22 septiembre, 2021

EDITORIAL DE ANTONIO GIROL.

Nunca la mayor expresión del valor recibió una bofetada tan cobarde como la que ha sufrido hoy en el Parlament de Cataluña, en el curso de la votación a las Enmiendas a la Totalidad presentadas contra la Iniciativa Legislativa Popular

Nunca la mayor expresión del valor recibió una bofetada tan cobarde como la que ha sufrido hoy en el Parlament de Cataluña, en el curso de la votación a las Enmiendas a la Totalidad presentadas contra la Iniciativa Legislativa Popular, que plantea modificar el artículo 6 del Decreto Legislativo 2/2008 por el cual se aprobó el texto refundido de la Ley de Protección de Animales.
Hubo otras épocas en que se intentó acabar con la fiesta de los toros pero en todas ellas, desde la del Papa Pío V con su bula De Salutis Gregis Dominici, pidiendo la abolición de las corridas en todos los reinos cristianos, pasando por la de los Reyes Carlos III y, su hijo, Carlos IV, o aquella otra en que el Marqués de San Carlos, allá por 1877, propuso a los diputados la prohibición de las festejos taurinos, primó la valentía del proponente y de quienes, como el Conde de Aranda, por ejemplo, secundaron la iniciativa y la intentaron sacar adelante con mayor o menor éxito, hasta hoy. Día en el que hemos asistido a la exaltación de la cobardía travestida con arambeles de votación secreta enmascarando la más adyecta de las infamias. Aquélla que desvela la poca hombría, (desconozco si el vocablo tiene traducción en el personalísimo diccionario de la ministra Aído) tanto de los parlamentarios como de las parlamentarias, de esconder sus vergüenzas tras el índice ejecutor, imagino que alguno utilizaría el corazón, que es más largo y por ello más plácido, no confundir con flácido, a la hora de tocar el botoncito que les otorga el poder soberano, para que así nadie conociese a los que osaban votar a favor o en contra de las enmiendas a la totalidad presentadas por PSC, PP y C’s.
Era la mejor forma de continuar con el maquiavélico juego de embaír que les dispensa tan buena vida por su condición de representantes de la ciudadanía popular. Así, tras el tamizado dedo sayón siempre queda la duda de si fue fulano o mengano el que dijo sí o el que dijo no. De esa forma nadie señalará con el otro dedo, el acusador, al sujeto en cuestión, no vaya a ocurrir la gracia de caer en desgracia de los electores, de uno u otro lado, ahora que se aproxima el 2010 y le toca, de nuevo, al pueblo revelar su secreta voz en las urnas. Y por dar la cara, por difundir sin atavío su pensamiento, se vaya a terminar la bicoca, la prebenda, el momio de vivir del escaño, porque ya se sabe que tanto el Partido Socialista de Catalunya (PSC) como Convergència i Unió (CiU), formaciones que dejaban la votación al socaire de la conciencia de cada uno de sus diputats, son los dos grandes partidos que beben en todas las fuentes y comen de todos los pesebres, de los de a favor de y de los de en contra de. Por tanto, qué mejor que enmascarar veladamente el sentido del voto. Total, ¿hay algo que no haga mejor un político que encantar cual trilero tras su mesa a la embobada concurrencia que asiste embelesada al baile de la bolita? Aquí está, aquí no, ahora sí, ¡ay que no!…
Y hablando de cobardes no quería dejar de señalar como tales a todos aquellos profesionales del mundo taurino, esos mismos que viven de este negocio con los matadores, principalmente las grandes figuras, ganaderos y empresarios, a la cabeza, que en esta última semana no han sido capaces de salir de ese mundo, ese universo paralelo en el que parecen que vivan, para decir esta boca es mía y me la parto por lo que más amo, es de suponer que la denostada fiesta será lo que más aman, digo yo.
En estos días previos he echado en falta a muchos de los principales actores del toreo. Mi admirado Raúl Delgado Márquez, genial bloguero (no dejéis de visitar Los Toros en el Siglo XXI) me comentaba, hablando de este tema, que desde la Plataforma para la Defensa de la Fiesta se había pedido que fuesen ellos (entiéndase el pronombre referido a los de la Plataforma) quienes llevasen la voz cantante en Cataluña para evitar que la defensa se considerase como una invasión desde el Estado español.
Entiendo la postura de la Plataforma, al fin y al cabo nadie mejor que ellos que están a pie de campo conocen la idiosincrasia del político catalán, sobre todo el independentista, tan dado a tergiversar, deformar y, por ende, enmarañar para su interés propio aquello que entienden les puede dar réditos de cara a su electorado. Pero ello no impide, o mejor, no era impedimento para que los rostros más representativos del panorama taurino, aquellos que resultan más fácilmente identificables para la ciudadanía como iconos del toreo, hubiesen declarado, individualmente y no bajo el manto de la Mesa del Toro, públicamente, al igual que ha hecho por ejemplo el salmantino de raíces extremeñas Eduardo Gallo, mediante un manifiesto o con la tan socorrida carta al director, en los principales periódicos de tirada en Cataluña, léase La Vanguardia o El Periódico, incluso el Avui del dual Lara, su defensa de la fiesta y el derecho a la libertad de poder elegir el ir o no a un espectáculo perfectamente reglamentado, y por tanto totalmente legal y conforme a derecho. Ni por esas, ni aún cuando el agua les llega a la barbilla, ni cuando sienten la bota sobre su pescuezo, son capaces de abandonar ese empíreo particular en el que habitan libando el néctar que les proporciona su cohorte de lagoteros adulones.
A diferencia de estos danzantes de la cobardía, grupos de gentes anónimas, de personalidades de la cultura, entendiendo cultura en su acepción más laxa, prensa especializada e incluso alguna generalista por medio de editoriales hablados o escritos, no han tenido inconveniente alguno, ni complejo, a la hora de sacar la cara, o levantar el dedo, para señalarse como amantes de un espectáculo tan atávico como mágico y hechizante. El último que queda en donde el hombre sale a jugar cada tarde con la muerte, a retarla cara a cara, enfundado de valor coruscante ante el miedo. Y todos lo han hecho sin importarles lo más mínimo que esos que se auto arrogan la categoría de luchadores de la libertad animal les colgarán el cartel de asesinos, torturadores, malas personas y peores padres ante el micrófono de oxigenadas conductoras de magazines vespertinos, o en blogs o foros de internet o ante la pluma del gacetillero de turno que se acerca, cual mosca, únicamente hasta el mundo del toro en estos casos en que se le echa toneladas de mierda encima. Aún así, y a sotavento, todos ellos, cada uno de los que defiende públicamente su libertad de asistir a un espectáculo taurino, sea en Barcelona o en el imaginario pueblo que Ángel María de Lera dibujase en negro sobre blanco para sus “Clarines del Miedo”, mantendrán su afición principalmente por respeto y admiración hacia esa maravilla de la naturaleza, esa atractiva seriedad que representa el auténtico, único y verdadero tótem de esta fiesta, al que admiramos por encima de todos y de todo: ¡Su Majestad El Toro de Lidia!.

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