24 julio, 2021

AÚN SOBREVIVEN AFICIONADOS QUE VEN A LA FIESTA CON SENTIMIENTOS DE MARCHITEZ Y DESPEDIDA.

ARTRASTRE LENTO… Los aires de espera me hicieron intuir que algo no muy frecuente me ocurre. Mientras esperaba a mi compadre en el merendero de siempre, se acercó a mi mesa un aficionado que, conservando por el toreo gusto y admiración, le cuesta trabajo ocultar el desencanto que experimenta con la Fiesta moderna ¡mexicana!

ARTRASTRE LENTO… Los aires de espera me hicieron intuir que algo no muy frecuente me ocurre. Mientras esperaba a mi compadre en el merendero de siempre, se acercó a mi mesa un aficionado que, conservando por el toreo gusto y admiración, le cuesta trabajo ocultar el desencanto que experimenta con la Fiesta moderna ¡mexicana!
-“Don José, qué gusto saludarlo”.-
Su amable efusividad me movió a invitarlo a que se sentara a la mesa intuyendo que la ocasión sería tan sólo para oír resonar los lamentos de un aficionado que acusa su incurable tendencia al melodrama y a la exageración.
-Tome usted asiento por favor- le pedí no muy convencido del tino de mi cortesía.
-“Soy lector de su columna don José; le confieso que desde que usted escribió sobre lo que aquí platica, tuve la esperanza de convivir, departiendo, con el autor de Arrastre Lento”- Cuando eso escuché supe que sería bombardeado con los halagos que, siendo múltiples, resultan poco convincentes.
El licor, a petición de quien recibí, y que no esperaba, fue surtiendo efecto en el invitado toda vez que su efusividad tomó tintes de una teatralidad muy propia de quien se altera hasta abrir su corazón. ¡Con que dulce veneno matamos el tiempo verdad señor Caro!
Y surgió de pronto lo insólito.
-“Don José”-, dijo mi invitado con aires tiernamente suplicantes- “usted que chanela como el que más (me reí por dentro pues si en verdad conociera la ignorancia que llevo dentro de mí no estaríamos en tan curioso trance) por favor sáqueme de dudas”.-
Moliendo mi vanidad hasta hacerla polvo le eché el capote a la cara. -¡Usted dirá!-, apunté con firmeza.
-¿Es lo mismo matar recibiendo que matar aguantando?
No lo dije, pero lo pensé. A él, al aficionado que se confesó no satisfecho con la actual Fiesta mexicana, la que le produce sentimientos de marchitez y despedida, no lo había citado para recibirlo en mi mesa; lo estaba aguantado. Se recibe –primero se cita- lo que se espera; se aguanta lo que llega.
Para fortuna mía la llegada de mi compadre cambió el giro de la conversación. Empero me quedó un buen sabor del fortuito encuentro con el amable aficionado. Por éste recordé que a la cultura taurina, máxime a la mexicana, hay que salvarla y enriquecerla. Sería saludable que los taurinos de aquí pudieran recoger lo salvable del toreo mexicano –sus valores y conceptos tradicionales-, arrojar el lastre, y construir la estructura arquetípica de conceptos que, siendo inmodificables por sencillos y suficientes, sea la brillante morada de las ideas del mañana.
Lo ideal sería que en el consciente colectivo de Aguascalientes se gestara, a manera de universidad, la conveniencia de que en sus aulas se cuestionara, como escarceo intelectual, la obsesiva pretensión de los que quieren imponer una filosofía tendiente a eliminar el rigor metódico en el cual debe sustentarse la Fiesta.
¿A quién -sino es al aficionado que ha asimilado los principios de la verdadera tauromaquia- le corresponde defender su prestigio, su orgullo y su honor sentando las bases de una teoría que proponga la prioridad y preponderancia de los elementos que desliguen a la Fiesta de esos criterios que la acusan, como herencia burlonamente asentada, de ser artificial y engañosa?
arrastrelento@gmail.com

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