24 julio, 2021

“EL CUATE” CORTA OREJA A CAMBIO DE UNA CORNADA.

Barrera también levanta una y a Garibay, de modo absurdo, se le regala otra.
Con sangre y triunfo, caras terriblemente manifiestas a partes iguales en los toros, acabó la onceaba corrida de feria en la Monumental que contuvo en sus gradas el cincuenta por ciento del aforo.
Por esta ocasión se contrató un encierro de Carranco, bien presentado pero que apenas se dejó torear, con dos toros que desarrollaron malicia.

Barrera también levanta una y a Garibay, de modo absurdo, se le regala otra.
Con sangre y triunfo, caras terriblemente manifiestas a partes iguales en los toros, acabó la onceaba corrida de feria en la Monumental que contuvo en sus gradas el cincuenta por ciento del aforo.
Por esta ocasión se contrató un encierro de Carranco, bien presentado pero que apenas se dejó torear, con dos toros que desarrollaron malicia.
Antonio Barrera manejó valerosamente el capote, proyectándolo además con variedad. En el tercio muletero se encontró con un astado noble y con clase sin embargo falto de energía, al que entendió trazándole pases de ayuda, limpios pero teniendo pobre respuesta en los tendidos, correspondencia a su seca expresión artística. Como le despeñó de formidable espadazo paseó una oreja.
De mero requisito usó la tela rosa en el cuarto, ofreciéndose posteriormente, muleta desdoblada, tozudo, deseoso de sacar un partido apreciable, lo que logró finalmente a ese toro complicado, de poca fuerza, que se revolvía en corto e iba con la bien armada testa por las nubes. Ahora sí que se desafinó al empuñar el estoque pinchando varias veces y descabellando una para ser silenciado. Ignacio Garibay, con más deseos que resultados exitosos, lidió a su primer toro; algún detalle fino con el capote precedió una labor muletera desacertada, lo que combinado con las complejidades del astado, al que mató hábilmente, dio aburrido episodio; pese a ello algunos despistados le llamaron al tercio para aplaudirle.
Las buenas intenciones que hubiese tenido de triunfar fueron truncadas por el descastamiento y el problema en el aparato locomotor del toro, su segundo, lo que le hizo lastimosamente besar la arena varias veces. En todo el tiempo que estuvo en la cara de ese adversario, al que hizo algunas cosas estéticas aunque vánales, bien poco transmitieron a la clientela. Algo pasa en el interior del diestro y no es nada bueno. Afortunadamente mató defectuoso pero eficaz y le dieron absurda oreja, primero reclamada por un sector y luego repelida de modo general.
Lo más torero de la función lo hizo Alberto Espinosa, “El Cuate”. Estupendamente saludó al tercero con mandiles amplios, cabales y de notada templanza arrancando palmas y dianas del graderío. Tomada la sarga tardó en despertar el trasteo, no obstante lo hizo crecer basándose en el dicho temple y la paciencia, sacando un buen partido a aquel toro soso pero que admitió se le trasteara y al que despachó de una estocada caída y tendida siendo apreciado con salida al tercio.
Salió el cierra plaza y con él vino el drama y el éxito. Era un toro bien armado que acusó malicia sobre todo por el pitón siniestro. Alberto fue advertido hasta tres ocasiones, asunto al que tomó poca importancia; sus deseos de triunfar en esta su presentación como matador en la Monumental fueron mayores que las providencias. El quehacer produjo emociones intensas. Con la capa el burel no abrió opciones de lucimiento y sin embargo luego del puyazo le cuajó un quite a la manera de Manuel Jiménez. Con la determinación de lograr anotarse trofeos armó la pañosa y se fue a la tierra del antagonista para en la segunda tanda ser prendido dramáticamente, quedando por segundos eternos enganchado de aquel veleto cuerno. Se levantó el norteño y se llevó las manos a la zona escrotal… sí, llevaba la herida en un testículo pero le vendaron y retornó a la cara del agresor para gallardamente ganarle derechazos meritorios tirándose a matar y pinchando antes de medio espadazo que le mereció el valioso auricular.

Deja un comentario