23 julio, 2021

ARRASTRE LENTO… SEGUNDA PARTE.

Saludos Luis Manuel de la Cruz.
Santa Ana, California.
ARRASTRE LENTO… Claro que sobran argumentos para que José Tomás ya sea considerado un “clásico” de la tauromaquia universal. ¿Cómo es José Tomás? Filósofo antes que cualquier otra cosa. Y es, como todo lo verdaderamente genial, impresionantemente sencillo

Saludos Luis Manuel de la Cruz.
Santa Ana, California.
ARRASTRE LENTO… Claro que sobran argumentos para que José Tomás ya sea considerado un “clásico” de la tauromaquia universal. ¿Cómo es José Tomás? Filósofo antes que cualquier otra cosa. Y es, como todo lo verdaderamente genial, impresionantemente sencillo. Y es artista pues, antes de aprisionar la centella de su genio en el bloque de un lance o un muletazo, mármoles de ilusión, tiene y manifiesta una idea directriz, un ejemplar ideal. Es él quien despojando al toreo de su deformidades inherentes, lo ilumina con el sesgo de una belleza superior en la plástica, e intensa en el apartado del drama y la emoción.
Pero nuestro personaje es también creador aunque no tenga patente de ninguna suerte. José Tomás como artista es creador porque encara un ideal, su propio ideal, su belleza ideal, su drama y quietud ideales, en formas sensibles. Así las cosas, y estimando que la creación presupone la idea, la existencia de un arquetipo mental, José Tomás es un consumado artista y creador –irrepetible aunque ya tenga imitadores al por mayor- ejemplar.
José Tomás, antes de realizar su plan grandioso en los ruedos, hubo necesidad de concebirlo, y como autor de tan colosal proyecto, hoy los públicos lo tiene como una personalidad idolatrada. Insisto: es ya un clásico histórico de la Fiesta de toros moderna.
La idea y el concepto del multicitado diestro –héroe a punto del martirio de sus propias convicciones- no es una mera representación estática, sino que es una energía inmensa de su propia fecundidad. Su perfil técnico es inconfundible: se encamina con pasos contados, menuditos y graves hacia su objetivo, buscando siempre la trayectoria rectilínea, haciéndolo como no lo hacen otros que al estar en terrenos tan comprometidos lo hacen con la lividez en el rostro.
Por el contrario, a Tomás le brillan de pureza y orgullo sus pupilas, y siempre remata sus faenas con la leve sonrisa, modesta y clara, del triunfo en sus labios.
Y es asombroso su aire místico. Da la sensación de haber venido al mundo –ángel en cuerpo humano- a inculcar la devoción del deber torero, y cumplirlo con la sencillez de las almas grandes que no se consideran grandes para ningún puesto. De tal suerte que, a fe mía, con tan solo este rasgo, José Tomás, como soldado del toreo, está por encima de toda crítica. Lástima que a nuestro héroe lo podrán apreciar únicamente quienes hayan mordido siquiera una vez los labios para estarse impávidos cuando las piernas le tiemblan como títere que no entiende ni de orgullos ni de corajes.
En concreto, José Tomás siendo un torero “cardíaco” -por vitalista-para el gusto universal, para los mexicanos es algo muy especial pues embona perfectamente con nuestro padrón psicológico, adaptándose sin leve fricción a nuestra fisonomía espiritual, estados que acusan la existencia de nuestra historia y tradición.
Y otra: viendo a José Tomás en sus momentos cumbre invita a aborrecer el mundo de falsedades y apariencias en las que suele vivir buena parte de la torería aristócratamente mentirosa.
Y aunque no me atreva decirlo categórico, intuyo que José Tomás tiene mucho de filósofo: afronta siempre el presente, y trabaja en la realidad con una aceptación tácita de la experiencia de los que le precedieron en la cumbre. Sus ideas obran en nuestro espíritu y con ellas germinan otras nuevas ideas, o nuevas modalidades.
arrastrelento@gmail.com

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