24 julio, 2021

A PESAR DE QUE LO NIEGUEN, LA FIESTA SIGUE ESTANCADA EN LOS NIVELES DE ESPECTACULARIDAD Y POPULARIDAD.

ARRASTRE LENTO… Me gustan, por lo que de creativas tienen, las amenas sesiones en las que, platicando de toros, la noche se hace más noche, y el minutero rebasa alegremente la marca convencional de la media noche. Como dijo mi compadre, “te gustan la parrandas corridas en compañía de las palabras”. ¡Vaya juergas!, ¡vaya jaleos!

ARRASTRE LENTO… Me gustan, por lo que de creativas tienen, las amenas sesiones en las que, platicando de toros, la noche se hace más noche, y el minutero rebasa alegremente la marca convencional de la media noche. Como dijo mi compadre, “te gustan la parrandas corridas en compañía de las palabras”. ¡Vaya juergas!, ¡vaya jaleos!
La última sesión madrugadora que comenzó al anochecer y terminó al amanecer fue genial. Cual lava encendida, brotaban del volcán en erupción las palabras que dibujaban en el firmamento ideas y conceptos candentes.
“Digan lo que digan, y lo quieran negar como negó Pedro a Cristo, dijo una voz con el recio y hondo timbre de la solemnidad, la Fiesta en México todavía está estancada en cuanto a sus niveles de espectacularidad y popularidad. Y va a necesitar, para alcanzar sus máximos umbrales posibles, de un genio colosal”.
Al silencio lo volvió a rasgar el timbre de aquella voz: “sólo un genio, se escuchó decir con tono de autoridad, podrá rescatar el perfil sacramentado de la liturgia mística, poética, romántica, tradicionalista, y hasta folclórica del toreo en México”.
Del murmullo del coro se desprendió otra voz que con ardiente curiosidad preguntó: -¿y qué características deberá tener ese milagroso genio?.-
La respuesta, que también manó del rumor coloquial de la tertulia y, aunque ya identificada la personalidad de su emisor, se alcanzó a escuchar: –”La Fiesta, que es la que envuelve al misterio del toreo, necesita del genio que, con manos firmes y delicadas, pueda tratar a la fina envoltura de la magia que lo recubre”.-
De nuevo el silencio fue el marco para que las palabras que se oían se escucharan con nitidez y claridad: -“En primer lugar, dijo la voz que con imperio tenía el dominio en el ruedo de la conversación, el genio taurino que asuma el papel de salvador, considerado relativamente ante su opuesto, deberá constituir una realidad aparte, y se le atribuirán ciertas virtudes a su poseedor”.-
-¡Explícate mejor!- espetó el rebelde que nunca falta.
-“Muy sencillo, respondió el promotor del singular escarceo, para un torero genial, o, si tu quieres, para un genio torero, tener en su posesión la mayor cantidad de atributos que son intuidos como potencias y riquezas preexistentes a su condición de hombre es normal pues están contemplados dentro del diseño de su naturaleza”.
Cierto. El taurino sabe que no hay cualidad que supere al genio contenido en una gran personalidad carismática que lo distingue, revela y aparta. El taurino sabe que ningún toro podrá superar al diestro genial, y que no hay defectos que éste –genio- en la lidia no pueda subsanar.
El taurino sabe que el proceder del torero genial supedita a todos en el medio: así son las grandes genialidades, las que con un poco de disimulo imponen un perfeccionado absolutismo.
Qué bueno que la noche de aquella noche, cuando cedió su sitio a la aurora, en la cruda de la borrachera de palabras me dejó convencido de que nos hacen falta, ¡cuánta falta! ¡a morir!, grandes genialidades en el medio mexicano.
arrastrelento@gmail.com

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