16 septiembre, 2021

EL NUEVO ESPACIO DE… SERGIO MARTÍN DEL CAMPO.

El humano tiene en su vida, momentos en los que por circunstancias diferentes su mente se establece en el paisaje de lo reflexivo;

El humano tiene en su vida, momentos en los que por circunstancias diferentes su mente se establece en el paisaje de lo reflexivo; ahonda en sí mismo, y ya sea ideas o hechos que puede apreciar visualmente, examina con mayor detenimiento y criterio de certera puntería las conclusiones y consecuencias de los mismos.
Con fortuna se entroncaron en este manguillo con punta llena de negra tinta, uno de esos momentos y, por medio del documento fílmico, varias faenas del sabio coletudo de Saltillo y del Califa de Monterrey, todas hechas sobre el arenoso ateneo del Toreo de la colonia Condesa. Los movimientos a blanco y negro que la pantalla emitía como en vislumbrante magia, daban forma de grandiosidades; por instantes hasta pude transformar aquellos trasteos en imponentes nubes que abrazaban al mundo completo, en olas que paría el mar y se lo comían al mismo tiempo, en aires de inimaginable velocidad que iban y venían del infinito del firmamento hasta el mundo, en luz que sin límites ni fronteras de tiempo y espacio penetraban cualquier oscuridad por negra y densa que fuera.
Un par de elementos, a mi juicio, dieron a la época de oro del toreo mexicano la adicción a los aficionados de cada semana estar en las gradas del Toreo, que como lógica consecuencia se llenaba con una frecuencia, hecho hoy difícil para muchos de imaginar: La casta general del ganado y la sublimación de las figuras de entonces.
En el toro se veían –y se ven todavía cada vez que se corre una cinta de aquellos tiempos viejos y añorados- estupendas y emocionantes cualidades; la manera de embestir era en base a la casta, a la raza, al temperamento indomable, como el canto, el poema y la oda a la naturaleza salvaje encausada por la inteligencia humana. La parte mayor de los bureles que se soltaban, derramaban un comportamiento soportado en la fiereza propia de un animal milenario al que se llamó con el paso de los siglos “de lidia”. Esta fiereza nada tiene de similar a la de un león, tigre o cualquier felino existente; era una acometividad y un instinto de ataque con irrepetibles e inimitables características. Se antoja una inexistencia de la palabra “sosería” en la jerga taurina de los tiempos en esta plana recordados. Este modo del toro de lidia constituía por si solo un lenitivo que provocaba emoción al público, independientemente de lo que los toreros les pudieran hacer.
Por su parte los hombres de sedas y oros sublimaban su misma imagen; parecía que se transportaban a un planeta único para los héroes; se sentían toreros, actuaban como toreros, entendiéndose y autosugestionándose de que eran seres especiales, únicos. Realmente estos mentales ejercicios y sus recursos de lidiadores les llevaban al éxito y a tomar líneas de seres únicos. También le quitaban la ropa a un pundonor sin fronteras, lo que como flecha se clavaba en el ánimo de los aficionados.
En el asunto de la técnica, tenían dominado el arte de lidiar con lucimiento; ante toros demasiado complejos sacaban sus armas mejores sin mengua de la estética. Doblones, muletazos de sometimiento y poder, la colocación rápida de terrenos, movimientos para librar alguna cornada los daban con gracia, precisión geométrica y armonía.
Hoy… las poses, hasta afeminadas en los toreros, y la sosería hasta doméstica en el ganado, alejan de los cosos a un público que será bastante difícil hacer regresar a la fiesta.
CONFIRMACIÓN HOY EN EL COSO DE INSURGENTES.
Hoy es función de confirmación de alternativa en la enorme plaza de la “Ciudad de los Deportes” de la urbe gigantesca que es el DF; la empresa que manda Rafael Herrerías ha puesto para la tarde un cartel, el séptimo de la campaña mayor, en el que se aprecian los nombres de Guillermo Capetillo, José Luís Angelino y el sevillano Daniel Luque, “El Dani”, trío de coletudos que enfrentará a un sexteto de bureles de Julián Hamdam.
Capetillo, coleta de cada diez años, de emergente, de discreto temperamento y esmirriado valor; hoy ya ni por su cubierta de galán telenovelero, alguna vez de cine, jala público a las plazas. Si por un tiempo, el mejor de su carrera, no fue un diestro absoluto con título de figura… hoy menos lo podrá ser.
José Luís Angelino puede ser todavía rescatable, sin embargo se antoja esté arrumbado y la falta de ejercicio de un músculo acaba por atrofiarlo.
Daniel Luque, “El Dani”, es ya etiquetado en la atmósfera de los remoquetes como el moderno “Paco Camino”; en el momento mismo que debutó con caballos en el coso “San Marcos”, de Aguascalientes, contando con 14 años de edad asombró, estrujó, impresionó, impactó, deslumbro y cimbró el cerebro de los verdaderos aficionados por su nata maestría para entender el torero. Los llamados taurinos empresarios y apoderados de México le dejaron marchar… como dejaron marchar a José Tomás, Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera.
Hoy Luque es un iluminado matador de toros que tiene una campaña ibérica 2009 estupenda, con triunfos en cosos como Sevilla, Madrid… y las demás.
En él está la muy próxima figura del toreo mundial, atrasito, solamente en tiempo, de Tomás, Perera y Castella.
Seguro hoy dará un baño a quien alterne con él.
Suerte a Hamdam y un aplauso por haber arreado de sus pastos a seis toros que son… eso, toros. De su comportamiento… después discuten.

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