20 octubre, 2021

OREJA PARA ANGELINO Y LUQUE SIEMPRE EN TORERO.

Domingo 20 de diciembre del 2009. Séptima corrida de la temporada de la Plaza México. Toros: Seis de Julián Hamdan, con cara y cierto trapío, pero débiles y poco bravos.

Domingo 20 de diciembre del 2009. Séptima corrida de la temporada de la Plaza México. Toros: Seis de Julián Hamdan, con cara y cierto trapío, pero débiles y poco bravos. Fue aplaudido de salida el de la confirmación de Luque. El quinto aguantó y se dejó. Los otros cinco dejaron mucho que desear tanto en varas como en el resto de la lidia.
Toreros: Daniel Luque confirmó la alternativa. Al tercio en el primero después de estocada entera y trasera. En el sexto hubo silencio merced a los cuatro pinchazos que precedieron a una entera de efectos.
Guillermo Capetillo, en el segundo, pinchazo, media a paso de banderillas, intentos de descabello y aviso extraordinariamente benévolo. Bronca gorda. En el cuarto oyó otro aviso después de un pinchazo, estocada perpendicular a medio lomo -de sobaquillo- y dos descabellos. Ya no fue bronca sino pitorreo general.
José Luís Angelino, gran estocada la tercero para escuchar tibias palmas. Al quinto le cortó una oreja matando de estoconazo.
Se despidió el picador Alejandro Martínez, quien dio una vuelta al ruedo.
Pues nada, ahí va uno a la plaza para completar los cuatro mil aficionados que no temen ni al frío, ni a la posibilidad de un petardo del primer espada. Uno siempre pretende ser optimista y quería ver en su debut a los toros del sobrino de Chafik, quien aparentemente quería resucitar la bravura en el encaste de su tío. También queríamos ver a un toro que le embistiera al torerazo que es Daniel Luque. Y ¿por qué no? queríamos ver a Angelino como en sus mejores tiempos de torero tlaxcalteca y maravilloso en los tres tercios.
Pero, las cosas no se dieron nada bien. Los pupilos de Hamdan arrastraban los remos desde la salida y no colaboraron ni mucho ni poco. Luego, Capetillo protagonizó un espectáculo patético corriendo como un conejo. Quedaban dos esperanzas: Luque y Angelino. Mas sólo hubo detalles y una oreja para el de Apizaco.
En el de la confirmación, un toro serio pero con tendencia a perder las manos y las patas, el sevillano Luque se entregó y estuvo elegante con el capotillo. Con la sarga logró estar aun más elegante y valiente, enredándose al toro en excelentes derechazos con remates muy toreros. Al “Dani” se le nota –afortunadamente- tanto el sitio como el hambre, pero cuando no hay materia prima todo es cuesta arriba.
En el que cerró plaza, Luque pegó el muletazo más templado de la temporada. Fue un derechazo largo y perfecto, pero el torillo no se volvió a entregar. Tarascadas iban y venían y el torero de Gerena se tragó todos los tornillazos del dichoso “Julián”, que así se llamó, en homenaje a su criador, el cornúpeto. El espectador que está al loro vio que algo le pasaba al joven espada, parecía que las piernas no le respondían y que estaba a punto de desmayarse. En mitad de la faena Luque vomitó junto al burladero de matadores, cosa poco usual. Una guasa de sombra aulló: ¿Qué, te da asco Capetillo? Puede haber sido la altura de la ciudad de México? ¿O serían las comidas mexicanas? ¡Vaya a saber! La cosa es que el niño no se arredró y después de deponer toreó una tanda más con garra y temple. De no haber pinchado la gente le hubiera dado gustosa un apéndice de peso.
Lo dicen los entendidos, con la torería y la clase se nace, lo demás son fruslerías, y Daniel Luque es un muchacho que tiene madera para ser figura en el universo taurino. A ver si el ínclito empresario le da otra oportunidad.
Angelino hizo todo lo que tiene en su haber: lanceó, quitó, banderilleó, toreó de muleta y mató como los buenos. Me quedo con los trincherazos que le pegó a su segundo, fueron de cartel. Quizá a ese quinto de la tarde había que perderle menos pasos y dejarlo repetir. No obstante, y después del saldo negativo de Capetillo, la gente le coreó todos los lances, todos los pares y cada muletazo. José Luis mata con verdad y sin dudarlo, por eso la oreja que le cortó al buen quinto valió –probablemente- la pena. No hay que olvidar que a su primer toro lo recibió con un farol de rodillas en tablas, no con una media larga cambiada, y eso es de torero grande.
Me disgusta tener que hablar de Guillermo Capetillo, pero no queda otra. Puedo decirle que en sus dos toros hubo división, como quizás decía “El Gallo”, unos se acordaban a gritos de su madre y otros de su padre. El hijo de Manuel, el mejor muletero del mundo, según cronistas de los sesentas, tiene más miedo que siete viejas y soportó olés de chunga y gritos socarrones de ¡Torero, torero! mientras hacía el ridículo. No sé, esta profesión, la más difícil del mundo, exige convencimiento propio y alma torera, y Capetillo carece de ambas cosas. Pero parece ser cuate de la empresa y entonces nos aguantamos.
En conclusión, excelente Daniel Luque y bien Angelino. Los toros, para el matadero. Y una pregunta: ¿qué no se presenta una ganadería en La México con divisa blanca? Parece que ya no, los toros lucieron la divisa morado y azul rey como si tuvieran cartel. Privilegios de la familia, supongo…

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