenos cedidos en el Parque Central por el club Nacional de Montevideo, y en el mismo llegaron a actuar el matador de toros valenciano Manolo Martínez, el peruano Adolfo Rojas, el “Niño de Raro” y el que fuera durante muchos años banderillero de Antonio Bienvenida Guillermo Martín, quien tomó la alternativa en esta plaza, convirtiéndose en el primer matador de toros alternativado en Uruguay, doctorado éste sin validez por entonces en España. Esta plaza se mantuvo en pie hasta el 22 de Marzo de 1941.
TORERÍA URUGUAYA.
El que sí tuvo validez fue el doctorado de Eduardo Poggio, hasta el presente el único matador de toros que ha dado Uruguay. Eduardo nació en Montevideo el 4 de Octubre de 1914. Comenzó su carrera taurina en Perú actuando en calidad de banderillero y enfrentándose a toros criollos. En Octubre de 1946 tomó en la plaza ecuatoriana de Guayaquil una alternativa inválida en España. Una vez en la Península, y tras una breve carrera como novillero, recibió la borla de doctor en la plaza de toros de Barcelona. La efeméride tuvo lugar el 25 de Mayo de 1947. Como padrino de la ceremonia actuó Juan Belmonte Campoy, hijo de Juan Belmonte, y Raúl Acha “Rovira”, matador de nacionalidad peruana aunque nacido en Argentina, testificó la ceremonia. El toro de la cesión fue “Campolargo”, del hierro de Marcelino Rodríguez. Tras esa alternativa, no dio mucho más de sí la carrera taurina de este espada. Otro torero de este país es el rejoneador Lucas Rodero “Luquillas”, quien desempeñó su actividad en los ruedos hasta el año 1943.
Este fue un coletudo nacido en una legendaria dinastía del país, cuyo cabeza principal fue Antonio Rodero. Este había nacido en Madrid el12 de Julio de 1854, llegó a Montevideo en 1880 sirviendo en la cuadrilla del matador Felipe García.
Tras ejercer la labor de monosabio, en la que se hizo famoso por un quite de peligro que hizo al picador “Agujetas”, fue administrador y empresario de la plaza de toros, sustituyendo en este menester a José Berro y Enrique Pereda. En estos menesteres fue capaz se contratar en Montevideo a toreros como “El Gallo”, “Punteret”, Diego Prieto “Cuatro Dedos”, “Villaverde” “Ecijano” y “Centeno”, a los entonces novilleros “Salen”, “Currito”, “Regaterin” y “Pepete” y a los picadores Manuel Crespo, Paco y José Fuentes, “Tabardillo” y Postigo. En 1900 fue el encargado de levantar la citada plaza de Campo Euskaro y luego organizó espectáculos en Buenos Aires y diversas ciudades de Chile, Perú, Ecuador, Paraguay y Brasil. Tras una fecunda labor como empresario taurino murió el 3 de Marzo de 1927.

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