“EN MADRID SUFRÍ UNA COGIDA TAN GRAVE QUE ME DIERON LA EXTREMAUNCIÓN”.

Probó las mieles y los sinsabores del toreo al lado de grandes como El Cordobés, y tras reinventarse varias veces dirige una empresa de repuestos que emplea a 50 personas, todo un reto en estos tiempos.
Agustín Castellanos se hizo popular vistiendo el traje de El Puri, un nombre con el que llegó a torear en varias plazas con El Cordobés. Cosechó éxitos, pero después de varios desengaños dejó ese mundo y se embarcó en varios negocios. Ahora dirige repuestos El Puri, con medio centenar de empleados.
-¿Por qué se torea?
-Torear es un sentimiento innato en una persona que se va desarrollando a la par que el torero, pero no se puede inculcar a los demás. No se lo puedes inculcar a un hijo porque después te puedes arrepentir. Le puedes inculcar que sea abogado, ingeniero, doctor, pero no torero, porque en un momento le pasa algo y el responsable es el padre. El toreo es algo que va en los genes.
-¿Sus hijos le han salido ingenieros o toreros?
-Tengo cuatro y me han salido trabajadores. Un día los llevé a un tentadero porque decían que querían ser toreros y andaban toreando en casa con toallas. Echaron el pie para atrás y simplemente les dije: no me habléis nunca más de toros porque no tenéis valor y sin valor no se puede ser torero. Hasta el día de hoy.
-Un día le dieron la misma cornada que a Manolete en Linares.
-Hoy me siento sumamente orgulloso de saber que en algo me parezco al más grande que ha dado Córdoba. En Madrid, de novillero, era la presentación de Zurito, un toro me partió la femoral, el triángulo de escarpa, me metieron dos litros de sangre y me dieron la extremaunción. Y dije: si a Manolete le hubiera cogido Islero en Madrid se hubiera salvado. Fue también al entrar a matar, el novillo cayó a un lado y yo al otro y no consentí irme hasta que el novillo cayó. La cuadrilla dio tres vueltas al ruedo con la oreja del toro. El presidente no me quiso dar la segunda oreja.
-¿Por qué un torero acepta una cornada pero se rebela por mendigar una oreja?
-Porque es el trofeo que te has ganado en buen lid, con tu entrega, con tu sapiencia y con el respaldo del público, el juez supremo. También los presidentes aceptan a veces las broncas del público y otras no.
-Se ha llevado muchas broncas. ¿Las ha aceptado?
-Sí. Yo he toreado 32 corridas de toros en Madrid y seis novilladas. En Vistalegre me dieron una cornada entre los testículos y el ano que me partió la vejiga y todos los días cuando hago mis necesidades me afecta.
-Fue un verdadero gladiador.
-Un gladiador, no, un torero. Con sentimiento de torero.
-Nace tres años antes de morir Manolete. ¿Influyó su mito para hacerle torero?
-Yo nací en Bujalance, yo quería ser torero y un tío mío, uno de los hijos de la Pura, de ahí mi nombre, con 8 años estaba en buena situación y me iba a su casa a comer y me decía, tú para jartarte de carne tienes que ser torero, que paran en buenos hoteles, se rodean de gente importante. En aquella época de lo que más se hablaba era de ser torero. Empecé a torear unas becerras y demostré valor y vieron que tenía cualidades y me vine a Córdoba.
-¿Qué se ha dicho en estos años en los patios de cuadrillas del Monstruo?
-Para todos los toreros es un ejemplo a seguir, pues fue el primer torero que empezó a torear con lentitud, con la parsimonia que debe llevar un natural. Después de Belmonte, él fue el impulsor del toreo moderno.
-Cuando usted estaba en el callejón, antes de hacer el paseíllo, ¿pensaba en la muerte?
-Dos veces me dieron la extremaunción. Entraba el cura y me decían: ¿te vas a confesar? Y yo decía que para qué, si no me iba a morir. Pero era la autoridad de la época. Yo me revelaba con la ilusión de torear a otra vez, sólo quería recuperarme para volver a los ruedos. En el callejón no se piensa en la muerte. Si lo haces, no te vistes de torero.
-De califa en califa, cuando empieza de novillero la figura es El Cordobés y está revolucionando el toreo.
-Aquello fue una revolución. El Benítez me echó una mano y me dio tres corridas de toros. Fue muy generoso porque estaba él esperando en el hotel para torear y el antiguo alcalde Antonio Cruz Conde le dijo que me echara una mano. Yo le dije: bastante tienes tú con torear como para tener que echarme una mano a mí. Y a la semana me estaba llamando para torear con él en Almería. El problema es que a la tercera corrida ya me echaron porque, claro, yo cortaba orejas y los titulares eran para él, no podía tener quites, y no veía un duro. En Benidorm, la tercera que toreaba con él, me rebelé, me puse a puertagayola, me puse a hacer quites, corté tres orejas y ahí es cuando ya me echaron. Si me jugaba la vida y no veía dinero, mejor estaba en mi casa. De siempre los grandes han impuesto sus condiciones y sus criterios. Cuando empiezas el billete es chico y el toro grande, pero cuando puedes mandar te gusta el billete grande y el toro chico.
-Cuando la carrera declina y ve sus límites, ¿es duro aceptar las propias carencias?
-Es muy duro. Todos los toreros, como los negocios, tienen que tener buena administración. Yo a mi lado no he tenido nada más que golfos como apoderados. Estuve incluso en América y por poco me tengo que venir nadando. Ganaba dineros cuando toreaba en Madrid, como el día que toreé en Madrid junto a Luguillano, que iba el hombre cojo haciendo el paseíllo para torear unos toros impresionantes de De la Cámara. Luguillano toreaba para pagarle las deudas que tenía con su apoderado, así funciona este mundo. Ese día yo corté tres orejas y salí a hombros. Triunfamos y toreamos cuatro mano a mano en Las Ventas.
-Pero al final acaba incluso de banderillero…
-Por culpa de los apoderados y de los negocios me arruiné. Me metí en un negocio de una granja en Aldea Quintana con unos señores de Córdoba. El dinero de los toros lo invertía allí y el año que me casé, cuando volví del viaje de novios, no había en la granja ni cochinos, ni gallinas, ni nada. Vino el banco y me embargó los muebles de la casa. Yo me hice banderillero para pagar las trampas que tenía. Cuando terminé de pagarlas volví a los ruedos, de matador de toros, para despedirme como torero.
-Ahora, a pesar de la crisis, ¿ha conseguido administrarse mejor con sus negocios de repuestos de automóvil?
-Hoy dice la gente que estoy loco por tener 55 empleados en estos tiempos. Tengo seis tiendas y eso es lo más grande que me ha dado Dios. Tener 55 familias comiendo y en Navidad sentarlos a todos en el hotel Las Adelfas. Por cierto, que este año estábamos solos, nadie había dado comidas de empresa.
-Además publica todas las navidades un almanaque muy buscado por los coleccionistas sibaritas.
-El año pasado hice mil almanaques y tuve que hacer 600 más. Este año voy a dividir a Córdoba en dos sectores: Campo de la Verdad, con fotos de cantaores flamencos, y Santa Marina, el toreo, que saldrán las fotos de Guerrita, Lagartijo, Machaquito y Manolete.
-También fue actor en la película ‘El Paseíllo’ junto a J. M. Montilla, una película en la que venían las mujeres a comérselos.
-A mí, no. A quien se comen es a José María Montilla. Él era el guapo de la película y yo era el luchador. Era como parte de mi vida, parte de mi lucha por salir del anonimato. La película estaba basada en parte en la vida de Emilio Oliva, que se casó en artículo mortis después de una cornada, porque su novia estaba embarazada. La directora Ana Mariscal me hizo unas pruebas y es una de las películas que más ha profundizado en la historia del toreo. Fue a un certamen internacional en Rusia. En Rusia la corrida se llama kopuga. Dijeron en el diario Pueblo que la interpretación mía de la cornada era tan buena que un comunista ruso cuando la vio creía que era real y se murió de la impresión.
-Entonces, en esa época, los del diario Pueblo estarían encantados: una película que mata comunistas.
-Yo no tengo la culpa de que se muriera ese hombre.
-¿En los 60 había antitaurinos?
-No. No había esta transformación de falta de respeto. La democracia, respetar a cada uno su forma de ser y de sentir, es lo más bonito del mundo. Lo que quieren mucho es hacerse populares. Cuando hay tanto aborto, tantos atracos, tantas drogas… Y luego cuando llega la primavera cogen caracoles y los meten vivos en agua hirviendo… El toro no sufre porque si no, cuando se le ataca, huiría.
-¿Su mujer fue la Lupe Sino de su vida o la doña Angustias?
-No. Era la Lupe Sino, era la mujer enamorada del torero que me ayudó a crecerme en los momentos adversos y difíciles. Tanto es así que me embargaron los muebles de mi casa unos señores enviados por el Banco de Andalucía y cuando fueron le dije: Conchi, póngale unas cervezas a estos señores que están pasando un mal rato. Y me dijeron: ojalá le gane el pleito al Banco de Andalucía. Y se lo gané.
-¿Si hubiese sido más alto le hubieran hecho más caso las empresas taurinas?
-No, porque Chicuelo II eran un monstruo y no era alto.
-Aunque para porte, el suyo cuando se viste de corto.
-Cuando hay toros en Córdoba hago la silla, es decir, pongo todos mis siete trajes cortos cada uno en una silla con sus respectivos sombreros. Y en el último momento decido cuál me voy a poner.
-¿Hay mucha gente rara en el mundo de los toros?
-No. Rara como en todas las cosas. En el toro no hay mafia. Lo hay en las carreras de motos o de bicicletas, que puede decir uno afloja el acelerador que tengo que ganar yo. O en política, que pueden decir dame tus votos para esto o lo otro. Pero en el mundo del toro, el que manda es el toro y el toro no habla, el toro no fuma, el toro no j… Ni se acuesta tarde, y siempre sale con la misma edad.
-¿Cuando no se triunfa los que se llaman amigos se apartan?
-Siempre, porque amigo es el que está contigo en la adversidad, los demás van a la aureola del triunfo.
-¿Tuvo la suerte de que cuando le embargaron le quedaron algunos amigos?
-Gracias a los amigos y a la gente que ha creído en mí me sacaron del hoyo en el que estaba metido, bien por un buen consejo o por una ayuda personal. Siempre he luchado porque me levanto todos los días como si no tuviera nada para comer. No me creído nada, porque nada soy. Yo he trabajado de todo: he vendido multicopistas, he vendido bolsas de Navidad, he fracasado dos veces en los negocios y cuando me llegaron mis hijos y me supieron administrar me sentí al fin satisfecho.
-¿Es eso la dignidad, levantarse de nuevo?
-La dignidad es no creerse que eres algo, simplemente levantarte y luchar todos los días sin envidiar a nadie. Crearte tu propio porvenir. Saber administrarte. Cuando en el toreo no te administras, te hunden. Cuando llegaba al final de temporada decía ¿pero dónde está el dinero? Y se había gastado en fiestas, en comidas, en publicidad… Hoy por suerte los jóvenes están más preparados y saben hacer mejor las cosas. Antes era el apoderado el que mandaba, al que había que llamar de don, parecía que el que toreaba era él, casi había que pedir papeles para hablar con él. No estábamos preparados.
-¿Es José Tomás un nuevo Manolete?
-No, ¡qué va! Hombre, por Dios. Manolete cambió el toreo en España y lo cambió en México. Para ser figura hay que hacer las cosas en Madrid, en Bilbao, en Pamplona, torear toros con trapío como tiene que tener el toro. Ole a José Tomás, que no necesita eso y ojalá hubiera muchos José Tomás. Pero, ¿Tomás como Manolete? Ni a la altura de la zapatilla. Manolete toreaba en todas las plazas y toreaba con todos.
-¿Hay algo que no tenga pero que desee?
-El otro día le decía a uno que tiene olivos y fincas: si ahora me dices te cambio mis fincas por mi parcela, te digo que no. No me falta el cariño de mi familia, mis empresas y mi apartamento en Benalmádena. No me falta de nada.
-¿Es muy cordobés?
-Soy bujalanceño y cordobés por los cuatro costados y tengo allí una calle con mi nombre. Eso es todo un orgullo.
Fuente: www.eldiadecordoba.es

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