5 agosto, 2021

“CUANDO LA CASTA FLORECE EN SU PROPIA FIEREZA”.

ARRASTRE LENTO… Ayer, caminando por la –andador- Juárez, me arrostra sin violencia un amigo y, con la más depurada cortesía, encamina el diálogo al reclamo: ¿cuál torero mexicano te gusta para que sea el verdadero revolucionario místico del toreo?

ARRASTRE LENTO… Ayer, caminando por la –andador- Juárez, me arrostra sin violencia un amigo y, con la más depurada cortesía, encamina el diálogo al reclamo: ¿cuál torero mexicano te gusta para que sea el verdadero revolucionario místico del toreo?
Me hizo sentir como si yo fuera el culpable de que al toreo mexicano le falte un líder con la dimensión carismática fuera de lo común. Mi amigo no necesitó de mucha persuasión para convencerme de meternos al edificio turísticamente simbólico de Aguascalientes, mejor conocido como Hotel Francia, a tomarnos una en la parte alta del añoso recinto.
La charla sirvió para convencerme que aún quedan románticos genuinos que ven al toreo desde una perspectiva religiosamente rígida, tensa, demasiado intelectual. Mi amigo que algo tiene de Mazzantini pues, como éste, se llama Luis, necesitaba de un oyente para explotar en un torrente de ideas.
Y como si estuviera leyendo, con el ritmo de continuidad de la precisión, me contó de su romance con la Fiesta. “… a la Fiesta mexicana le hacen falta grandes alientos, personajes de época que mantengan un diálogo romántico con la sensibilidad popular. Y lo digo sin demeritar a los toreros actuales: lo que sucede es que el inconsciente imaginario colectivo de la afición sueña con el predestinado que avizore el medio con la mirada del gran táctico que pueda forjar el futuro de una tauromaquia sometido, atrapado y encarcelado en sus propias ilusiones”.
Se declaró cautivado por la actitud de algunos de los jóvenes actuales que, mostrándose dispuestos a la brega insuflados por un espíritu latente, se están jugando el pellejo con nervio y brío.
Y como si fuera director de escena, ya estaba describiendo el cuadro: “… al toreo actual le hace falta ese personaje que llenando el escenario con su presencia, viva la pasión y nobleza del heroísmo, y sus características deben ser tales que su destino lo pueda plantear con tino en sus rutas y precisión en sus pasos”.
“No me negarás, recalcó con discreta energía, que el medio de los profesionales es acusado de estar corrompido por la complicidad de los tramposos. Ante esa situación se obliga la actuación de un gran soldado que, por encima de toda crítica, vaya al frente del batallón al que no le importa que en la escaramuza en los ruedos brille sangre de mártir”.
No me atreví a interrumpirlo para hacerle ver la desmedida proporción de sus sueños. Con velo de amigable hipocresía me reía por dentro. Y me pregunté si era posible que una mente común ideara un mundo tan extraordinario.
“En ese sentido, remató con garbo expresivo Luis, para que la escena resulte convulsa, la afición espera al torero que, con el virtuosismo místico de Manolete, al que no vi, pero que por la herencia de su vitalidad interior creo percibirlo, junto al toro, sea el reconstructor, hacedor moderno, del futuro medio taurino mexicano”.
Le aplaudí, eso sí, su intento por borrar la imagen del toreo actual, tan vilipendiado y degradado por ciertas circunstancias que lo acusan. Le reconozco que todos los intentos que se promuevan para darle, en su calidad de arte, una elevación moral a la Fiesta que pueda ser adoración de los hombres, como las lindas mujeres. Pero no de toreras.

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