22 septiembre, 2021

VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO:

1ª PARTE… El 31 de mayo del 2005, el mismo día que se cumplía los cincuenta años en que había tomado la alternativa en Cáceres me encontraba a bordo de un avión Boeing B-737, volando de McAllen, Texas, a Baltimore.

1ª PARTE… El 31 de mayo del 2005, el mismo día que se cumplía los cincuenta años en que había tomado la alternativa en Cáceres me encontraba a bordo de un avión Boeing B-737, volando de McAllen, Texas, a Baltimore. Volvía a casa después de haber participado en unas actividades de sabor taurino en el norte de México y en el sur de Texas, que incluían haber toreado unas becerras en la ganadería de Gerardo Martínez, y en haber presenciado el festival de aficionados prácticos que un grupo de amigos, encabezados por el practico Jim Verner, había organizado en la plaza de toros de Reynosa, México, para conmemorar el 50 aniversario de mi alternativa. Cansado y sin ser capaz de dormir más con el sopor que se siente a menudo en un largo viaje en avión, y motivado por las agradables experiencias taurinas que acababa de vivir durante unos días, durante una buena parte del tiempo del vuelo mi mente comenzó a divagar y, sin orden ni concierto, comenzando por el recuerdo de mi alternativa, reviví muchos de los buenos momentos de mi vida en el mundo del toro. Estos pensamientos fueron más intensos y largos que otras ocasiones, y aun así en mis recuerdos toreros habían oasis, ya que por haber estado viviendo la vida al día, nunca había hecho un esfuerzo en repasar con detalles mis diez años dedicados de alma y cuerpo al toreo, los que transcurrieron desde que en diciembre del 1949 toreé por primera vez en público en un festival en Sevilla, en una plaza portatil emplazada en el Cuartel de Soria de Infantería hasta que hice mutis por el foro en una plaza de toros colombiana en octubre del 1959. Tal vez subconscientemente esa falta de detalles en mis recuerdos se debía a que siempre desde mi retirada del toreo activo cuando he pensado en mi vida taurina he enfatizado en que la meta que tenia desde chiquito de ser figura del toreo no la conseguí. Por lo tanto tenía la tendencia a no pensar en, o devaluar, los muchos triunfos y excepcionales experiencias que he tenido como consecuencia de ser torero. Por lo tanto, si hablaba de toros sobre mi carrera lo hacía de una manera general, sin explanarme en específicos. Así que en el mismo avión decidí que me debía a mí mismo dejar constancia de lo que había logrado, o dejado de conseguir, en el toreo durante mi corta carrera, y que mejor sería que sin demora escribiera algo sobre el sujeto, comenzando por relatar lo referente a mi alternativa y a los actos que acababa de vivir conmemorando esa efeméride. Dicho y hecho, pues poco después en el mismo año 2005 apareció VIVENCIAS: UNA EXPERIENCIA TAURINA MEDIO SIGLO DESPUES DE MII ALTERNATIVA en esta página Web. Luego, periódicamente otras vivencias siguieron, con secciones que cubrían cronológicamente mis antecedentes taurinos, mis correrías por los pueblos como novillero sin caballos, mis tres temporadas de novillero y cuatro de las cinco temporadas de matador de toros. Ahora bien, como todo lo que tiene un principio debe de tener un fin, para completar estas VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO faltaba una última sección en la que tratara con el triste recuerdo de mi repentino y silencioso profesional adiós al toreo hace cincuenta años y dos meses, y es el capítulo que aquí incluyo. Estas memorias me hubieran sido casi imposible de escribir con detalles, pues el tiempo enturbia los recuerdos, al mismo tiempo que los embellece o los afea. Sin embargo, gracias a que mi padre, probablemente orgulloso de su hijo, minuciosamente recopiló en varios álbumes casi toda referencia a mi carrera que fue publicada en la prensa, he podido documentar sin modestia ni jactancia mis buenos, malos o regulares recuerdos con datos precisos obtenidos de esos álbumes. A principio de octubre de este año cuando se cumplió el medio siglo de mi adiós al toreo activo estaba dispuesto a comenzar a escribir sobre la temporada final de mi carrera taurina, pero lo pospuse hasta ahora, cuando lo estoy haciendo no por placer, sino por no dejar incompletas mis memorias taurinas. La razón por mi demora era que cada vez que pensaba en mi retirada del toreo, me costaba trabajo aceptar el porque lo hice, cuando a los 26 años de edad, estaba fuerte como un toro y tenía una afición al toreo similar a la que sentía a los catorce años al dar por primera vez unos pases a una becerra. También, consideraba que cuando dejé el toreo, bien fuera actuando en público en las plazas de toros, o toreando en privado en los tentaderos, me sentía como un torero maduro que, además de torear con el arte que la mayoría de los críticos me reconocían, lo hacía ya con la inteligencia, madurez y facilidad que solo la practica otorga. Esto me hacía aun más difícil aceptar mi decisión por razonable que esta hubiera sido. Ahora bien, con el tiempo he comprendido que en ciertos momentos existen circunstancias que predisponen la vida del hombre y que considerando la situación profesional y personal en que yo me encontraba en aquellos momentos, tomé una También el tiempo ha reforzado que mi decisión de no haber vuelto España para torear tenía fundamento, pues mis oportunidades para proseguir mi carrera hubieran sido pocas, ya que en los cincuenta era más difícil que ahora que los diestros que no fueran grandes figuras entraran en los abonos de ferias importantes, en donde podrían conseguir los triunfos necesarios para progresar o mantenerse en la profesión. Entonces, en las temporadas se daban muchas menos corridas que ahora, y había menos ferias taurinas, y en los abonos de las existentes se anunciaban menos festejos mayores. Además, a los toreros importantes para terminar las temporadas bien colocados en escalafón—entonces los cuarenta festejos era una figura deseada— , no les importaba actuar en varias corridas del abono de una determinada feria, incluso matando algunas de las corridas duras, pues se daban pocas corridas sueltas. Por consiguiente dejaban pocos puestos en los ciclos feriales para los que buscaban oportunidades. Para no extenderme en este punto, como ejemplo, adjunto solamente estos datos. En la temporada europea del 1955, el año de mi alternativa, se dieron 215 corridas, mientras que a partir de la década de los sesenta la cantidad de corridas que se ha dado en las temporadas ha ido aumentando paulatinamente hasta sumar cerca de las novecientas corridas en las temporadas de los últimos años. También ilustra lo de la falta de oportunidades, el hecho que el abono en la Feria de Abril de Sevilla del 1955 constaba de cinco corridas de toros, ofreciendo dieciséis puestos para los toreros, de los cuales seis fueron ocupados por Antonio Ordóñez y Cesar Girón que torearon tres corridas cada uno, lidiando ambos con Rafael Ortega la corrida de Miura; Pedrés y Rafael Ortega, otras dos figuras, y el portugués Paco Mendes, hicieron el paseíllo en dos tardes. Así que solo quedaron dos puestos libres para dar oportunidades a otros toreros. En total únicamente ocho matadores compusieron los carteles del abono. En cambio, en el abono de la misma feria sevillana del 2009 se celebraron quince corridas de toros, y en sus carteles entraron treinta y tres diestros, de los cuales “Morante de la Puebla”, “El Cid” y José María Manzanares actuaron tres tardes, y “El Fundi”, Enrique Ponce, “El Juli”, Sebastián Castella, Alejandro Talavante y Daniel Luque hicieron el paseíllo en dos ocasiones cada uno, dejando veinte y cuatro puestos libres para toreros que buscaban oportunidades para demostrar su valía. Como puede intuirse por estos datos, que son solo ejemplos de otros muchos que pudiera citar, la diferencia de ‘segundas oportunidades’ para los toreros de antes y ahora es enorme. Mis actuaciones en público en el 1959 fueron muy limitadas, ya que solo actué en una corrida en Ecuador, otra en Guatemala y una corrida mixta y un festival en Colombia, por lo que, a diferencia de cuando estaba escribiendo sobre mis anteriores etapas, apenas he tenido que consultar mis álbumes para documentar con datos mi narración. Lo que hice en los ruedos entonces apenas merece dedicarle más de unos cuantos párrafos. Sin embargo, me extenderé en mi escrito para exponer y racionalizar los motivos taurinos y personales que me hicieron entonces cambiar el rumbo de mi vida. Mi primera actuación en el 1959 tomó lugar en Guayaquil, Ecuador, el 4 de enero. Compartí el cartel con mi paisano Paco Corpas y con el diestro peruano Paco Céspedes, enfrentándonos con una mansada de “Yanahurcos”. El festejo fue entretenido, pues el ganado, a pesar de la mansedumbre, no presentaba mayores dificultades. Corté un apéndice y disfruté toreando. Este buen comienzo me debiera de haber animado, pero ya en mi mente empezaba a ser claro que para un torero español los triunfos en Suramérica, sin ser refrendados en España, tenían poca repercusión, especialmente en los años cincuenta cuando se daban muy pocas corridas en América del Sur fuera de la temporada invernal, y al llegar esta las empresas locales preferían anunciar a toreros que acababan de triunfar en España que a uno que hubiera triunfado localmente. Igualmente, los éxitos sudamericanos, como pude comprobar en España en la temporada del 1957, cuando volví después de mi primera gira triunfal en América del Sur, apenas se consideraban. Por lo tanto, como ya he apuntado en mi vivencia del 1958 que, por no volver a España en la temporada 2008, sentía con mucha razón que mi carrera se hallaba en punto muerto. Al mismo tiempo, en ese enero del 1959 no tenía plan de regresar a mi país, pues prefería esperar a que se arreglara el convenio para ir a México, en donde varios toreros de mi época habían enderezado sus carreras para luego tener nuevas oportunidades en España. Terminé mis vivencias del 1958 recordando como en casa de unos amigos en Guayaquil en una fiesta de nochevieja con mi novia Sally Norton despedíamos el año, diciendo que ambos “muy amartelados, brindamos con champán por que el Año 1959 nos trajera felicidad y a mi suerte en mi carrera…”. Suerte en mi carrera no la tuve ese año, pero felicidad con Sally, entonces y hasta ahora, mucha. Cuando eso sucedía esa noche poco nos figurábamos que pronto íbamos a unir nuestras vidas para siempre, lo que así hicimos en una ceremonia semi-privada unos días después de mi actuación en Guayaquil. Como no tenía ningún compromiso en los ruedos permanecí con Sally en Guayaquil disfrutando de una extendida luna de miel hasta marzo, cuando, dejando a ella con su familia, tuve que regresar a Cali, en donde tenía mi residencia en el Hotel Aristi. Desde allí, después de hacer un par de tentaderos, me desplacé con la cuadrilla primero a Calarca (Caldas) en Colombia y luego a la Ciudad de Guatemala para actuar en ambos lugares… Continuara.

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